sábado, 13 de junio de 2026

Beatus ille.

 

Los efectos de la visita del Papa, León XIV, como jefe de estado y jefe de una iglesia, en Catalunya, han impactado también por partida doble en la vida política y ciudadana. La derecha y la izquierda se han acercado. Unos como el representante netamente social en favor de la acogida de inmigrantes, de la paz y de una economía a favor del servicio a las personas. Alejado -como Pedro Sánchez- del trumpismo y de la ultraderecha catalana y española.

En Catalunya teníamos la duda, fomentada por Omella, del uso del catalán. Un calculado recuento lingüístico que el Papa León ha respetado en Montserrat y en la Sagrada Família mientras hacía visibles a los presos y a los desfavorecidos -Brians y la parroquia de Sant Agustí del Raval-. A una corta distancia de la catedral, los maestros con camiseta amarilla se manifestaban mientras los estudiantes de las pruebas de selectividad acudían temerosos a los exámenes. Detrás, un conglomerado puramente vaticano que el Papa impulsa a lo largo de los distintos parlamentos y de sus respuestas. Era evidente cómo el aborto y las medidas discretas contra la pederastia en la propia iglesia han salido sutilmente. Sin embargo, la mujer continúa en su sitio -ahora sin tener que limpiar altares como sucedió en la anterior visita de Benedicto XVI- soportando el papel subalterno de ellas en la institución que encabeza León XIV.

Del discurso inicial en la sede del Congreso de los Diputados destaco la apropiación y los siete minutos de aplausos eternos que se disolvieron en la nada durante la primera sesión sin la tutela papal con las contundentes bofetadas dialécticas habituales. En las sedes oficiales importantes de Cataluña hemos visto colgadas banderas vaticanas. Si se desea, pequeñas aportaciones más al gasto real de esta visita que difícilmente conoceremos.

Hemos asistido a la puesta en marcha, una vez más, de la maquinaria vaticana engrasada por una excelente capacidad para generar un espectáculo que ha coincidido en el aniversario de la muerte de Antoni Gaudí y la bendición de la torre de Jesús. El punto clave de esta visita. Barcelona se proyectará aún más en el centro de atracción turística. Algunos osados ​​comentaristas ya proponían desmontar la Sagrada Familia almacenando las piezas -como un puzle de Lego- en un Bluespace. Obtendríamos un solar de muchos metros cuadrados donde edificar pisos turísticos para acoger a los visitantes.

De regreso al Vaticano, el Papa habrá dejado un recuerdo muy entrañable para muchos. Se marchará bajo el impacto espectacular y estético de haber bendecido la cruz del templo de la Sagrada Familia. Una cruz con la que el pontífice aspira a iluminar el mundo con un mensaje de paz, tolerancia y justicia para los más necesitados. Quiero destacar que en la construcción del templo de la Sagrada Família no se ha empleado ningún tipo de capital público.

Yo personalmente destacaría la sensación de ahogo y encapsulamiento en las vías por las que él se ha desplazado. Las he sufrido en propia carne indefenso para saltar de lado a lado, uno y otro de la calle ocupados por la fe y la ilusión, para poder llegar a casa después de una visita médica en una clínica relativamente cercana a la sede de la Sagrada Família. La médica, por ejemplo, llegó tarde durante un par de horas por las dificultades expuestas. La presencia papal comportó el cierre por seguridad sufrido por algunos barceloneses. Después de la experiencia, creo que lo liberador ha sido seguir los acontecimientos desde las televisiones que los retransmitían en directo. La televisión estatal convertida literalmente en Vaticana.

 La TV1 sigue, también desde Canarias, todos los pasos santos del protagonista, misas, actos diversos y bendiciones con o sin papamóvil de un protagonista con poca prisa, como eterno. Hemos asistido a las numerosas pausas del ritual mientras el vehículo descapotable se detenía para bendecir a un niño ajeno a la ceremonia en el que estaba inmerso por la familia mientras le depositaba en los brazos bien entrenados de la policía vaticana sosteniéndolo cuidadosamente mientras el Papa le dibujaba una cruz en la frente. Como ha dicho el Papa en Canarias, el mar no puede convertirse en un cementerio sin lápidas, inspirado en la recopilación de relatos fantásticos y de terror escrito por Neil Gaiman.

Curiosamente, la televisión -vaticana estatal- interrumpe la programación para empezar el mundial de fútbol. Cortan abruptamente la misa, desde un estadio de fútbol en Las Palmas de Gran Canarias, para iniciar este nuevo y largo campeonato mundial de fútbol. Trump gana en audiencias y gestos inoportunos. Las restricciones de entrada impuestas por Estados Unidos han provocado, incluso, que el árbitro somalí Omar Artan, considerado el mejor árbitro de África, tuviera que dar media vuelta porque le denegaron la entrada en el país que preside Trump porque no pudieron constatar si tenía o no antecedentes. Asimismo, buscando un refugio para que Irán, uno de los participantes en el torneo, pudiera estar presente a pesar de la guerra con Estados Unidos. Por último, la expedición se instala en Tijuana, en la frontera mexicana, con visados ​​de 24 horas para ir a la sede del partido y regresar al hotel. Una solución de urgencia que no ha evitado otros escenarios polémicos como el que vivió Aymen Hussein, la estrella de la selección iraquí, que fue retenido durante horas en Chicago y que dijo que le habían "tratado como un terrorista". 

Aquí hemos asistido a rituales diversos mezclando la condición papal y de jefe de estado, del Vaticano. Todo perfecto si no fueran los problemas técnicos del avión que debía trasladarle a Roma. Finalmente, el Papa, con una corte reducida con menos cardenales y obispos a bordo, ha aceptado el avión -mucho más pequeño- que Felipe VI le ha cedido para poder llegar al Vaticano. Entre los Cercanías en Barcelona el día de su visita y el avión papal de regreso a Roma, estoy seguro de que el pontífice se decantará próximamente por el papamóvil, un buen medio de transporte, más fiable.

¡Beatus ille!

 

domingo, 31 de mayo de 2026

Pausa administrativa vital.

 

Ya lo anuncié, he sufrido un proceso quirúrgico en la espalda, en las lumbares. Desconozco si me correspondería una baja médica como autor que cada diez días publicaba algo en Reflejos y Titiriteros. En el caso de no poner más condicionantes al momento, pude alertaros con más concreción del hecho. Fue una pausa administrativa vital, coincidiendo en un día concreto, el de los hechos.

Han sido ratos de dolor físico y de angustia. De constantes vitales trepando, fuera de las medidas habituales. ¿Nervios? Supongo que sí. Al absentismo, también de agua y tabaco alargándose por previsión, cabe añadir la incertidumbre de una intervención técnicamente muy mejorada respecto de las que se practicaban no hace demasiados años. Horas de ausencia para aterrizar en la habitación donde he realizado tres días de ingreso sometido a las pruebas diversas que corresponden.

En la desconexión anestésica programada aparcas también un poco la vida real, te vuelves exigente, egoísta. Una cuenta atrás alejada del mundo que te rodea por unas horas. Despiertas abatido, rodeado de aparatos conectados a la mano amortiguando el dolor por la herida causada. Terminado el problema inicial, ahora tienes que resolver cómo salir y rehacerte. Estoy en el proceso.

El día antes, a la una de la madrugada, fui a dormir. A las cinco y media me levanto. Desayuno un par de veces, por si acaso. Hasta después de la intervención no puedo comer, beber agua ni fumar. Por ahora lo cumplo. Ha sido todo un día sin comer nada. Hace bastante calor. A la una y media marchamos a la clínica. Me cambio para la intervención en un cuarto del primer piso. A las 17:00, más o menos, me trasladan al quirófano. Un sitio que me recuerda el trasfondo de un escenario donde los cantantes de un concierto de rock duro se presentan mientras van a la suya. No tiene aire de sitio terrible. En ninguna parte detecto a ningún afilador de bisturís. "¿Cómo te llamas? Yo soy la doctora...", aparecen sin protagonismos melodramáticos.

La última presencia consciente está junto a una mesa rara de intervenciones. Pierdo el mundo de vista hasta las 23:00 que entro en planta. Estoy entumecido y aplacado. No tengo ánimo para nada. Pendiente de la intervención, de las grapas que zurcen la cicatriz. Curiosamente, el dolor que me ha llevado a la intervención ya no existe. Se ha ido, si no fuera por la sensación de recién intervenido. La tensión y el índice de glucemia se han disparado. Un desastre que se complementa con la orina, aparatosamente sangrienta. También llevo una cánula que rezuma un líquido cobrizo marrón. Son los restos de la intervención, un drenaje que libera los residuos de lo que han hecho en mi cuerpo y en mi columna. Una enfermera me dice si quiero tomarme una fotografía con la nueva cicatriz que decorará mi espalda. Yo digo que sí y ella coge el móvil con gesto profesional para hacer el retrato artístico.

La vida hospitalaria con diabetes II es para tirar por la borda. Comida mala, sin gusto y horrorosa. Con unos caldos incomibles. Malas tortillas y una fruta incomestible. Por fortuna, me abastecen con algún bocadillo externo de jamón a hurtadillas. Esto hace que soporte un poco la vida sin pasar excesivo apetito. En el restaurante sirven uno de los platos idéntico al que me han traído, piezas de pollo hervido sin demasiado sabor. La amabilidad de la gente que cuida a los enfermos es exquisita. Me limpian, me curan y me ayudan tocados de optimismo realista.

Sentarme en la cama es una epopeya. Lo consigo durante ratos ligado al drenaje. Me levanto con esfuerzos dolorosos. El sábado me anuncian que el domingo podré marcharme a casa, después de desayunar. Una buena nueva. Paseo -y compito con algún vecino de habitación- por los pasillos con el equilibrio al garete exhibiendo el culo. Una carrera de cojos. Mis hijos me han hecho compañía en las tres noches hospitalarias. Cuando marchamos, me traen una silla de ruedas que utilizo de andador. Nos recoge un taxi. Es un mal día, una prueba atlética corta toda la Diagonal. Afortunadamente, el taxista puede cruzar sin problemas.

Estoy en casa. Mecido por varios calmantes y pastillas antiinflamatorias. Inyecciones para estar precavido, de esas en la barriga, protectores de estómago... Me ceden la cama. Duermo seis horas de continuo, boca abajo. Un éxito. Me levanto mucho más rehecho. ¡Estoy en casa!

Os anuncio, en mi caso, que mientras permanecía anestesiado no he soñado en blanco y negro, tampoco en color.

 

martes, 12 de mayo de 2026

Veracruz, la Antigua.

 

El Barça gana, por bastantes puntos de diferencia en la clasificación general, al Real Madrid en el Nou -nou- Camp. La fiesta como Campeón de la Liga acaece para los culés en un día con un punto triste, la muerte del padre del entrenador, acontece en el momento importante para él y para el club. La imprevisión de los resultados -¡el fútbol es así!- establece la incertidumbre de si el Barça podría levantar la copa en su estadio. Se ha hecho, el hito o el reto, contra el eterno rival, con un primer gol de falta directa a la escuadra, una de las virtudes que Messi se llevó a las Américas donde juega. Venga, chicos, solo le falta la Champions, un trofeo que no acaba de llegar, aunque este año tampoco lo haya alcanzado el Real Madrid, el rey de la competición europea. La derrota en la rivalidad europea pasa también por la consolación en la frustración ajena.

Porque el momento colorista del Barça se ha sobrepuesto a la epidemia más gris de hantavirus que la copa liguera que el Barça pasea -ahora mismo- por las calles de la ciudad. La movida de la repatriación de los integrantes de este crucero ha sido esto, una convulsión de alto voltaje político entre la comunidad autonómica y el gobierno central que lo está gestionando. Hemos visto argumentos difíciles de aceptar, como si los ratones pudieran realizar natación artística desde el barco parado cerca del puerto por imposición del gobierno autonómico. Desconozco si estos roedores son capaces de ejecutar filigranas rítmicas para acabar trepando al muelle de las islas Canarias. Visto desde fuera del contexto y sin intereses ajenos, parece difícil que este selecto crucero llevara incorporados grumetes de cola larga y mostacho afilado capaces de realizar proezas olímpicas como la propuesta por el presidente autonómico. Sin embargo, habrá que ver cuál habrá sido finalmente la capacidad real de contagio de este hantavirus acuático.

 Y como no hay dos sin tres, quiero hacerme eco de la aventura política de la presidenta de la Comunidad de Madrid en México -con "x"-. Dicen que ha recortado su estancia en el país por la confrontación contraria. Dicen. Ir a México -con "x"- para exaltar la figura de Hernán Cortés no le ha reportado demasiados beneficios. Política y económicamente no ha sido una ida productiva. Dicen. Ir a México -con "x"- no ha sido una buena decisión. Dicen. El rechazo y el eco protagonizados por esta señora en esta salida políticamente extracurricular se habría ido al traste. Dicen. No se puede llegar al exterior para alabar a un personaje considerado enemigo mayoritariamente colectivo, no parece una buena táctica. Tensar las declaraciones del gobierno y del propio monarca español actuales en sentido contrario no ha sido demasiado brillante. También dicen que ha sido contraria a la acogida de los marineros de la rata en el hospital militar de Madrid donde cumplen la cuarentena.

            En la Antigua Veracruz, visité el primer lugar donde se instaló Hernán Cortés. Su casa. Este conquistador subió río arriba con las naves procedentes del golfo de México -ahora de Trump-. Quedan las paredes forradas por raíces y por mucha vegetación. Un cañón viejo y los cimientos de los espacios antiguos. Se puede atravesar el río por una palanca movediza muy larga. Los indios creían que los conquistadores llevaban la casa en el barco. En este lugar se encuentra la primera iglesia cristiana del mundo iberoamericano. Pequeña, sencilla y con goteras que no se reparan. Existe un pozo circular, ahora seco, donde lancé una moneda -una medida más propia en la fontana de Trevi-, un gesto que sorprendió a todos. Les digo que pretendía ser la aportación por mi parte del oro que les expoliamos. No sé si comprendieron mi gesto, de presunto conquistador arrepentido. La Antigua Veracruz no es un sitio de masas. Decadente y sin el predicamento que debería tener un lugar como éste. Muchos mexicanos la desconocen, anuncia el guía. Aquí desembarcó Hernán Cortés con cientos de soldados. La leyenda dice que quemó las naves para que la tropa marinera no tuviera la tentación de darse la vuelta. La Antigua Veracruz huele a canela.

De los tres episodios me quedo con la victoria liguera por el Barça. Me olvido de los juegos y de las trifulcas que el hantavirus ha levantado en el sistema inmunitario global. De la señora presidenta de Madrid y Lavapiés me sabe mal que no simulara un pase exitoso como el del segundo gol de ayer del Barça. ¡Cuánta pericia! Pienso que lo tenía más fácil, reconociendo a México como el país que acogió a tantos y tantos españoles terminada la guerra civil. Quizá hubiera sido un buen gesto acercarse al pozo de la Antigua Veracruz para tirar algunas monedas de peso. Con el gesto se habría ahorrado, seguramente, las críticas y rechazo de un país que no pierde la memoria.

 

 

jueves, 30 de abril de 2026

El sol como una zarpa de gato.

 

Dicen que no volveremos a ver un eclipse como el que debe producirse el próximo 12 de agosto hasta el año 2180. Un hito o una eternidad que nosotros, los de ahora, no contemplaremos. Un juego de pelotas juguetonas entre el sol y la luna administra las reglas de las sombras que deben taparnos la luz directa del sol. Un misterio y una posibilidad astronómica imponiendo un enigma que produce si no algo de miedo, causa temor. Un hito importante, ajeno a nuestras reglas humanas, nos sorprende con un punto astrológico, una pseudociencia que trata de las presuntas influencias de los astros en el destino de las personas y de la predicción de acontecimientos terrestres por su posición y aspecto. Un contraste entre el hecho astronómico -científico- frente al concepto astrológico, lleno de opciones mágicas y vulnerables, que la astrología comporta, será la magia infinita interpretada en la grandeza geométrica celestial.

 En 1999 -siglo XX en el ataúd histórico-, presencié un eclipse total de sol en Halfweg, en las cercanías contiguas a Ámsterdam, cerca de un estanque repleto de inoportunos mosquitos. Fue el miércoles 11 de agosto de aquel 1999. A las 11:10, el sol presenta un ridículo mordisco en el NE. Mi desinformación no deja concederle la importancia del momento. En la televisión local se proyecta el alcance del instante con grandes gentíos mirándolo. A las 11:15 intento buscar el sol, me duelen los ojos. No tengo gafas ni utensilios para examinarlo cara a cara. Los aviones siguen pasando, el aeropuerto de Schiphol se sitúa cerca.

A las 11:20 la televisión insiste, es muy importante mirar al sol con gafas especiales, bien protegidos. Repasan los eclipses pasados​​. Tengo un vago recuerdo, de muy pequeño, en la escuela de Sant Pau de Segúries, de haber visto uno parcial con un cristal ahumado en el patio de los niños. Diez minutos más tarde el cielo se está oscureciendo, hay un cuarto de sol comido por la luna. El cielo está algo nublado. Las nubes no lo dejarán ver con claridad. ¿Suspenderán el eclipse? A las once y media ha vuelto a salir el sol, navega entre los cúmulos. Parece un sol de media tarde. La luz se va paulatinamente apagando diluyendo las sombras con el sol mitigándose.

Al mediodía, a las 12:00, sólo falta una cuarta parte del sol para el eclipse total. A las 12:15 se ha oscurecido de verdad. El sol es como una leve pezuña de gato agresiva en el horizonte. Una breve nube nos la tapa. Es necesario encender la lámpara de la cocina. Pese al fenómeno, se acerca la hora del almuerzo. A las 12:20 se ha oscurecido bastante. Finalmente, a las 12;25, el sol vuelve a crecer con lametones luminosos bañando el césped exterior. A las doce y media, la naturaleza recupera el pulso vital con la luz que corresponde. La zarpa de gato arañando la incandescente superficie solar ha dejado de corroer la circunferencia como un ratón royendo un queso pantagruélico.

Hace un par de días los medios nos dicen que el sol está situado -una especie de ensayo general previo- en el lugar exacto en el que podremos ver el eclipse el día que proceda. Algunos especialistas se han desplazado ya con cámaras ideadas para captar el momento. Gente preparada buscando el sitio -marcándolo- para poder fotografiarlo con la precisión que el momento se comporte. Deben dejar un pequeño cartel para vigilar el sitial con un fantasma que, seguro, volverá hacia el sur y las tierras bajas de la Catalunya astrológica sin muros ni grúas de la construcción -¡ni nubes!- impidiendo la ceguera. Un espejismo.

"Señales en el cielo, trabajos en la tierra", hace el dicho. Bien, que ya tenemos la tierra bastante movida. La luna y el sol se entrelazarán en un eclipse sin un nombre de político sellándolo. No necesita la ilusión óptica de sombras celestiales tener el nombre de personajes vigentes, ya que el hombre no puede hacer nada, sólo contemplárselo empequeñecido y ajeno. La rotación y la penumbra juegan para, durante un momento, hacernos conscientes del papel del hombre en situaciones, aunque previsibles, nos vuelven a la medida real, de niño pequeño, observando este milagro predecible con un rústico cristal ahumado.

Debo confesarles que por ahora no tengo ningún sitio elegido. Si puedo disfrutarlo, me situaré en la terraza de casa y, en el caso de no poder seguirlo con toda la pulcritud prescrita, miraré cómo la luz y el momento me deslumbran, aunque sea sin gafas protectoras, como las de mi infancia, dejando rezumar todos los sueños, incluso la posibilidad de que llegaran los marcianos.

¡Buen preeclipse!

miércoles, 22 de abril de 2026

Vida de pueblo.

 

Tarde primaveral en el Prepirineo, de lluvia y de tormenta sin demasiados estragos, repetida día tras día. Vivimos tiempos de aguaceros durante estos días. Una bóveda de nubes blancas va subiendo como algodón húmedo volviéndose, poco a poco, en horizonte grisáceo oscuro con mucho revuelo. ¿Caerá piedra? Esperamos que no. Ahora el pedrisco –los que el cielo nos envía– pueden ser inusualmente gruesos. De esos que pueden hacer daño a los huertos y peinan los cultivos con remolinos indómitos. Sentir el poder de la piedra chocando contra los tejados o la tierra misma nos aturde. Año de aguas mil y torrentes grasos alimentados por la nieve que todavía baja con furia amorosa de la montaña hacia el río Ter.

Por la mañana, cuando el sol brilla sin las nubes amenazadoras, si pones la oreja sientes cómo los escolares pasan por la calle. Personal, sin embargo, indómito, en busca de lo que hoy los maestros pretendan enseñarles. Procesiones agrupadas por afinidades, niños con niños y chicas con chicas, dibujan rebaños dirigiéndose al colegio con ímpetu. Personal de mochila extrema apta para cargar con lo que corresponda. Sin alboroto también circula la hilera -todavía ajena- de los bebés o infantes que holgazanean bien abrigados porque las mañanas y las vísperas en Sant Joan de les Abadesses son todavía lo suficientemente frescas. La ristra de niños desfila como una carrera de ciclistas sin una meta cercana.

Ya os he dicho que suelo leer la prensa al día siguiente de su vigencia. Repaso los periódicos de hoy, mañana. Una estrategia de leer el papel para amorecer lo que contienen. Mañana miraré si lo que anunciaban se ha convertido en real. Una forma, considero, un poco extraña de abarcar la información que nos rodea si la contrastas con el flujo formidable en las redes actuales. Pienso en el contraste de la noticia expuesta en un diario en papel y de las que viven y crecen para la pantalla. Son todas bastante reales sin intervención, básicamente política, o el papel -por razones de edad- confiriéndole una certeza objetiva que no siempre es cierta. Como si los prejuicios hicieran mejores las escritas y redactadas con la vigencia del día a día que imponen los periódicos.

Cargado con la información del día anterior, salgo a la calle para desear primero el buen día a los conocidos y también a aquellos que encuentras ocasionalmente. Ya sabéis cómo la vida en los pueblos las tiene estas cosas. ¿Qué cuesta decir adiós al personal que transita por la misma acera? Solo un gesto. No hacen falta demasiadas palabras. Porque detenerte lo haces con aquellas personas con las que tienes cierto conocimiento llegando a cierta amistad lugareña. Negar el saludo es un pecado de los gordos, si se realiza con conocimiento de causa. Me detengo y salen las conversaciones del día a día, sin complejidades ni segundas intenciones, si no quieres desempeñar el papel de portanuevas profesional. Naderías, si no te interesas por el protagonismo de la abuela fallecida esta madrugada pasada. Naderías, si no hablas de la evolución de las obras en la plaza mayor. Naderías, más aún, si no preguntas por qué se ha separado una pareja. Naderías de pueblo que se escriben en cursiva si salen en la prensa local, por ejemplo.

Estos días, el alcalde de San Juan de las Abadesas, Ramon Roqué, ha mantenido un encuentro con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum y le ha hecho entrega de un ejemplar del libro "Jaume Nunó: Más allá del himno nacional mexicano". Parece que el expresidente de México, Vicente Fox, ha visitado el municipio de Sant Joan de les Abadesses aprovechando también su estancia en Catalunya. Este municipio es donde nació el compositor, Jaume Nunó (1824-1908), autor de la música del himno nacional mejicano. Fox ha dicho que en México todo el mundo conoce a Nunó y a Francisco González Bocanegra, autor de la letra, porque aparecen en los libros de texto que se utilizan en las escuelas. Fox también ha destacado que el municipio tiene una relación muy intensa con México porque acoge las fiestas de la comunidad de este país en Cataluña. Fox ha realizado la visita acompañado de su familia y del cónsul en Barcelona, ​​Jaime García.

 Apuro mi vida social en el bar de la esquina de la plaza Clavé donde suelo tomar un cortado en la barra. Por hacer tiempo. Es un paro preciso, pido el café y lo pago al momento para ganar eficiencia como si el tiempo tuviera prisa. Es una manía, siempre lo hago. Puedo salir y rodar por la calle buscando a alguien más. Obstáculos poniendo razones para llegar a casa. Hora de comer, de holgazanear. De hacer vida de pueblo donde la trascendencia de este Sant Jordi -anticipándome- será leve comparada con la de otras ciudades y pueblos cercanos.

Por problemas administrativos con mi espalda -y por miedo escénico- he preferido esta vida de pueblo que me ha privado de presentar el libro del querido Xavier Chavarria, “Soy quien soy que no soy yo” coincidiendo con el Sant Jordi 2026. Ya me sabe mal. Me dicen que ha sido un acto perfecto a cargo de Jordi Font-Agustí y del autor. ¡Enhorabuena, Xavier!

¡Vida de pueblo!

domingo, 12 de abril de 2026

Médicos demasiado afilados.

 

Podríamos decir que a la situación mundial -de desastre absoluto- se le suma una condición que me afecta personalmente. En poco más de un mes tendré que someterme a una intervención quirúrgica de la espalda. Malas noticias para paliar el dolor físico que me atenaza desde hace demasiados días. Un dolor constante que machaca los nervios y que no admite de tranquilizantes de los ordinarios. Hace algo de tiempo, quizás de años, que este cosquilleo invasor va carcomiendo los conductos hasta producir una sensación radiante muy desagradable. Caminar y dormir son ejercicios dificultosos porque los conductos por donde transitan los impulsos están cerrados. Tumbarse o encontrar la posición más idónea no es posible, aunque he captado que retorcer las piernas, como hacen los niños, me libera un poco. Así, adormecido, intento no tener que levantarme durante las noches para no ser más molesto aún con quien vive conmigo mismo.

Cosas de la jubilación, anunciaban los abuelos a los que no quería entender. A la baja laboral con sus cosas se añade la nueva condición que sustituye a la dedicación que la vida te había asignado. Como si el horario de médicos y profesionales sanitarios abarcara con esperanza este nuevo calendario, llenando los espacios otra vez, sentado en bancos anónimos, esperando a que te llamen sin demasiado ímpetu vital. Cómo cansan estas carencias y sus soluciones. Porque yo era de los que creían que esto que ahora me tortura se liberaría, como ya ha hecho en varias ocasiones. Hoy el resultado ha sido bien claro, tengo que pasar por los quirófanos para dejar de lado este dolor intenso e irritante. Solo espero que la paciencia con los demás no empeore más aún. Que vaya tirando sin demasiados sobresaltos. ¡Ay, la paciencia imponiéndose con el sentimiento de protagonismo interesado de los enfermos!

A la codiciable situación personal, no lo deseo a nadie, se añade el protagonismo torpe de los personajes guerreros sin demasiado sentido que no sea el odio y el derecho a la tortura con la muerte de civiles de por medio. ¡Qué panorama! Tenemos el mundo como un avispero pendiente de un estrecho y de unos astronautas que rondan por los espacios siderales cercanos a la luna haciéndose selfies con una redondez perfecta para toparse con los conspiranoicos ideales terraplanistas. Diríamos que ya han llegado al mar y han sido extraídos con pulcritud y en buen estado. Se ha hecho; son, por ahora, las personas que más se han alejado de la Tierra. ¡Buen regreso! Tampoco me los imagino en descapotables desfilando como héroes por la Quinta Avenida junto a un presidente orgulloso mientras caen confetis desde los ventanales neoyorquinos.

Del avispero global donde estamos inmersos, tampoco es buen momento para tener parte de la familia en tierras lejanas con pesares por los que hay que cruzar para ir y volver. Pongamos ese punto extraordinario de riesgo en las salidas con vuelos de larga duración, los que antes sobrevolaban las monarquías del petrodólar. A estas horas, la reunión para pactar un acuerdo cuelga literalmente de un hilo demasiado delgado donde deberían decidirse los puntos clave de las transacciones. Qué follón han levantado el presidente americano, Donald Trump, y la compañía que le apoya. Han pulido una desastrosa situación que nos va enflaqueciendo, por ahora, por la puerta trasera. Ya veremos cómo lo resuelven o lo resolvemos todos.

Por último, los bloques más afectados se han reunido en Islamabad. Con tardanza, pero lo están haciendo en unos espacios cargados -dicen- de advertencias mutuas. La parte norteamericana vuelve a gritar, "Los iraníes no parecen darse cuenta de que no tienen ninguna carta, más allá de una extorsión a corto plazo del mundo mediante el uso de vías navegables internacionales. ¡La única razón por la que están vivos hoy es para negociar!", ha pontificado Donald Trump. Su vicepresidente, JD Vance, mientras se dirigía a Pakistán, aseguró que esperaba un resultado positivo, pero advirtió a la delegación iraní que, si intentaba engañarles, "descubrirán que el equipo negociador estadounidense no es muy receptivo", como de disparo fácil. 

Estamos aquí, como en un dolor de espalda desgarrador, pendientes de las salidas negociadoras de un grupo de personajes sospechosamente demasiado sospechosos. De grito bronco y poco efectivos. Molestos. Con maneras nunca vistas. Son los que deben decidir si nos acaban poniendo, más aún, las manos en el sistema de vida en el que hemos vivido hasta ahora. En la incertidumbre de que todo irá bien, habrá que ver si somos capaces de soportar sus medidas. En mi opinión, si fueran los artífices de mi recuperación, son médicos con bisturís demasiado afilados.

 

martes, 31 de marzo de 2026

Días sagrados.

 

Comienza la Semana Santa. Los medios describen la jornada en Jerusalén como inusual. Las autoridades israelíes han prohibido la misa en la Basílica del Santo Sepulcro, ya que la policía israelí ha bloqueado la entrada al templo, en un entorno inusual sin peregrinos ni procesiones. El Patriarca Latino de Jerusalén no ha podido llegar al templo y ha anunciado la cancelación de la procesión del Domingo de Ramos en el lugar donde, según se dice, tuvieron lugar los acontecimientos narrados en los libros sagrados.

En las tierras más de poniente en las que vive mi familia hay fulgores decadentes debido a los fuertes vientos que nos azotan fin de semana sí, fin de semana no. Justo hace una quincena de días un fulgor potente arrancó el abeto milenario que ejercía de centinela a uno de los ábsides del monasterio del pueblo de Sant Joan de les Abadesses. Desconozco si fuera este u otro soplo similar nos ha dejado con un tramo de carretera de Ripoll a San Juan sólo en sentido único, ahora regulado -en Ribamala- por un semáforo intermitente. Hay zonas de bosque en las que el rigor del vendaval ha creado estragos. Panoramas dantescos de árboles arrancados por la fuerza inusitada del viento en un suelo demasiado húmedo -afirman los entendidos-.

Ante las contrariedades mundiales y locales, en Sant Joan de les Abadesses sí se celebró la bendición del domingo de Ramos en el magnífico monasterio romántico que acoge a los que creen y a los que no son demasiado adictos por razones diversas. Yo mismo, sin ser rata de sacristía declarada, este año no he ido. Esta fiesta, la del domingo de Ramos, es una de las que habitualmente me hacía participar. Al menos, para ver y asistir a las primeras manifestaciones religiosas comportando como los niños acudían vestidos de verano -antes por esa fecha nos ponían el pantalón corto-. Este año, con las ventoleras anunciadas y retransmitidas, Protecció Civil activó la fase de alerta del plan de emergencias Ventcat y este sábado por la tarde nos ha hecho llegar un mensaje estridente a los móviles. También en el Ripollès.

Por razones del calendario lunar, en la madrugada del día de Ramos también entraba en vigor el nuevo calendario solar de verano. No ha sido una coincidencia demasiado frecuente. Que se alineen -por razones de ambos calendarios- ha sido un hecho importante que marca el cambio en el equipamiento veraniego de los pantalones cortos en un mismo día. Sí acudió mi familia y el nieto de un año y pocos meses. Digamos que a las razones mundiales y locales he añadido un nuevo percance personal. No quiero hablaros de mi dolor de espalda que me impide casi andar. Miserias humanas que hacen difícil visitar básicamente el espectáculo infantil en un claustro cargado de fiesta y de sol.

 A estas alturas ya habréis comprendido cómo mi estado de ánimo no estaba dispuesto a soportar la bendición ni los parlamentos del cura -largos o cortos- alabando el día y la Pascua cercana. En mi recuerdo, cuando la espalda era una parte más armónica y útil -sobre todo funcional-, el día de Ramos es un buen momento para enramar de laurel el claustro románico y la nueva época que se acerca, esperamos que con sol y mucha luz. Digamos que mi situación personal es como el paso de Ribamala, cuyo semáforo me detiene en los bancos públicos de la población para reponer y animarme en un tramo más.

 Retomo el inicio de esta entrada con más bancos bélicos y náuticos. Los medios anuncian que el portaaviones estadounidense Gerald R. Ford, está fuera de combate por dos incidentes poco inusuales. La exigencia de la política exterior americana pasa factura a la alegría de la flota de la US Navy; la nave, considerada como el portaaviones más grande, avanzado, poderoso y caro del mundo ha tenido que abandonar su presencia cercana al actual frente de guerra. El 12 de marzo se declaró un incendio en la zona de la lavandería. El fuego tardó horas en controlarse. Quemó cabinas, ropa de cama y hasta un centenar de literas y, lo más importante, más de un centenar de tripulantes tuvieron que ser atendidos por inhalación de humo mientras algunos marineros sufren quemaduras de diversa consideración.

Al incendio se sumó otro asunto -tampoco bélico- que, este sí, bombardeó la resistencia física y mental de la tripulación -5.000 personas- dejando el portaaviones fuera de combate, se detectaron graves problemas de obstrucción en el sistema de evacuación de los sanitarios. Esto obligó a cerrar inodoros y letrinas. Y los tripulantes que viven en Gerald R. Ford se encontraban con colas interminables -como en el semáforo de Ribamala- cada vez que querían ir a hacer sus necesidades. La guerra las tiene estas imprevisiones. Será por eso que yo me decanto más por la luz y por el sol.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Salud, dinero y amor.

 

El tocadiscos mental baraja una pieza ramplona de mucho éxito durante unos años, Salud, dinero y amor, las tres cosas que marcaban lo que se necesitaba -cantábamos- en la vida de 1968, el año en el que se publicó. En la corta infancia, las melodías tenían algo importante tras las estrofas de músicas sentimentales que invadían los espacios mientras la gente las canturreaba sin demasiado comportamiento. Así pues, de poseer las tres cosas, también había que dar las gracias a Dios. Estamos ante una doble oportunidad, de la vida sin obstáculos vitales que debe glorificarse por pura intervención divina. Esto, salud con dinero y amor. Otros años, otras letras con otros estribillos se han impuesto.

Llegados a donde estamos, más viejos y un poco más caducos, seguimos levantando las copas brindando por la trilogía. Que nada se agote. Salud para ir tirando. Dinero para hacerlo posible y amor para sellarlo. Todo ello es un manifiesto vital. Sin salud, el resto pierde fuerza. Es la energía que nos permite movernos o saborear lo que queremos hacer. Es un fundamento -silencioso- de lo que ejecutamos. El dinero no es la felicidad absoluta, pero sí la libertad. Te da margen para escoger, para vivir con menos angustia, para invertir tiempo en lo que realmente importa. Pero el motor emocional es el amor -de pareja, de amistad, familiar o incluso el amor propio- es el que impulsa sentido al resto. Si lo miramos así, el mensaje es casi una fórmula de vida. Nos hemos preguntado cuál de estas tres cosas tenemos más -o menos-.

La salud es lo que casi nunca valoramos lo suficiente hasta que nos falla. Es la herramienta que nos permite trabajar, amar, crear, disfrutar e incluso preocuparnos por el dinero. Cuando el cuerpo o la mente se detienen, todo lo que parecía urgente deja de serlo. Lo curioso es que a menudo pensamos en la salud como una cuestión de suerte o de genética, pero lo cierto es que muchas de las decisiones cotidianas tienen un impacto directo, como dormir bien y en horas regulares. Comer con criterio, no por culpa. Mover el cuerpo, aunque sea poco. Gestionar el estrés antes de que salte. Tener espacios de calma y conexión. La salud no es solo ausencia de enfermedad, es energía, claridad mental, equilibrio emocional.

El dinero no lo es todo, pero tampoco es “sólo dinero”. Es una herramienta que puede dar libertad o generar angustia. Puede ser un puente hacia una vida más tranquila o un muro que nos impide respirar. La relación con el dinero es profundamente emocional. No se trata solo de números, sino de seguridad, independencia o posibilidades. Miedo a perder. Miedo a no tener suficiente. Cuando tenemos estabilidad económica, la salud mental mejora y las relaciones a menudo se vuelven más sanas. Cuando existe escasez o incertidumbre, el estrés aumenta, el cuerpo lo nota y las discusiones pueden multiplicarse. Pero también es cierto que perseguir dinero sin medida puede debilitar la salud y erosionar el amor. Trabajar horas infinitas, vivir con presión constante o convertir el trabajo en identidad son caminos que pueden llevar a un vacío emocional difícil de reparar.

El amor -en todas sus formas, ya sea romántico, familiar, amistoso, comunitario- es lo que da sentido al resto. Es lo que nos recuerda por qué queremos estar sanos y por qué queremos tener estabilidad económica. Cuando amamos y nos sentimos queridos: El sistema inmunitario puede mejorar. El estrés disminuye. La motivación aumenta. La vida parece más llevadera, incluso en momentos difíciles. El amor es el bálsamo, pero también es un reto. Requiere tiempo, presencia, comunicación y vulnerabilidad. Y aquí es donde entra el triángulo: si estamos agotados por el trabajo o preocupados por el dinero, es más difícil cuidar las relaciones porque, si la salud mental vacila, la paciencia y la ternura se vuelven escasas. Si la relación es conflictiva, la salud y la productividad se resienten. Porque el amor no es sólo un sentimiento, es una práctica compartida.

Cuando salud, dinero y amor están en equilibrio, la vida funciona suavemente. No significa que todo sea perfecto, sino que tenemos suficiente estabilidad para crecer, explorar y disfrutar. Este equilibrio no es un estado permanente; es un movimiento constante. Habrá momentos en los que la salud pedirá más atención, otros en los que el dinero necesita más espacio y otros en los que el amor necesitará ser cuidado con más conciencia. ¡Hagámoslo!

En el pesar por el recuerdo me pasa por la cabeza como una cantante de escalera le dedicaba a la vecina cercana, a la de la puerta de al lado, que tenía el corazón contento, contento, lleno de alegría y añadía lo contento que lo tenía dirigido a la vecina que estaba en las listas de espera de un centro de salud para hacerle una intervención de las que pueden traer cola. ¡Menuda fechoría! La música con intención vecinal -la primera que oí- salía de una cancioncilla que levantaba furor. Porque la vecina con el corazón averiado tampoco tenía demasiado dinero y el amor todavía no había llamado a su puerta. ¡Qué desastre!

 

 

viernes, 13 de marzo de 2026

Trump y el Trump petrolero.

 

Ya dije que no mencionaría demasiado a este personaje, sin embargo, del Trump promesa al Trump desconcertante cada vez hay más precisión. En la rueda de prensa corta de ayer, anuncia algo para acabar haciendo lo contrario. Son titulares sin acciones. Este pollo las tiene todas, las gracias y las armas, por querer superar lo que ha provocado. Que el precio de la gasolina en los surtidores americanos no suba y no comporte que sus votantes tengan que pagar más votándole menos. Ha desestabilizado una región. Quiere recuperar a Putin y a sus petróleos favoreciendo también el discurso iraní; puesto que el sucesor del líder muerto es el hijo con todas las herencias vigentes, la más importante es el odio de todos con la furia irrefrenable de quienes descubren que la casa de toda la vida es ahora un espacio libre salpicado de petróleo para edificar. Recordemos Gaza.

Tanto él como su socio bélico, el presidente Netanyahu, han planificado una salida que, por ahora, no lleva a ninguna parte. Qué sacaremos de esta cada vez más hiperbólica acción cargada de muerte y despropósitos. ¡Guerra, compañeros! Esta opción no es como la victoria sufrida y corta en Venezuela. El auténtico fondo político -por descubrir- es el auge de Israel. Para conocer, no tenemos imágenes ciertas o plausibles de lo que está sucediendo de verdad en Oriente Medio. Quizás era necesario un loco para arriesgarse en un contexto como el actual. Sólo un personaje como este gallo empachado de locura ha sido capaz de cerrar el paso por donde circula el petróleo y el gas hacia el mundo en general. Tampoco sabremos nada de este individuo, que nos haga ver qué pasa de verdad. De una semana al infinito con la gasolina y el gas estrangulados. Veremos.

Contemplarse y escuchar la imagen de este personaje es algo que a algunos nos hace sentir vergüenza. Cómo puede la humanidad llegar a estos extremos cuando los posibles acuerdos eran algo plausible. Aprovechar el momento para asesinar al máximo dirigente no ha sido algo demasiado previsor. Por ahora, tenemos al hijo. Un personaje que está escondido sin comunicaciones por no verse reflejado en la mira de un fusil o de un dron. No tenemos ninguna imagen desde que fue elegido.

Justo el día del discurso de este aprendiz a Napoleón, la presidenta europea, Úrsula von der Leyen, emitió unas declaraciones mortíferas para la política de la Unión Europea. Dijo, bien peinada y solemne, que había que ir contra el viejo orden para asimilar los principios de Trump. Según ella, ésta es la solución al fracaso europeo. Posteriormente, ha mejorado y ha vuelto a los viejos caudales que marcan las instituciones y el derecho que provienen de la Europa después de la segunda guerra mundial. Aún recuerdo a los señores diputados en Madrid cómo fundamentaban la guerra que el entonces presidente, Aznar, quería autorizar. Levantarse para votar en una ronda con nombres y apellidos tenía un fundamento y una valentía que les habrá marcado. De ahí la fuerza del presidente español actual afirmando que, al respecto, sólo hay cuatro palabras: "No a la guerra".

No a la guerra. Esto es, al menos para mí mismo y para los que me representan en ese paquete bélico del que el pequeño Napoleón se ha descolgado. Una guerra sin el permiso de los políticos afines o de las instituciones que deben promoverlo -eso era el viejo orden-. ¿Con qué miedo puede coaccionarnos? Más aranceles, como dijo. ¿Descalificando a alguien que no puede estar de acuerdo con las medidas como las que acaba de levantar este Trump petrolero? Desconozco los motivos del personal que le ha hecho presidente de un imperio. Alguien que con su propia conciencia ya tiene bastante. ¡Veremos!

Dejo de reconocer luchando a las religiones del libro, la judía, la cristiana y la de Alá. ¿Cuándo han dejado de tenérselas entre sí mismos? Parece que hay cosas en común, incluso personajes retroalimentándose unos con otros. ¿Desde cuándo las religiones no han sido uno de los fundamentos de estas guerras continuadas? Desde aquí no puedo ni quiero reconocer las bendiciones como la de Trump en el mismo Despacho Oval justo hace unos días.

Bendecidos -benditos - sean todos juntos.

 

 

sábado, 28 de febrero de 2026

Therianos.

 

Hace días que tengo una nariz de loro con los “therianos”, el nuevo concepto que hemos aprendido gracias a la maestría de quienes se consideran unos oportunistas de la verdad. ¿Quiénes son estos personajes que se imponen en la existencia actual, como un grupo más de la diversa diversidad implicada, entre los que se identifican como personas trans y de otros subgrupos de género no conforme. Este grupo de personas no se considera parte de la comunidad LGTB y viceversa. En la breve filosofía expuesta, como la de un perro cuando huye o la de un gato cuando llega, para este grupo de personajes, los therianos se sienten una identidad real. Se identifican y trabajan como un burro para convertirse en un animal no humano.

Hace unos días en Barcelona, ​​se produjo una convocatoria viral de un encuentro de estos personajes en el Arc de Triomf. Ese sábado por la noche con altercados, vandalismo y al menos cinco detenidos, después de que cientos de jóvenes y mirones boicotearan la cita que había nacido en las redes sociales que se disfraza de perros, gatas, y de otros animales de cola larga porque, según dicen, se sienten vinculados espiritualmente. Sin embargo, pocas de estas personas vestidas de animal se han presentado a la cita y la mayoría de gente eran curiosos a quienes han increpado -incluso agredido- a la gente con flequillo de lobo que acudía disfrazada. 

Grupos de violentos boicotearon la cita, haciendo destrozos, generando altercados y también gritando contra el gobierno de Pedro Sánchez - ¿el mismo Perro Sánche? -. Entre los alborotadores, una mezcla de descontrolados de la ciudad, extranjeros, y también grupos de jóvenes de nacionalidad española, muy jóvenes -algunos menores de edad- buscaban enfrentamientos y peleas con otras personas de forma gratuita. Se han detectado destrozos en mobiliario urbano y se han quemado contenedores y papeleras. Más animales que personas. Dicen que algunos de los espectadores llevaban pienso para repartir entre los " therianos ". Un nuevo concepto, una subespecie que quiere hacerse presente en esta compleja sociedad actual –donde de noche todos los gatos son negros– que no se ha expuesto abiertamente. Sin embargo, los claramente identificados con la fauna habrían sido muy pocos.

Los que tenemos cierta edad aún recordamos al sr. Joan Rigol, entonces presidente del Parlament de Catalunya, cuando tildó de animales a los Cuerpos de Seguridad del Estado mientras ejercía la presidencia en el 2003. Un diputado le pidió si se procedería a la votación al respecto. El Sr. Rigol, ya era un hurón político, anticipándose a lo que hoy consideramos therianos. Una premonición -alguna de equina- que sobradamente demostraron estos cuerpos manifestando sus capacidades operativas durante el referéndum catalán del primero de octubre del año 2017.

Sin caer del burro, que siempre tiran coces, me arrastro más allá aún para llegar a Isopo. El fabulista primero, el escritor griego que vivió entre finales del siglo VII aC y principios del siglo VI aC. Quien nos hizo llegar fábulas como la Cigala y la Hormigala Tortuga y la Liebre, el Lobo y la Garza, el Cuervo y la Zorra o la de la Zorra y los racimos de Uva. Aún recuerdo la lección moral que se desprendía tras las lecturas de estas fábulas. ¡Qué viene el lobo! Y el lobo, dicen, ha llegado, ya lo tenemos aquí en una nueva versión, pero al revés, no se trata de humanizar a estos encantadores animales sino de animalizar la conducta humana.

Lo dejo estar aquí. No pretendo ser mosca cojonera. Me despido con un gallo. Antes me proclamo gato viejo a dar gato por liebre. Y en todo caso, si me busca, hágalo en la sección de las gatas, aunque sean maulas. Porque la gran cuestión es qué hay detrás de estas nuevas tendencias. ¿Quién las promueve y qué buscan? Viva la vida, aunque sea sólo desde la vertiente humanista, con criterio y buenas intenciones.

 

 

domingo, 22 de febrero de 2026

Balandrau.

 

Estos días vuelven a pasar por la cabeza las escalofriantes imágenes de lo que sucedió en Vallter el día 30 de diciembre del 2000. Con los años se ha magnificado el suceso y se ha recreado cómo pudo suceder aquel hecho tan terrible. Recuerdo cómo la gestación de la estación de montaña de Vallter 2000 estaba cuestionada por la gente que conoce su historia y que alegaba los fuertes vientos que acostumbran a azotarla. Básicamente, pastores y ganaderos y los que conocían los pelos y señales de estos lugares antes de que un ingeniero dibujara las líneas en un plano de intenciones. Estos días se estrena Balandrau, la producción que quiere insistir en lo difíciles que fueron aquellos días por la muerte de nueve personas implicadas. Han pasado muchos años. Os confieso que aún no he mirado este relato.

De la carretera que sube por el Valle de Camprodon hasta esa triste noche, yo estaba en el pueblo de la Ral, una aldea que no llega a los cincuenta habitantes. Dicen los cazadores de aquellos años que se detenían en las llanuras de cultivo de la Ral para observar si el viento que llegaba era un indicio de las fuertes turbonadas, que soplaban desde Setcases hacia el valle donde ahora se encuentra la estación de montaña. El rumor constante en los pastos era algo a tener en cuenta. La ventisca es un viento traidor, un enemigo para la gente ignorante de sus consecuencias. Sopla impetuoso siendo propio de la región pirenaica; levanta y arremolina la nieve, de modo que la visibilidad mengua sensiblemente. Desde pequeño, esta palabra formaba parte de nuestra conciencia. Oíamos hablar con toda la precaución que se pueda conferir. ¡El torp! No es una nevada, sino nieve levantada por el viento. Puede reducir la visibilidad a cero y puede inmovilizar físicamente a una persona.

Aquella noche, en la Ral, cenando, se podía sentir cómo aullaban los aparatos movibles. Como las barandillas ejercían de cepillos afilados por el viento. Soplaba con toda la certeza; aquellos estremecimientos tenían o tendrían consecuencias graves si no habías conseguido distraer las airadas fuerzas por cómo soplaba. Quien podría suponer que había gente en la montaña soportando la ira de aquellos estertores. Era una noche de ráfagas azotando las costas elevadas. Abrir una ventana en la Ral ya era un acto audaz. Quién podía imaginar la ignorante temeridad con la que algunas personas habían decidido trepar por aquellos lugares.

   Ese día el Ripollès despertaba con un cielo frío y un viento que silbaba con aquella insistencia propia del invierno. Nada hacía pensar en la tragedia. Nada que hiciera sospechar que la montaña estaba a punto de mostrar la cara más indomable. En Vallter, los coches llegaban y volvían sin problemas. Familias, grupos de conocidos, montañeros solitarios. El Balandrau, con su amable silueta, parecía un destino perfecto. Una cima que no impone, que no atemoriza. Hacia el mediodía, el viento dejó de ser un fenómeno meteorológico para convertirse en una fuerza cruel. Rachas superando la fuerza habitual golpeaban la cresta del Balandrau. Los testigos que sobrevivieron lo explican -en la mezcla de incredulidad y terror- andar era luchar contra una pared invisible. El ruido era ensordecedor, un rugido constante que hacía imposible pensar con claridad. Y entonces, en un instante que nadie pudo anticipar, la nieve cedió. El alud empezó a moverse con una rapidez inhumana, arrastrándolo todo. Personas, equipos y bastones. No había tiempo para reaccionar. Sólo un ruido profundo, blanco, que lo tragaba todo, un descenso violento hacia la nada. La montaña se había convertido en el imprevisible monstruo.

Cuando el viento sopla fuerte allá arriba, muchos recuerdan ese 30 de diciembre. Recuerdan que la montaña no siempre alerta. Que, en ocasiones, el peligro no parece visible. Que la humildad es la mejor compañera de ruta. De esos días quiero recordar la fuerza de las personas que hicieron posible el rescate. Recuerdo –no sé si de manera imprecisa- como algunos campesinos les alertaron, el tiempo podía convertirse en imprevisible tras una montaña donde todo puede cambiar enseguida. Ésta era la lógica de quien vive cercano, no parecía, aquél, el mejor día.

Tras el episodio, se reconoció que se necesitaban predicciones más finas y localizadas para zonas de alta montaña. Algunas fuentes destacan que la tragedia fue un punto de inflexión en la forma de comunicar e interpretar los avisos de viento y ventisca. El torp del Balandrau evidenció que un día aparentemente estable puede convertirse en un infierno meteorológico en minutos. Ahora se sabe que se necesitan más materiales de seguridad -GPS, balizas, ropa térmica adecuada-. Es necesaria mucha prudencia en días de viento fuerte.

Los medios y la comunidad excursionista, tras este hecho, remarcan repetidamente la lección.