domingo, 12 de abril de 2026

Médicos demasiado afilados.

 

Podríamos decir que a la situación mundial -de desastre absoluto- se le suma una condición que me afecta personalmente. En poco más de un mes tendré que someterme a una intervención quirúrgica de la espalda. Malas noticias para paliar el dolor físico que me atenaza desde hace demasiados días. Un dolor constante que machaca los nervios y que no admite de tranquilizantes de los ordinarios. Hace algo de tiempo, quizás de años, que este cosquilleo invasor va carcomiendo los conductos hasta producir una sensación radiante muy desagradable. Caminar y dormir son ejercicios dificultosos porque los conductos por donde transitan los impulsos están cerrados. Tumbarse o encontrar la posición más idónea no es posible, aunque he captado que retorcer las piernas, como hacen los niños, me libera un poco. Así, adormecido, intento no tener que levantarme durante las noches para no ser más molesto aún con quien vive conmigo mismo.

Cosas de la jubilación, anunciaban los abuelos a los que no quería entender. A la baja laboral con sus cosas se añade la nueva condición que sustituye a la dedicación que la vida te había asignado. Como si el horario de médicos y profesionales sanitarios abarcara con esperanza este nuevo calendario, llenando los espacios otra vez, sentado en bancos anónimos, esperando a que te llamen sin demasiado ímpetu vital. Cómo cansan estas carencias y sus soluciones. Porque yo era de los que creían que esto que ahora me tortura se liberaría, como ya ha hecho en varias ocasiones. Hoy el resultado ha sido bien claro, tengo que pasar por los quirófanos para dejar de lado este dolor intenso e irritante. Solo espero que la paciencia con los demás no empeore más aún. Que vaya tirando sin demasiados sobresaltos. ¡Ay, la paciencia imponiéndose con el sentimiento de protagonismo interesado de los enfermos!

A la codiciable situación personal, no lo deseo a nadie, se añade el protagonismo torpe de los personajes guerreros sin demasiado sentido que no sea el odio y el derecho a la tortura con la muerte de civiles de por medio. ¡Qué panorama! Tenemos el mundo como un avispero pendiente de un estrecho y de unos astronautas que rondan por los espacios siderales cercanos a la luna haciéndose selfies con una redondez perfecta para toparse con los conspiranoicos ideales terraplanistas. Diríamos que ya han llegado al mar y han sido extraídos con pulcritud y en buen estado. Se ha hecho; son, por ahora, las personas que más se han alejado de la Tierra. ¡Buen regreso! Tampoco me los imagino en descapotables desfilando como héroes por la Quinta Avenida junto a un presidente orgulloso mientras caen confetis desde los ventanales neoyorquinos.

Del avispero global donde estamos inmersos, tampoco es buen momento para tener parte de la familia en tierras lejanas con pesares por los que hay que cruzar para ir y volver. Pongamos ese punto extraordinario de riesgo en las salidas con vuelos de larga duración, los que antes sobrevolaban las monarquías del petrodólar. A estas horas, la reunión para pactar un acuerdo cuelga literalmente de un hilo demasiado delgado donde deberían decidirse los puntos clave de las transacciones. Qué follón han levantado el presidente americano, Donald Trump, y la compañía que le apoya. Han pulido una desastrosa situación que nos va enflaqueciendo, por ahora, por la puerta trasera. Ya veremos cómo lo resuelven o lo resolvemos todos.

Por último, los bloques más afectados se han reunido en Islamabad. Con tardanza, pero lo están haciendo en unos espacios cargados -dicen- de advertencias mutuas. La parte norteamericana vuelve a gritar, "Los iraníes no parecen darse cuenta de que no tienen ninguna carta, más allá de una extorsión a corto plazo del mundo mediante el uso de vías navegables internacionales. ¡La única razón por la que están vivos hoy es para negociar!", ha pontificado Donald Trump. Su vicepresidente, JD Vance, mientras se dirigía a Pakistán, aseguró que esperaba un resultado positivo, pero advirtió a la delegación iraní que, si intentaba engañarles, "descubrirán que el equipo negociador estadounidense no es muy receptivo", como de disparo fácil. 

Estamos aquí, como en un dolor de espalda desgarrador, pendientes de las salidas negociadoras de un grupo de personajes sospechosamente demasiado sospechosos. De grito bronco y poco efectivos. Molestos. Con maneras nunca vistas. Son los que deben decidir si nos acaban poniendo, más aún, las manos en el sistema de vida en el que hemos vivido hasta ahora. En la incertidumbre de que todo irá bien, habrá que ver si somos capaces de soportar sus medidas. En mi opinión, si fueran los artífices de mi recuperación, son médicos con bisturís demasiado afilados.

 

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