jueves, 23 de julio de 2026

Dos estrellas.

 

Donald Trump ha salido en la película del mundial de cuerpo presente en la final, durante la entrega de la copa. También tuvo su momento anterior de árbitro -refeere absoluto- interfiriendo la decisión de un profesional respecto de una tarjeta anulada por mediación del mandatario. ¿Quién conoce mejor el deporte que él mismo? Trump confirmó que llamó al presidente de la FIFA, Giovanni Vincenzo Infantino, para revisar la polémica tarjeta roja.

La infracción suponía la suspensión del futbolista de la selección estadounidense en el siguiente partido. La pena fue revisada y perdonada. Sin embargo, Donald, en una conferencia de prensa en el Despacho Oval, ha admitido la llamada a Infantino. Algo que varios medios ya habían anunciado. "He hablado con Infantino. Vi el partido, me gusta el deporte, entiendo de deportes, eso no ha sido roja, no era ni falta". Con esta locuaz severidad se permitió indultar al considerado mejor jugador de la selección americana superada y descalificada por un resultado importante en contra de Bélgica por 4 goles a 1. Algo que ha minimizado la intrusión megalómana en exceso en el mundo de los balones de un experto que tuvo que soportar cómo el equipo ganador imitaba las piruetas con las que este nos halaga a menudo.

El momento estelar lo ostentó en la entrega de la copa del mundo a España. Se pudo ver anticipadamente al emperador norteamericano tras un cristal blindado saludando al rey, Felipe VI, y al presidente español, Pedro Sánchez. Cordialidad y momentos grandilocuentes del presidente americano, pretendiendo llevarse un buen trozo del protagonismo. El amigo Infantino lo trasladó más allá de la primera línea de los focos mediáticos mientras la selección no levantaba finalmente el trofeo de campeones del mundo sin Trump reflejado en el objetivo, tan cercano como si fuera el entrenador. Es necesario constatar la presencia de la presidenta mexicana y del presidente de Canadá. Pero no Pedro Sánchez, que ya estaba representado en el acto por el monarca español. Tampoco ha asistido Serrucho Milei, el presidente argentino abrazando supuestas supersticiones con la vergüenza final por la rabiosa derrota de los de la Pampa.

Geopolítica y balones, como los de Trump, en un campeonato mundial donde hemos asistido también a la reivindicación de las Islas Malvinas por Argentina. La política, los famosos invitados, las estrellas diversas añadiendo a los estadios el alcance del momento. Algo grueso, con mucha audiencia -y pausas para la hidratación- han convertido el suceso en algo trascendente. Los ingenuos proponemos la mejora simbólica para la paz en el supuesto de campeonatos regulares -cuando se considere oportuno- para solucionar conflictos desde el punto de penalti. Imaginemos el glorioso reto deportivo entre la selección rusa contra Ucrania. ¿A cuánto podrían revenderse las entradas para una competición entre Israel y Palestina? Y Trump, entregando el trofeo, bailando a todo tren mientras resuelve los problemas mundiales a patadas. ¡Bravo, Donald!

Puestos a soñar, pienso en el conflicto entre la selección española y una catalana para rehacer algunas diferencias tradicionales. La intervención de los jugadores en ambos campeonatos mundiales logrados se ha fundamentado en el peso específico de algunos componentes, como el gol decisivo en la final en las prórrogas definitivas, han sido obra importante -o clave- de los elementos que militan de ordinario en el Barça. Los soñadores impetuosos no dejan de ver al supuesto equipo catalán luchando en una final. Un disparo preciso de Lamine Yamal, juntando culturas y credos, una utopía que por ahora no veremos concretada si nos acercamos a los criterios balompédicos empleados por el señor Mariano Rajoy.

Ahora sí, ya tenemos dos estrellas -o dos meteoros en el catálogo Michelin- de las selecciones que pueden lucirlas en el pecho, una distinción de prestigio y de categoría deportivos.

 

domingo, 12 de julio de 2026

Rozaderas.

 

Uno de los placeres de este verano demasiado caliente en general es vivir en el Prepirineo, en el Ripollès o en Sant Joan de les Abadesses. Por las noches o por las madrugadas da gusto no tener que ponerse al amparo de un ventilador. Circula un fresco regalado, como decían antes, suavizando los ambientes. Alguna tarde hemos visto caer cuatro gotas contadas, sólo cuatro, recordándonos cómo la lluvia existe, aunque sólo sea para remojar justo las calles. 

Un contraste, vistos los fuegos chamuscando espacios naturales y confinando poblaciones. ¡Ay, el fuego! Este año, excepcionalmente peligroso por la cantidad de vegetación acumulada. Hablad con gente del país ligada a un pasado de payés para significar la cantidad de vegetación, de bosque, que se ha desperdigado por todas las vertientes montañosas. Los veréis mostrar la línea desde donde existían campos con escasos árboles y algún matorral en los márgenes, hitos vegetales marcando el rompecabezas de los campos y de las propiedades diversas, hoy un amasijo de una espesa textura frondosa.

La aplicación ornamental del mosaico vegetal entre los diversos cultivos ha sido abandonada al por mayor. Los campos y bancales han sido invadidos por el bosque y el sotobosque en una mancha verde trepando por todos los rincones de la montaña hasta ese punto en el que ya no hay árboles; aquí se inician los pastos de verano para los migrados rebaños de vacas y de ovejas que todavía utilizan durante la temporada de verano. Desde la perspectiva de casa observo lo peladas que están las montañas más elevadas con el Taga, la cima singular de la región, sin árboles. El pino negro es la especie fronteriza que anuncia cómo los puntos más elevados sólo poseen hierba, esos eran los pastos estivales.

No ha pasado medio siglo, cincuenta años, que todavía se oía hablar -vivían de ello- de mozos en general, a payés, vaqueros, pastores, yeguaceros y porquerizos que conducían por turnos a los lugares diferentes y bien organizados donde el ganado comía el sotobosque. De este estado de cosas, hace menos de cincuenta años, los bosques eran explotados al milímetro podando las ramas bajas de los árboles para hacer leña. ¿Cuántos árboles muertos por el viento y otras circunstancias hacen vida inútil allí donde se han extinguido sin sacarles provecho? Del árbol caído no todo el mundo hace leña.

Los abuelos sabios predicaban que el bosque no quiere ver ni al dueño. Dejar la naturaleza ejerciendo su curso para obtener altos y pulposos ejemplares alejando a los animales que se comían o estropeaban los vástagos de pino o de encina. Pero no los pastores y vaqueros que estaban más por tener espacios anchos sin estorbos. Campos bien limpios donde crecía una mar verde donde apacentar la vacada y las yeguas. Estos sabios -aquellos abuelos- todavía tienen en la cabeza cómo algunos pastores encendían espacios para convertirlos en campos de pasto sin estorbos arbóreos. Maneras de entender y favorecer los provechos particulares de cada gremio. Los del bosque y los del pasto. La guerra que ponía en bandos diferentes a las civilizaciones de cazadores versus la de los agricultores.

Eran días, aquéllos, de escopeta o de rozadera. Del golpe oclusivo y letal de una escopetada como un hachazo a la desbrozadora, una herramienta agrícola de mango largo que llevaba en el extremo una hoz de podar firme para despejar el sotobosque, cortar setos o desbrozar caminos. Una herramienta manual, impulsada por el concentrado de alubias y por la butifarra, que mantenía los campos libres de bosques inútiles. Cuántas casas o cabañas vivían más alejadas de los fuegos malintencionados causados ​​por aquellos pastores expertos en manejar este trasto, la rozadera.

Ya veremos cómo las autoridades, jueces de la escopetada o de la desbrozadora, planifican las directrices para poner cordura -y recursos- en el lamentable estado; lo que se denuncia cada vez que el fuego asoma rabiosamente la cabeza por nuestra región. Hacía tiempo que no oía la razonable sentencia -ya me perdonarán los ecologistas urbanos- que, tal vez, es necesario arrancar la maldad de la tierra por las raíces. ¿Habría que sembrar más árboles en el Ripollès cuando tenemos un excedente temerario?

 

 

domingo, 5 de julio de 2026

Pedaladas de gol.

 

El deporte merodea dando vueltas, la selección gana el partido por 3 a 0 contra Austria mientras el Tour 2026 inicia el rodaje en la Sagrada Família. Tramos de carretera catalanes cortados por la serpiente -en este caso de color amarillo- pedaleando por los lugares del Vallès, de Osona o del Ripollès. El impacto generado supera las previsiones a pesar del desbarajuste comercial en algunos emplazamientos o establecimientos afectados y cercanos al templo de Gaudí. Visto de cerca, es un gesto que hermana la vaticana religión con el credo deportivo, empujando a patadas la divina pelota hacia el cielo de los campeones. ¡Gol!

Tenemos constancia de deportes precolombinos pasándose una pesada pelota sin emplear las manos ni los pies. Una antigua práctica deportiva con significaciones de carácter cosmológico -rituales- que se empleaban para resolver conflictos o como ofrendas, donde algunos delanteros centrales dejaban la piel por veneración. Este mundial vigente vuelve a tener su sede -Estados Unidos y Canadá al margen- en algunos estadios mexicanos donde podrían rehacerse los retos mesoamericanos de una tradición situada muy allá en el transcurso de la historia, en los tres mil quinientos años. Por pura justicia poética, podría suceder que el guardameta mexicano se erigiese en el héroe de   la clasificación con un golpe de cadera afortunado en la astral sesión definitiva de los penaltis.

Con menos celebridad histórica, lo tendrán Tadej Pogačar como el gran favorito para llevarse el triunfo ciclista sumando su quinto título. El principal rival capaz de ganarle puede ser el danés Jonas Vingegaard, reciente vencedor del Giro de Italia. Verlos pedalear, hendido en el sofá haciendo la digestión, cansa. Este año el Mundial de fútbol simultanea la pedalada con el pase redondo que puede acabar en gol. Puestos a soñar en la globalización de los acontecimientos deportivos actuales, el Mundial de fútbol y el Tour, hago a los ciclistas subir puertos andinos para llegar el primero al Templo del Sol en lugar de pasar por delante del monasterio de Ripoll. 

Todo va a llegar o ya lo ha hecho. Por ahora, el número de catalanes en la selección española y la puesta en marcha del ciclismo galo en Barcelona lo hacen más posible. Hechizos atraídos por el magnetismo creciente de la Sagrada Família recién coronada con la cruz de la Torre de Jesús bendecida por el Papa. La entrega de la Medalla de Oro y de los Premios Trienales de la Unión Internacional de Arquitectos han sido momentos relevantes del Congreso Internacional de Arquitectura 2026, también celebrados en el templo. El evento ciclista actual se ha acercado, a la sombra de este nuevo símbolo de piedra aún por terminar. Estamos en ese momento polivalente de una edificación muy singular en Barcelona ciudad.

Dos actos deportivos compitiendo por obtener el eco que les corresponde. Podríamos hermanarlos como el fútbol inédito de pedalada. Deportistas contendiendo en ámbitos muy distintos. Asistimos, pues, a la posibilidad -como las naves de la Sagrada Família- de emplearse según la liturgia mediática que proceda, en este caso con un portero subiéndose en bicicleta a las redes -o a las grúas- del templo.

Inmersos en la fe deportiva de estos días de emisiones televisivas solapadas, aunque horariamente no se programen en la misma franja. Barcelona se convierte en el epicentro mundial de la bicicleta con miles de aficionados. Andrés Iniesta cabalgando el mundo de las dos ruedas. En el calendario, el campeonato del mundo de ciclismo se ha trasladado a septiembre para amortecer la atracción generada por el campeonato de fútbol.

Empapados por la deportividad ecuménica de los días, os prevengo, al margen de los resbalones, de las tarjetas rojas infernales.