El deporte merodea dando vueltas, la selección gana el
partido por 3 a 0 contra Austria mientras el Tour 2026 inicia el rodaje en la
Sagrada Família. Tramos de carretera catalanes cortados por la serpiente -en
este caso de color amarillo- pedaleando por los lugares del Vallès, de Osona o
del Ripollès. El impacto generado supera las previsiones a pesar del
desbarajuste comercial en algunos emplazamientos o establecimientos afectados y
cercanos al templo de Gaudí. Visto de cerca, es un gesto que hermana la
vaticana religión con el credo deportivo, empujando a patadas la divina pelota
hacia el cielo de los campeones. ¡Gol!
Tenemos constancia de deportes precolombinos pasándose
una pesada pelota sin emplear las manos ni los pies. Una antigua práctica
deportiva con significaciones de carácter cosmológico -rituales- que se
empleaban para resolver conflictos o como ofrendas, donde algunos delanteros
centrales dejaban la piel por veneración. Este mundial vigente vuelve a tener
su sede -Estados Unidos y Canadá al margen- en algunos estadios mexicanos donde
podrían rehacerse los retos mesoamericanos de una tradición situada muy allá en
el transcurso de la historia, en los tres mil quinientos años. Por pura
justicia poética, podría suceder que el guardameta mexicano se erigiese en el
héroe de la clasificación con un golpe de cadera afortunado en
la astral sesión definitiva de los penaltis.
Con menos celebridad histórica, lo tendrán Tadej
Pogačar como el gran favorito para llevarse el triunfo ciclista sumando su
quinto título. El principal rival capaz de ganarle puede ser el danés Jonas
Vingegaard, reciente vencedor del Giro de Italia. Verlos pedalear, hendido en
el sofá haciendo la digestión, cansa. Este año el Mundial de fútbol simultanea
la pedalada con el pase redondo que puede acabar en gol. Puestos a soñar en la
globalización de los acontecimientos deportivos actuales, el Mundial de fútbol
y el Tour, hago a los ciclistas subir puertos andinos para llegar el primero al
Templo del Sol en lugar de pasar por delante del monasterio de Ripoll.
Todo va a llegar o ya lo ha hecho. Por ahora, el
número de catalanes en la selección española y la puesta en marcha del ciclismo
galo en Barcelona lo hacen más posible. Hechizos atraídos por el magnetismo
creciente de la Sagrada Família recién coronada con la cruz de la Torre de
Jesús bendecida por el Papa. La entrega de la Medalla de Oro y de los Premios
Trienales de la Unión Internacional de Arquitectos han sido momentos relevantes
del Congreso Internacional de Arquitectura 2026, también celebrados en el
templo. El evento ciclista actual se ha acercado, a la sombra de este nuevo
símbolo de piedra aún por terminar. Estamos en ese momento polivalente de una
edificación muy singular en Barcelona ciudad.
Dos actos deportivos compitiendo por obtener el eco
que les corresponde. Podríamos hermanarlos como el fútbol inédito de pedalada.
Deportistas contendiendo en ámbitos muy distintos. Asistimos, pues, a la
posibilidad -como las naves de la Sagrada Família- de emplearse según la
liturgia mediática que proceda, en este caso con un portero subiéndose en
bicicleta a las redes -o a las grúas- del templo.
Inmersos en la fe deportiva de estos días de emisiones
televisivas solapadas, aunque horariamente no se programen en la misma franja.
Barcelona se convierte en el epicentro mundial de la bicicleta con miles de
aficionados. Andrés Iniesta cabalgando el mundo de las dos ruedas. En el
calendario, el campeonato del mundo de ciclismo se ha trasladado a septiembre
para amortecer la atracción generada por el campeonato de fútbol.
Empapados por la deportividad ecuménica de los días,
os prevengo, al margen de los resbalones, de las tarjetas rojas infernales.
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