viernes, 13 de marzo de 2026

Trump y el Trump petrolero.

 

Ya dije que no mencionaría demasiado a este personaje, sin embargo, del Trump promesa al Trump desconcertante cada vez hay más precisión. En la rueda de prensa corta de ayer, anuncia algo para acabar haciendo lo contrario. Son titulares sin acciones. Este pollo las tiene todas, las gracias y las armas, por querer superar lo que ha provocado. Que el precio de la gasolina en los surtidores americanos no suba y no comporte que sus votantes tengan que pagar más votándole menos. Ha desestabilizado una región. Quiere recuperar a Putin y a sus petróleos favoreciendo también el discurso iraní; puesto que el sucesor del líder muerto es el hijo con todas las herencias vigentes, la más importante es el odio de todos con la furia irrefrenable de quienes descubren que la casa de toda la vida es ahora un espacio libre salpicado de petróleo para edificar. Recordemos Gaza.

Tanto él como su socio bélico, el presidente Netanyahu, han planificado una salida que, por ahora, no lleva a ninguna parte. Qué sacaremos de esta cada vez más hiperbólica acción cargada de muerte y despropósitos. ¡Guerra, compañeros! Esta opción no es como la victoria sufrida y corta en Venezuela. El auténtico fondo político -por descubrir- es el auge de Israel. Para conocer, no tenemos imágenes ciertas o plausibles de lo que está sucediendo de verdad en Oriente Medio. Quizás era necesario un loco para arriesgarse en un contexto como el actual. Sólo un personaje como este gallo empachado de locura ha sido capaz de cerrar el paso por donde circula el petróleo y el gas hacia el mundo en general. Tampoco sabremos nada de este individuo, que nos haga ver qué pasa de verdad. De una semana al infinito con la gasolina y el gas estrangulados. Veremos.

Contemplarse y escuchar la imagen de este personaje es algo que a algunos nos hace sentir vergüenza. Cómo puede la humanidad llegar a estos extremos cuando los posibles acuerdos eran algo plausible. Aprovechar el momento para asesinar al máximo dirigente no ha sido algo demasiado previsor. Por ahora, tenemos al hijo. Un personaje que está escondido sin comunicaciones por no verse reflejado en la mira de un fusil o de un dron. No tenemos ninguna imagen desde que fue elegido.

Justo el día del discurso de este aprendiz a Napoleón, la presidenta europea, Úrsula von der Leyen, emitió unas declaraciones mortíferas para la política de la Unión Europea. Dijo, bien peinada y solemne, que había que ir contra el viejo orden para asimilar los principios de Trump. Según ella, ésta es la solución al fracaso europeo. Posteriormente, ha mejorado y ha vuelto a los viejos caudales que marcan las instituciones y el derecho que provienen de la Europa después de la segunda guerra mundial. Aún recuerdo a los señores diputados en Madrid cómo fundamentaban la guerra que el entonces presidente, Aznar, quería autorizar. Levantarse para votar en una ronda con nombres y apellidos tenía un fundamento y una valentía que les habrá marcado. De ahí la fuerza del presidente español actual afirmando que, al respecto, sólo hay cuatro palabras: "No a la guerra".

No a la guerra. Esto es, al menos para mí mismo y para los que me representan en ese paquete bélico del que el pequeño Napoleón se ha descolgado. Una guerra sin el permiso de los políticos afines o de las instituciones que deben promoverlo -eso era el viejo orden-. ¿Con qué miedo puede coaccionarnos? Más aranceles, como dijo. ¿Descalificando a alguien que no puede estar de acuerdo con las medidas como las que acaba de levantar este Trump petrolero? Desconozco los motivos del personal que le ha hecho presidente de un imperio. Alguien que con su propia conciencia ya tiene bastante. ¡Veremos!

Dejo de reconocer luchando a las religiones del libro, la judía, la cristiana y la de Alá. ¿Cuándo han dejado de tenérselas entre sí mismos? Parece que hay cosas en común, incluso personajes retroalimentándose unos con otros. ¿Desde cuándo las religiones no han sido uno de los fundamentos de estas guerras continuadas? Desde aquí no puedo ni quiero reconocer las bendiciones como la de Trump en el mismo Despacho Oval justo hace unos días.

Bendecidos -benditos - sean todos juntos.

 

 

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