domingo, 5 de julio de 2026

Pedaladas de gol.

 

El deporte merodea dando vueltas, la selección gana el partido por 3 a 0 contra Austria mientras el Tour 2026 inicia el rodaje en la Sagrada Família. Tramos de carretera catalanes cortados por la serpiente -en este caso de color amarillo- pedaleando por los lugares del Vallès, de Osona o del Ripollès. El impacto generado supera las previsiones a pesar del desbarajuste comercial en algunos emplazamientos o establecimientos afectados y cercanos al templo de Gaudí. Visto de cerca, es un gesto que hermana la vaticana religión con el credo deportivo, empujando a patadas la divina pelota hacia el cielo de los campeones. ¡Gol!

Tenemos constancia de deportes precolombinos pasándose una pesada pelota sin emplear las manos ni los pies. Una antigua práctica deportiva con significaciones de carácter cosmológico -rituales- que se empleaban para resolver conflictos o como ofrendas, donde algunos delanteros centrales dejaban la piel por veneración. Este mundial vigente vuelve a tener su sede -Estados Unidos y Canadá al margen- en algunos estadios mexicanos donde podrían rehacerse los retos mesoamericanos de una tradición situada muy allá en el transcurso de la historia, en los tres mil quinientos años. Por pura justicia poética, podría suceder que el guardameta mexicano se erigiese en el héroe de   la clasificación con un golpe de cadera afortunado en la astral sesión definitiva de los penaltis.

Con menos celebridad histórica, lo tendrán Tadej Pogačar como el gran favorito para llevarse el triunfo ciclista sumando su quinto título. El principal rival capaz de ganarle puede ser el danés Jonas Vingegaard, reciente vencedor del Giro de Italia. Verlos pedalear, hendido en el sofá haciendo la digestión, cansa. Este año el Mundial de fútbol simultanea la pedalada con el pase redondo que puede acabar en gol. Puestos a soñar en la globalización de los acontecimientos deportivos actuales, el Mundial de fútbol y el Tour, hago a los ciclistas subir puertos andinos para llegar el primero al Templo del Sol en lugar de pasar por delante del monasterio de Ripoll. 

Todo va a llegar o ya lo ha hecho. Por ahora, el número de catalanes en la selección española y la puesta en marcha del ciclismo galo en Barcelona lo hacen más posible. Hechizos atraídos por el magnetismo creciente de la Sagrada Família recién coronada con la cruz de la Torre de Jesús bendecida por el Papa. La entrega de la Medalla de Oro y de los Premios Trienales de la Unión Internacional de Arquitectos han sido momentos relevantes del Congreso Internacional de Arquitectura 2026, también celebrados en el templo. El evento ciclista actual se ha acercado, a la sombra de este nuevo símbolo de piedra aún por terminar. Estamos en ese momento polivalente de una edificación muy singular en Barcelona ciudad.

Dos actos deportivos compitiendo por obtener el eco que les corresponde. Podríamos hermanarlos como el fútbol inédito de pedalada. Deportistas contendiendo en ámbitos muy distintos. Asistimos, pues, a la posibilidad -como las naves de la Sagrada Família- de emplearse según la liturgia mediática que proceda, en este caso con un portero subiéndose en bicicleta a las redes -o a las grúas- del templo.

Inmersos en la fe deportiva de estos días de emisiones televisivas solapadas, aunque horariamente no se programen en la misma franja. Barcelona se convierte en el epicentro mundial de la bicicleta con miles de aficionados. Andrés Iniesta cabalgando el mundo de las dos ruedas. En el calendario, el campeonato del mundo de ciclismo se ha trasladado a septiembre para amortecer la atracción generada por el campeonato de fútbol.

Empapados por la deportividad ecuménica de los días, os prevengo, al margen de los resbalones, de las tarjetas rojas infernales.

 

 

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