El Barça gana, por bastantes puntos de diferencia en la
clasificación general, al Real Madrid en el Nou -nou- Camp. La fiesta
como Campeón de la Liga acaece para los culés en un día con un punto triste, la
muerte del padre del entrenador, acontece en el momento importante para él y
para el club. La imprevisión de los resultados -¡el fútbol es así!- establece
la incertidumbre de si el Barça podría levantar la copa en su estadio. Se ha
hecho, el hito o el reto, contra el eterno rival, con un primer gol de falta
directa a la escuadra, una de las virtudes que Messi se llevó a las Américas
donde juega. Venga, chicos, solo le falta la Champions, un trofeo que no acaba de
llegar, aunque este año tampoco lo haya alcanzado el Real Madrid, el rey de la
competición europea. La derrota en la rivalidad europea pasa también por la
consolación en la frustración ajena.
Porque el momento colorista del Barça se ha
sobrepuesto a la epidemia más gris de hantavirus que la copa liguera que el
Barça pasea -ahora mismo- por las calles de la ciudad. La movida de la
repatriación de los integrantes de este crucero ha sido esto, una convulsión de
alto voltaje político entre la comunidad autonómica y el gobierno central que
lo está gestionando. Hemos visto argumentos difíciles de aceptar, como si los
ratones pudieran realizar natación artística desde el barco parado cerca del
puerto por imposición del gobierno autonómico. Desconozco si estos roedores son
capaces de ejecutar filigranas rítmicas para acabar trepando al muelle de las
islas Canarias. Visto desde fuera del contexto y sin intereses ajenos, parece
difícil que este selecto crucero llevara incorporados grumetes de cola larga y
mostacho afilado capaces de realizar proezas olímpicas como la propuesta por el
presidente autonómico. Sin embargo, habrá que ver cuál habrá sido finalmente la
capacidad real de contagio de este hantavirus acuático.
Y como no hay dos sin tres, quiero hacerme eco
de la aventura política de la presidenta de la Comunidad de Madrid en México
-con "x"-. Dicen que ha recortado su estancia en el
país por la confrontación contraria. Dicen. Ir a México -con "x"- para
exaltar la figura de Hernán Cortés no le ha reportado demasiados beneficios.
Política y económicamente no ha sido una ida productiva. Dicen. Ir a México
-con "x"- no ha sido una buena decisión. Dicen. El rechazo y el eco
protagonizados por esta señora en esta salida políticamente extracurricular se habría
ido al traste. Dicen. No se puede llegar al exterior para alabar a un personaje
considerado enemigo mayoritariamente colectivo, no parece una
buena táctica. Tensar las declaraciones del gobierno y del propio monarca
español actuales en sentido contrario no ha sido demasiado brillante. También
dicen que ha sido contraria a la acogida de los marineros de la rata en el
hospital militar de Madrid donde cumplen la cuarentena.
En la Antigua Veracruz, visité el primer lugar donde
se instaló Hernán Cortés. Su casa. Este conquistador subió río arriba con las
naves procedentes del golfo de México -ahora de Trump-. Quedan las paredes
forradas por raíces y por mucha vegetación. Un cañón viejo y los cimientos de
los espacios antiguos. Se puede atravesar el río por una palanca movediza muy
larga. Los indios creían que los conquistadores llevaban la casa en el barco.
En este lugar se encuentra la primera iglesia cristiana del mundo iberoamericano.
Pequeña, sencilla y con goteras que no se reparan. Existe un pozo circular,
ahora seco, donde lancé una moneda -una medida más propia en la fontana de
Trevi-, un gesto que sorprendió a todos. Les digo que pretendía ser la
aportación por mi parte del oro que les expoliamos. No sé si comprendieron mi
gesto, de presunto conquistador arrepentido. La Antigua Veracruz no es un sitio
de masas. Decadente y sin el predicamento que debería tener un lugar como éste.
Muchos mexicanos la desconocen, anuncia el guía. Aquí desembarcó Hernán Cortés
con cientos de soldados. La leyenda dice que quemó las naves para que la tropa
marinera no tuviera la tentación de darse la vuelta. La Antigua Veracruz huele
a canela.
De los tres episodios me quedo con la victoria liguera
por el Barça. Me olvido de los juegos y de las trifulcas que el hantavirus ha
levantado en el sistema inmunitario global. De la señora presidenta de Madrid y
Lavapiés me sabe mal que no simulara un pase exitoso como el del segundo gol de
ayer del Barça. ¡Cuánta pericia! Pienso que lo tenía más fácil, reconociendo a
México como el país que acogió a tantos y tantos españoles terminada la guerra
civil. Quizá hubiera sido un buen gesto acercarse al pozo de la Antigua
Veracruz para tirar algunas monedas de peso. Con el gesto se habría ahorrado,
seguramente, las críticas y rechazo de un país que no pierde la memoria.
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