Comienza la Semana Santa. Los medios describen la
jornada en Jerusalén como inusual. Las autoridades israelíes han prohibido la
misa en la Basílica del Santo Sepulcro, ya que la policía israelí ha bloqueado
la entrada al templo, en un entorno inusual sin peregrinos ni procesiones. El
Patriarca Latino de Jerusalén no ha podido llegar al templo y ha anunciado la
cancelación de la procesión del Domingo de Ramos en el lugar donde, según se
dice, tuvieron lugar los acontecimientos narrados en los libros sagrados.
En las tierras más de poniente en las que vive mi
familia hay fulgores decadentes debido a los fuertes vientos que nos azotan fin
de semana sí, fin de semana no. Justo hace una quincena de días un fulgor
potente arrancó el abeto milenario que ejercía de centinela a uno de los
ábsides del monasterio del pueblo de Sant Joan de les Abadesses. Desconozco si fuera
este u otro soplo similar nos ha dejado con un tramo de carretera de Ripoll a
San Juan sólo en sentido único, ahora regulado -en Ribamala- por un semáforo
intermitente. Hay zonas de bosque en las que el rigor del vendaval ha creado
estragos. Panoramas dantescos de árboles arrancados por la fuerza inusitada del
viento en un suelo demasiado húmedo -afirman los entendidos-.
Ante las contrariedades mundiales y locales, en Sant
Joan de les Abadesses sí se celebró la bendición del domingo de Ramos en el
magnífico monasterio romántico que acoge a los que creen y a los que no son
demasiado adictos por razones diversas. Yo mismo, sin ser rata de sacristía
declarada, este año no he ido. Esta fiesta, la del domingo de Ramos, es una de
las que habitualmente me hacía participar. Al menos, para ver y asistir a las
primeras manifestaciones religiosas comportando como los niños acudían vestidos
de verano -antes por esa fecha nos ponían el pantalón corto-. Este año, con las
ventoleras anunciadas y retransmitidas, Protecció Civil activó la fase de
alerta del plan de emergencias Ventcat y este sábado por la
tarde nos ha hecho llegar un mensaje estridente a los móviles. También en el
Ripollès.
Por razones del calendario lunar, en la madrugada del
día de Ramos también entraba en vigor el nuevo calendario solar de verano. No
ha sido una coincidencia demasiado frecuente. Que se alineen -por razones de
ambos calendarios- ha sido un hecho importante que marca el cambio en el
equipamiento veraniego de los pantalones cortos en un mismo día. Sí acudió mi
familia y el nieto de un año y pocos meses. Digamos que a las razones mundiales
y locales he añadido un nuevo percance personal. No quiero hablaros de mi dolor
de espalda que me impide casi andar. Miserias humanas que hacen difícil visitar
básicamente el espectáculo infantil en un claustro cargado de fiesta y de sol.
A estas alturas ya habréis comprendido cómo mi
estado de ánimo no estaba dispuesto a soportar la bendición ni los parlamentos
del cura -largos o cortos- alabando el día y la Pascua cercana. En mi recuerdo,
cuando la espalda era una parte más armónica y útil -sobre todo funcional-, el
día de Ramos es un buen momento para enramar de laurel el claustro románico y
la nueva época que se acerca, esperamos que con sol y mucha luz. Digamos que mi
situación personal es como el paso de Ribamala, cuyo semáforo me detiene en los
bancos públicos de la población para reponer y animarme en un tramo más.
Retomo el inicio de esta entrada con más bancos
bélicos y náuticos. Los medios anuncian que el portaaviones estadounidense
Gerald R. Ford, está fuera de combate por dos incidentes poco inusuales. La
exigencia de la política exterior americana pasa factura a la alegría de la
flota de la US Navy; la nave, considerada como el portaaviones más
grande, avanzado, poderoso y caro del mundo ha tenido que abandonar su
presencia cercana al actual frente de guerra. El 12 de marzo se declaró un
incendio en la zona de la lavandería. El fuego tardó horas en controlarse.
Quemó cabinas, ropa de cama y hasta un centenar de literas y, lo más
importante, más de un centenar de tripulantes tuvieron que ser atendidos por
inhalación de humo mientras algunos marineros sufren quemaduras de diversa
consideración.
Al incendio se sumó otro asunto -tampoco bélico- que,
este sí, bombardeó la resistencia física y mental de la tripulación -5.000
personas- dejando el portaaviones fuera de combate, se detectaron graves
problemas de obstrucción en el sistema de evacuación de los sanitarios. Esto
obligó a cerrar inodoros y letrinas. Y los tripulantes que viven en Gerald R.
Ford se encontraban con colas interminables -como en el semáforo de Ribamala-
cada vez que querían ir a hacer sus necesidades. La guerra las tiene estas
imprevisiones. Será por eso que yo me decanto más por la luz y por el sol.
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