miércoles, 25 de marzo de 2026

Salud, dinero y amor.

 

El tocadiscos mental baraja una pieza ramplona de mucho éxito durante unos años, Salud, dinero y amor, las tres cosas que marcaban lo que se necesitaba -cantábamos- en la vida de 1968, el año en el que se publicó. En la corta infancia, las melodías tenían algo importante tras las estrofas de músicas sentimentales que invadían los espacios mientras la gente las canturreaba sin demasiado comportamiento. Así pues, de poseer las tres cosas, también había que dar las gracias a Dios. Estamos ante una doble oportunidad, de la vida sin obstáculos vitales que debe glorificarse por pura intervención divina. Esto, salud con dinero y amor. Otros años, otras letras con otros estribillos se han impuesto.

Llegados a donde estamos, más viejos y un poco más caducos, seguimos levantando las copas brindando por la trilogía. Que nada se agote. Salud para ir tirando. Dinero para hacerlo posible y amor para sellarlo. Todo ello es un manifiesto vital. Sin salud, el resto pierde fuerza. Es la energía que nos permite movernos o saborear lo que queremos hacer. Es un fundamento -silencioso- de lo que ejecutamos. El dinero no es la felicidad absoluta, pero sí la libertad. Te da margen para escoger, para vivir con menos angustia, para invertir tiempo en lo que realmente importa. Pero el motor emocional es el amor -de pareja, de amistad, familiar o incluso el amor propio- es el que impulsa sentido al resto. Si lo miramos así, el mensaje es casi una fórmula de vida. Nos hemos preguntado cuál de estas tres cosas tenemos más -o menos-.

La salud es lo que casi nunca valoramos lo suficiente hasta que nos falla. Es la herramienta que nos permite trabajar, amar, crear, disfrutar e incluso preocuparnos por el dinero. Cuando el cuerpo o la mente se detienen, todo lo que parecía urgente deja de serlo. Lo curioso es que a menudo pensamos en la salud como una cuestión de suerte o de genética, pero lo cierto es que muchas de las decisiones cotidianas tienen un impacto directo, como dormir bien y en horas regulares. Comer con criterio, no por culpa. Mover el cuerpo, aunque sea poco. Gestionar el estrés antes de que salte. Tener espacios de calma y conexión. La salud no es solo ausencia de enfermedad, es energía, claridad mental, equilibrio emocional.

El dinero no lo es todo, pero tampoco es “sólo dinero”. Es una herramienta que puede dar libertad o generar angustia. Puede ser un puente hacia una vida más tranquila o un muro que nos impide respirar. La relación con el dinero es profundamente emocional. No se trata solo de números, sino de seguridad, independencia o posibilidades. Miedo a perder. Miedo a no tener suficiente. Cuando tenemos estabilidad económica, la salud mental mejora y las relaciones a menudo se vuelven más sanas. Cuando existe escasez o incertidumbre, el estrés aumenta, el cuerpo lo nota y las discusiones pueden multiplicarse. Pero también es cierto que perseguir dinero sin medida puede debilitar la salud y erosionar el amor. Trabajar horas infinitas, vivir con presión constante o convertir el trabajo en identidad son caminos que pueden llevar a un vacío emocional difícil de reparar.

El amor -en todas sus formas, ya sea romántico, familiar, amistoso, comunitario- es lo que da sentido al resto. Es lo que nos recuerda por qué queremos estar sanos y por qué queremos tener estabilidad económica. Cuando amamos y nos sentimos queridos: El sistema inmunitario puede mejorar. El estrés disminuye. La motivación aumenta. La vida parece más llevadera, incluso en momentos difíciles. El amor es el bálsamo, pero también es un reto. Requiere tiempo, presencia, comunicación y vulnerabilidad. Y aquí es donde entra el triángulo: si estamos agotados por el trabajo o preocupados por el dinero, es más difícil cuidar las relaciones porque, si la salud mental vacila, la paciencia y la ternura se vuelven escasas. Si la relación es conflictiva, la salud y la productividad se resienten. Porque el amor no es sólo un sentimiento, es una práctica compartida.

Cuando salud, dinero y amor están en equilibrio, la vida funciona suavemente. No significa que todo sea perfecto, sino que tenemos suficiente estabilidad para crecer, explorar y disfrutar. Este equilibrio no es un estado permanente; es un movimiento constante. Habrá momentos en los que la salud pedirá más atención, otros en los que el dinero necesita más espacio y otros en los que el amor necesitará ser cuidado con más conciencia. ¡Hagámoslo!

En el pesar por el recuerdo me pasa por la cabeza como una cantante de escalera le dedicaba a la vecina cercana, a la de la puerta de al lado, que tenía el corazón contento, contento, lleno de alegría y añadía lo contento que lo tenía dirigido a la vecina que estaba en las listas de espera de un centro de salud para hacerle una intervención de las que pueden traer cola. ¡Menuda fechoría! La música con intención vecinal -la primera que oí- salía de una cancioncilla que levantaba furor. Porque la vecina con el corazón averiado tampoco tenía demasiado dinero y el amor todavía no había llamado a su puerta. ¡Qué desastre!

 

 

viernes, 13 de marzo de 2026

Trump y el Trump petrolero.

 

Ya dije que no mencionaría demasiado a este personaje, sin embargo, del Trump promesa al Trump desconcertante cada vez hay más precisión. En la rueda de prensa corta de ayer, anuncia algo para acabar haciendo lo contrario. Son titulares sin acciones. Este pollo las tiene todas, las gracias y las armas, por querer superar lo que ha provocado. Que el precio de la gasolina en los surtidores americanos no suba y no comporte que sus votantes tengan que pagar más votándole menos. Ha desestabilizado una región. Quiere recuperar a Putin y a sus petróleos favoreciendo también el discurso iraní; puesto que el sucesor del líder muerto es el hijo con todas las herencias vigentes, la más importante es el odio de todos con la furia irrefrenable de quienes descubren que la casa de toda la vida es ahora un espacio libre salpicado de petróleo para edificar. Recordemos Gaza.

Tanto él como su socio bélico, el presidente Netanyahu, han planificado una salida que, por ahora, no lleva a ninguna parte. Qué sacaremos de esta cada vez más hiperbólica acción cargada de muerte y despropósitos. ¡Guerra, compañeros! Esta opción no es como la victoria sufrida y corta en Venezuela. El auténtico fondo político -por descubrir- es el auge de Israel. Para conocer, no tenemos imágenes ciertas o plausibles de lo que está sucediendo de verdad en Oriente Medio. Quizás era necesario un loco para arriesgarse en un contexto como el actual. Sólo un personaje como este gallo empachado de locura ha sido capaz de cerrar el paso por donde circula el petróleo y el gas hacia el mundo en general. Tampoco sabremos nada de este individuo, que nos haga ver qué pasa de verdad. De una semana al infinito con la gasolina y el gas estrangulados. Veremos.

Contemplarse y escuchar la imagen de este personaje es algo que a algunos nos hace sentir vergüenza. Cómo puede la humanidad llegar a estos extremos cuando los posibles acuerdos eran algo plausible. Aprovechar el momento para asesinar al máximo dirigente no ha sido algo demasiado previsor. Por ahora, tenemos al hijo. Un personaje que está escondido sin comunicaciones por no verse reflejado en la mira de un fusil o de un dron. No tenemos ninguna imagen desde que fue elegido.

Justo el día del discurso de este aprendiz a Napoleón, la presidenta europea, Úrsula von der Leyen, emitió unas declaraciones mortíferas para la política de la Unión Europea. Dijo, bien peinada y solemne, que había que ir contra el viejo orden para asimilar los principios de Trump. Según ella, ésta es la solución al fracaso europeo. Posteriormente, ha mejorado y ha vuelto a los viejos caudales que marcan las instituciones y el derecho que provienen de la Europa después de la segunda guerra mundial. Aún recuerdo a los señores diputados en Madrid cómo fundamentaban la guerra que el entonces presidente, Aznar, quería autorizar. Levantarse para votar en una ronda con nombres y apellidos tenía un fundamento y una valentía que les habrá marcado. De ahí la fuerza del presidente español actual afirmando que, al respecto, sólo hay cuatro palabras: "No a la guerra".

No a la guerra. Esto es, al menos para mí mismo y para los que me representan en ese paquete bélico del que el pequeño Napoleón se ha descolgado. Una guerra sin el permiso de los políticos afines o de las instituciones que deben promoverlo -eso era el viejo orden-. ¿Con qué miedo puede coaccionarnos? Más aranceles, como dijo. ¿Descalificando a alguien que no puede estar de acuerdo con las medidas como las que acaba de levantar este Trump petrolero? Desconozco los motivos del personal que le ha hecho presidente de un imperio. Alguien que con su propia conciencia ya tiene bastante. ¡Veremos!

Dejo de reconocer luchando a las religiones del libro, la judía, la cristiana y la de Alá. ¿Cuándo han dejado de tenérselas entre sí mismos? Parece que hay cosas en común, incluso personajes retroalimentándose unos con otros. ¿Desde cuándo las religiones no han sido uno de los fundamentos de estas guerras continuadas? Desde aquí no puedo ni quiero reconocer las bendiciones como la de Trump en el mismo Despacho Oval justo hace unos días.

Bendecidos -benditos - sean todos juntos.

 

 

sábado, 28 de febrero de 2026

Therianos.

 

Hace días que tengo una nariz de loro con los “therianos”, el nuevo concepto que hemos aprendido gracias a la maestría de quienes se consideran unos oportunistas de la verdad. ¿Quiénes son estos personajes que se imponen en la existencia actual, como un grupo más de la diversa diversidad implicada, entre los que se identifican como personas trans y de otros subgrupos de género no conforme. Este grupo de personas no se considera parte de la comunidad LGTB y viceversa. En la breve filosofía expuesta, como la de un perro cuando huye o la de un gato cuando llega, para este grupo de personajes, los therianos se sienten una identidad real. Se identifican y trabajan como un burro para convertirse en un animal no humano.

Hace unos días en Barcelona, ​​se produjo una convocatoria viral de un encuentro de estos personajes en el Arc de Triomf. Ese sábado por la noche con altercados, vandalismo y al menos cinco detenidos, después de que cientos de jóvenes y mirones boicotearan la cita que había nacido en las redes sociales que se disfraza de perros, gatas, y de otros animales de cola larga porque, según dicen, se sienten vinculados espiritualmente. Sin embargo, pocas de estas personas vestidas de animal se han presentado a la cita y la mayoría de gente eran curiosos a quienes han increpado -incluso agredido- a la gente con flequillo de lobo que acudía disfrazada. 

Grupos de violentos boicotearon la cita, haciendo destrozos, generando altercados y también gritando contra el gobierno de Pedro Sánchez - ¿el mismo Perro Sánche? -. Entre los alborotadores, una mezcla de descontrolados de la ciudad, extranjeros, y también grupos de jóvenes de nacionalidad española, muy jóvenes -algunos menores de edad- buscaban enfrentamientos y peleas con otras personas de forma gratuita. Se han detectado destrozos en mobiliario urbano y se han quemado contenedores y papeleras. Más animales que personas. Dicen que algunos de los espectadores llevaban pienso para repartir entre los " therianos ". Un nuevo concepto, una subespecie que quiere hacerse presente en esta compleja sociedad actual –donde de noche todos los gatos son negros– que no se ha expuesto abiertamente. Sin embargo, los claramente identificados con la fauna habrían sido muy pocos.

Los que tenemos cierta edad aún recordamos al sr. Joan Rigol, entonces presidente del Parlament de Catalunya, cuando tildó de animales a los Cuerpos de Seguridad del Estado mientras ejercía la presidencia en el 2003. Un diputado le pidió si se procedería a la votación al respecto. El Sr. Rigol, ya era un hurón político, anticipándose a lo que hoy consideramos therianos. Una premonición -alguna de equina- que sobradamente demostraron estos cuerpos manifestando sus capacidades operativas durante el referéndum catalán del primero de octubre del año 2017.

Sin caer del burro, que siempre tiran coces, me arrastro más allá aún para llegar a Isopo. El fabulista primero, el escritor griego que vivió entre finales del siglo VII aC y principios del siglo VI aC. Quien nos hizo llegar fábulas como la Cigala y la Hormigala Tortuga y la Liebre, el Lobo y la Garza, el Cuervo y la Zorra o la de la Zorra y los racimos de Uva. Aún recuerdo la lección moral que se desprendía tras las lecturas de estas fábulas. ¡Qué viene el lobo! Y el lobo, dicen, ha llegado, ya lo tenemos aquí en una nueva versión, pero al revés, no se trata de humanizar a estos encantadores animales sino de animalizar la conducta humana.

Lo dejo estar aquí. No pretendo ser mosca cojonera. Me despido con un gallo. Antes me proclamo gato viejo a dar gato por liebre. Y en todo caso, si me busca, hágalo en la sección de las gatas, aunque sean maulas. Porque la gran cuestión es qué hay detrás de estas nuevas tendencias. ¿Quién las promueve y qué buscan? Viva la vida, aunque sea sólo desde la vertiente humanista, con criterio y buenas intenciones.

 

 

domingo, 22 de febrero de 2026

Balandrau.

 

Estos días vuelven a pasar por la cabeza las escalofriantes imágenes de lo que sucedió en Vallter el día 30 de diciembre del 2000. Con los años se ha magnificado el suceso y se ha recreado cómo pudo suceder aquel hecho tan terrible. Recuerdo cómo la gestación de la estación de montaña de Vallter 2000 estaba cuestionada por la gente que conoce su historia y que alegaba los fuertes vientos que acostumbran a azotarla. Básicamente, pastores y ganaderos y los que conocían los pelos y señales de estos lugares antes de que un ingeniero dibujara las líneas en un plano de intenciones. Estos días se estrena Balandrau, la producción que quiere insistir en lo difíciles que fueron aquellos días por la muerte de nueve personas implicadas. Han pasado muchos años. Os confieso que aún no he mirado este relato.

De la carretera que sube por el Valle de Camprodon hasta esa triste noche, yo estaba en el pueblo de la Ral, una aldea que no llega a los cincuenta habitantes. Dicen los cazadores de aquellos años que se detenían en las llanuras de cultivo de la Ral para observar si el viento que llegaba era un indicio de las fuertes turbonadas, que soplaban desde Setcases hacia el valle donde ahora se encuentra la estación de montaña. El rumor constante en los pastos era algo a tener en cuenta. La ventisca es un viento traidor, un enemigo para la gente ignorante de sus consecuencias. Sopla impetuoso siendo propio de la región pirenaica; levanta y arremolina la nieve, de modo que la visibilidad mengua sensiblemente. Desde pequeño, esta palabra formaba parte de nuestra conciencia. Oíamos hablar con toda la precaución que se pueda conferir. ¡El torp! No es una nevada, sino nieve levantada por el viento. Puede reducir la visibilidad a cero y puede inmovilizar físicamente a una persona.

Aquella noche, en la Ral, cenando, se podía sentir cómo aullaban los aparatos movibles. Como las barandillas ejercían de cepillos afilados por el viento. Soplaba con toda la certeza; aquellos estremecimientos tenían o tendrían consecuencias graves si no habías conseguido distraer las airadas fuerzas por cómo soplaba. Quien podría suponer que había gente en la montaña soportando la ira de aquellos estertores. Era una noche de ráfagas azotando las costas elevadas. Abrir una ventana en la Ral ya era un acto audaz. Quién podía imaginar la ignorante temeridad con la que algunas personas habían decidido trepar por aquellos lugares.

   Ese día el Ripollès despertaba con un cielo frío y un viento que silbaba con aquella insistencia propia del invierno. Nada hacía pensar en la tragedia. Nada que hiciera sospechar que la montaña estaba a punto de mostrar la cara más indomable. En Vallter, los coches llegaban y volvían sin problemas. Familias, grupos de conocidos, montañeros solitarios. El Balandrau, con su amable silueta, parecía un destino perfecto. Una cima que no impone, que no atemoriza. Hacia el mediodía, el viento dejó de ser un fenómeno meteorológico para convertirse en una fuerza cruel. Rachas superando la fuerza habitual golpeaban la cresta del Balandrau. Los testigos que sobrevivieron lo explican -en la mezcla de incredulidad y terror- andar era luchar contra una pared invisible. El ruido era ensordecedor, un rugido constante que hacía imposible pensar con claridad. Y entonces, en un instante que nadie pudo anticipar, la nieve cedió. El alud empezó a moverse con una rapidez inhumana, arrastrándolo todo. Personas, equipos y bastones. No había tiempo para reaccionar. Sólo un ruido profundo, blanco, que lo tragaba todo, un descenso violento hacia la nada. La montaña se había convertido en el imprevisible monstruo.

Cuando el viento sopla fuerte allá arriba, muchos recuerdan ese 30 de diciembre. Recuerdan que la montaña no siempre alerta. Que, en ocasiones, el peligro no parece visible. Que la humildad es la mejor compañera de ruta. De esos días quiero recordar la fuerza de las personas que hicieron posible el rescate. Recuerdo –no sé si de manera imprecisa- como algunos campesinos les alertaron, el tiempo podía convertirse en imprevisible tras una montaña donde todo puede cambiar enseguida. Ésta era la lógica de quien vive cercano, no parecía, aquél, el mejor día.

Tras el episodio, se reconoció que se necesitaban predicciones más finas y localizadas para zonas de alta montaña. Algunas fuentes destacan que la tragedia fue un punto de inflexión en la forma de comunicar e interpretar los avisos de viento y ventisca. El torp del Balandrau evidenció que un día aparentemente estable puede convertirse en un infierno meteorológico en minutos. Ahora se sabe que se necesitan más materiales de seguridad -GPS, balizas, ropa térmica adecuada-. Es necesaria mucha prudencia en días de viento fuerte.

Los medios y la comunidad excursionista, tras este hecho, remarcan repetidamente la lección.

miércoles, 11 de febrero de 2026

La Mercè llega a casa.

 

En esta entrada quiero hablar de la llegada de Mercè a casa. Durante un año y un mes nos han llegado dos bebés, Martí el mayor, y Mercè, recién nacida, no tiene casi más de quince días. Una cosita, comparada con Martí, que acaba de llegar al mundo sin más que hacer por ahora. Ella y sus manías propias de una edad que no deben hacer otra cosa que mirárselo con esa indiferencia que todos deberíamos haber tenido. Mercè es una cosita pequeñita, mucho más que el primo Martí, que por razones de la edad y para hacerse ver ha decidido empezar a caminar justo en estas circunstancias. En la deferencia que pesa sobre lo familiar, hemos puesto fotos de ambos en algunos rincones. La estimación y los espacios se duplican a pesar de la advertencia que le hice a Martí. “¡Ojo niño, llegará una niña, la Mercè!”. Me miró como quien no sabe de quién le hablaba.

Creo que él, el pequeño, más apegado a no perder el equilibrio mientras camina, no estaba demasiado al caso. Por ahora no se la ha contemplado con demasiado detenimiento. Ya se verá cómo termina este proceso. Fue justo el rato cuando el padre se descargó del peso minúsculo que llevaba encima del pecho. La niña necesita aquellas cosas que la hacen sentir todavía en el interior humano -calidísimo- de donde la naturaleza la ha echado. Sentirse importante es algo que irá más allá. Por ahora se nutre, si no llora, para reclamar su existencia. ¡Eh, estoy aquí! Algo que yo me hacía traducir durante el embarazo a meses, una prevención -un prejuicio, para entendernos- como la de contar las grandes cantidades a pesetas vitales para captar su magnitud con la precisión aproximada de hace unas décadas. Esto mismo yo ya lo decía cuando Martí nació.

La llegada de la Mercè es también única. Una persona más añadida con una silla también única en la relación familiar. Una más. Una cosita, mirándonos con la sorpresa de aquello a lo que no hemos estado acostumbrados todavía. Poco a poco desarraiga sus pulsiones humanas; por ahora ya nos mira sin poner demasiado detenimiento. Nos contempla. ¡Qué debe ver en estos pequeños momentos!

Por ahora, la Mercè hace poco. Mama, duerme y, de vez en cuando, abre los ojos con la curiosidad de quien lo tiene todo por hacer, mirar, escuchar y vivir. ¡Por muchos años, Mercè! Esto también lo decía cuando llegó Martí a casa. En sus descubrimientos se puede contrastar nuestra novedad, ella misma. Por ahora el juego de espejos se va definiendo. El boceto, por ahora, es del padre, existe un acuerdo unánime al respecto. Y la tía de Martí, ahora novel y recién inaugurada como madre, dice que ella de pequeña tenía el mismo pelo y unos ojillos similares. A mí me encanta la manera de poner la mano con el puño cerrado debajo de la barbilla como yo suelo hacer a menudo. Todo es encontrar la semejanza.

Una niña mediática. Eso sí. Inauguró las entradas en lo memorial del ARA, justo antes de nacer. Cosas de la profesión materna. Y fue felicitada en la radio por Ricard Ustrell al día siguiente de nacer. Como la profecía, a la semana de asomarse, por parte del padre y de sus preferencias, anunciando en un programa de Betevé que sería padre de Mercè Labró, una licencia participada del día en el que ella llegó al mundo. Era evidente, si nacía en un día par, se diría como mamá, girarían los apellidos. Pero el padre, después de ver cómo sufren las madres en días como este, decidió que Mercè se llamaría Labró de primer apellido. ¡Cosas de la burocracia administrativa! Ella, para todos nosotros, sigue siendo la Mercè.

¡Estimada Mercè!

sábado, 31 de enero de 2026

Los trenes en Catalunya.

 

Ya hace años que la línea del ferrocarril que iba de Ripoll a Sant Joan de les Abadesses está cerrada. Esta línea está muy ligada a la explotación carbonífera que se encontraba en Ogassa. Hoy en día forma parte del núcleo Cercanías Barcelona (línea R3), después de la reestructuración llevada a cabo en el año 1989. El brancal Ripoll - San Joan de las Abadesses - Toralles, de 12 km de longitud, dejó de transportar viajeros a partir del 16 de junio de 1980. En aquellos años los trenes de pasajeros llegan a Sant Joan de les Abadesses. Toralles no era una estación de viajeros, sólo era un centro en el que se cargaban los antiguos trenes de mercancías del carbón hacia Barcelona. En Toralles se encontraba un plano inclinado donde subían y bajaban las vagonetas desde las minas. Las cargadas con el carbón eran las descendientes, mientras que las vacías subían por el peso de las vagonetas llenas. Ahora este tramo forma parte de las Vías Verdes de Girona para andar o pedalear. La línea R3 forma parte del tramo que se está remodelando, justo antes del problema que se ha agravado ahora mismo.

Cercanías es, probablemente, el punto más polémico del sistema ferroviario catalán. Miles de personas dependen de este servicio todos los días para ir al trabajo, a estudiar o para moverse entre municipios. Los problemas de puntualidad, constantes incidencias e infraestructuras han generado una percepción real de desgaste. Muchas de las líneas pasan por túneles y tramos construidos hace más de cien años, y la carencia de inversiones sostenidas durante décadas ha provocado un efecto acumulativo difícil de revertir. Aunque en los últimos años se han anunciado importantes planes de inversión, la realidad es que la mejora es lenta y a menudo invisible para el usuario habitual. Un sistema nuevo que, tras el inicio del AVE en 1992, todavía no tiene la estación que le correspondería en Barcelona. Estamos, eso sí, en 2026. Es la gran metáfora tan importante como la del corredor mediterráneo. ¿Dónde están?

El sistema actual de Cercanías en Cataluña es un desastre sin ningún tipo de consideración. Ir de un punto a otro conlleva un desbarajuste importante, no sólo de tiempo, sino de paciencia. Un día tras otro se comporta con tendencias similares. La falta de información es un grave problema que tampoco conocemos desde el interior del personal que trabaja en ello. Sanidad o educación se convierten en ejemplos de la nueva propuesta, con una mayoría de personas que ya no dependan de Madrid directamente. ¿Los problemas se han convertido en nuevas afectaciones o, últimamente, las cuestiones son más graves todavía? Yo tampoco conozco la consideración que cada uno mantiene. Por ahora, nadie, o casi nadie, ha hecho de este problema lo más interesante. Era necesario que un accidente en el AVE, fuera de Catalunya, y ese que ha costado una vida y media autopista nos llevaran al sistema actual.

Los Ferrocarriles de la Generalidad de Cataluña (FGC) son a menudo citados como un ejemplo de buena gestión. Sus líneas del Vallès y del Llobregat-Anoia tienen altas frecuencias, puntualidad elevada y una percepción de calidad muy positiva entre los usuarios. Además, han sabido combinar servicios metropolitanos con líneas de montaña como la del Cremallera de Montserrat o la de Núria, que tienen una gran capacidad turística. Las Terres de l'Ebre, el Pirineo o partes de la Catalunya Central reclaman mejores conexiones. El tren debe ser una herramienta de conexión territorial, pero sólo si éste llega a todas partes. Los episodios de lluvias intensas, calor extremo o viento afectan cada vez más a la red. Habrá que invertir en drenajes, materiales más resistentes y protocolos ferroviarios más robustos.

Las inversiones anunciadas, la presión social para un transporte público de calidad y la experiencia positiva de operadores como los de FGC muestran que es posible tener un sistema ferroviario moderno y eficiente. Es el reto para transformar ese potencial en realidad. Y esto requiere voluntad política, inversión sostenida y una visión a largo plazo. El tren no es sólo un medio de transporte, es la herramienta para construir un país más conectado y equilibrado. El tren es un gran instrumento clave para conseguirlo.

 

*Aprovecho para comunicar que he sido abuelo de una niña, la Mercè. A un año y una semana del primero, del Martí, quien me concedió esta nueva condición vital. ¡Buena entrada a la nueva vida, Mercè!

 

miércoles, 21 de enero de 2026

Noticiario breve.

 

La primera página abre con un titular de impacto muy trágico, el producido por dos trenes de alta velocidad que descarrilaron en Adamuz, Córdoba. Una cuarentena de muertos y ciento cincuenta heridos, una cifra provisional o la aritmética de una virulencia que "ha esparcido los cadáveres a cientos de metros", según el presidente de la comunidad andaluza. Las redes sociales se han llenado de mensajes de desesperación de gente que no lograba contactar con sus familiares. Algunos cuervos y otras especies carroñeras interesadas, sin embargo, ya graznan volando bajo en círculos desde primera hora intentando sacar réditos bastardos. El hedor morboso también es potente aspergiendo imágenes o protagonistas que han salido mejor parados. Si es necesario explicar que todo va mal sólo se requiere un titular encabezado por un verbo apocalíptico. Se vende más fácilmente un incendio que una reforma estructural. El primero arde rápidamente. Las redes sociales son el megáfono provocativo que lo convierten en plaga nefasta. Si los medios encienden la chispa, las redes esparcen indignación, ningún otro combustible produce tanta reacción. Las noticias negativas son como los virus, se replican, mutan y se hacen más agresivas. Y cuanto más absurdo, más eco. Tenemos desdichados ejemplos recientes.

La segunda afecta al presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que sufre dolores musculares intensos en las piernas a causa de una infección causada por una bacteria que es "muy poco frecuente". Éste es el reciente diagnóstico del equipo médico que le está atendiendo en el Hospital Vall d'Hebron, donde todavía sigue ingresado en la unidad de cuidados intensivos. La misteriosa y repentina cojera ha hecho circular todo tipo de rumores. Ya hay quien espoleaba a los adversarios a quitar el polvo de las urnas. Han sido unos días de incertidumbre médica con intrigas de todo tipo que insinuaban una gravedad -por fortuna no ha sido así- que se pretendía encubrir. Finalmente, el pronóstico es optimista, todo se solucionará, podremos verlo evolucionar sin tregua -ni chándal- del Palau al Parlament disputando una maratón que pasa por la Moncloa si las extremidades lo permiten.  

"No hay sábado sin sol ni procesión sin luz, ni barco sin bandera, ni libro sin mentira, ni doncella sin amor, ni viudita sin sollozo" se constata en una compilación de refranes. Yo añadiría que tampoco hay día sin tragicomedia en el que Trump no se convierta en el galán estelar de la osadía. Este lunes, el presidente de Estados Unidos ha enviado una carta al primer ministro de Noruega en la que asegura que, al no recibir el galardón -el Nobel-, ya no siente "la obligación" de pensar en la paz. En la misiva, el líder republicano vincula concretamente la amenaza expansionista de EEUU sobre Groenlandia a no haber logrado el ansiado premio. Una condición, de justicia reparadora, que habría degradado aún más la modalidad –“de la paz”– que lleva asociada. Otorgarlo a la venezolana no fue una decisión que haya contribuido mucho al prestigio. Asistir a la cesión con ostentación y como moneda de cambio hace reír para no llorar.

Dos mujeres, contratadas en régimen interno una como trabajadora doméstica y otra como fisioterapeuta, denuncian que recibieron presiones para mantener relaciones sexuales con Julio Iglesias, también bofetadas, tocamientos, insultos y vejaciones físicas y verbales, así como un ambiente de control y acoso continuados. Me quiero tomar en serio la defensa enardecida de la Ayuso, la Obregón y la del “alto” del Dúo Dinámico. Un trío para los coros de acompañamiento entonando las virtudes -un réquiem- del cantante. Los titulares son un cóctel de ases ganadores con comodines como “tragedia”, “crisis”, “colapso”, “escándalo”, “caos” y “vergüenza”. El póquer de los desastres al que   estamos abonados como ludópatas adictos al chisme obsceno y degradante.

Una información que podría ser un editorial. ¡Para pensar en ello! "Los más y más, más ricos españoles ganaron durante el pasado año una media de 77 millones de euros al día. El equivalente a lo que ganan un millón de trabajadores". Así lo manifiesta Oxfam Intermón en su informe sobre desigualdades que publica anualmente antes del inicio de la cumbre de Davos. ¡Pobrecitos, el millón de trabajadores!

Cerrando con frivolidad, como la sección rosa en pelotas de las noticias, cabe mencionar el partido del Barça contra una Real Sociedad renacida y eficaz. Contra Gil Manzano y Del Cerro Grande, un dúo arbitral de silbato fácil y melodía conocida. Contra el desacierto y la mala suerte de cinco remates al palo. El Barça bailó con todas las adversidades, pero su rival estuvo más acertado. Ahora está a un triste punto del Real Madrid. Una derrota remojada.

¡Llueve!

 

domingo, 11 de enero de 2026

Quebraderos futuros de cabeza.

 

El nuevo año llega cargado de desafíos que obligarían a gobiernos, empresas y al personal en general a tomar decisiones cada vez menos aplazables. Las propuestas delicadas son medidas impopulares; aquéllas que exigen repensar preferencias, asumir costes y aceptar que implican renuncias. El debate es especialmente relevante en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, transformaciones tecnológicas galopantes y una crisis climática que ya no admite dilaciones.

En la vertiente más personal he pedido este año a los reyes magos menos carbón y más energía positiva. Unos cielos limpios con más gorriones que aviones rasgando el horizonte y respeto por las acciones que nos alejen de las catástrofes climáticas. Una voluntad contradictoria si no consigo dejar de fumar. Más que acumular objetivos, quisiera simplificar, elegir mejor y valorar lo que realmente importa. Poner algunos límites para ser capaz de proteger el tiempo, la energía y la paz conmigo mismo. Sin fugas, ceremonias complicadas ni tener que abrazar árboles centenarios. Sólo un espacio íntimo, una especie de refugio en el que cobijarme de las expectativas externas a la vez que me permitan cultivar las relaciones significativas -las que importan-. Quisiera alejarme de la urgencia y de la inmediatez apremiantes. 

No quiero perder la curiosidad. Continuar siendo un aprendiz de la vida con intención. Quizás hacer menos, pero intentarlo un poco mejor buscando el apoyo de aquellas personas que nos hacen sentir bien y en paz, fieles con nosotros mismos. Debería ser un año para vivir con mayor voluntad. Hacer menos, pero cumplir con intensidad. Elegir proyectos que nos ilusionen, rodearnos de personas que nos hagan crecer y dedicar tiempo a lo que nos aporta sosiego. Sin embargo, si algún propósito se pierde por el camino, siempre podemos volver a intentarlo. A pesar de la apacible monotonía, todos los días pueden ser una oportunidad.

La primera de las intenciones, no tan personal como dejar de fumar e ir al gimnasio, debería ser desactivar a Trump y a su big band. Un festival de polémicas escandalosas con aranceles que han desguazado la economía, deportaciones masivas, insultos virales y decisiones extravagantes que han encendido medio mundo. Tensiones comerciales con los mercados inquietos. Mano dura migratoria con medidas severas -y asesinas- altamente criticadas por las ONG y algunos gobiernos extranjeros. Insultos y salidas de tono, incluyendo comentarios machistas y demandas grotescas como querer el Nobel de la Paz. Regalos y favores muy sospechosos, el de un avión de 400 millones procedente de Qatar que encendió muchas alarmas. Caos institucional, con el cierre de gobierno más largo de la historia en un año lleno de barullos encadenados. Una sinfonía de despropósitos con la guinda de Venezuela -un regalo de Fin de Año-, o la brújula que le lleva a la locura de pretender asaltar Groenlandia. El bocazas de Trump afirma que el único límite que tiene es su propia conciencia: "Mi propia moralidad. Mi propio criterio. Es lo único que puede detenerme". Concluye: "No necesito el derecho internacional".

Hacía tiempo que la inquietud y la incertidumbre no campaban tan abiertamente en el momento actual. El impacto de la influencia de los factores geográficos, económicos y políticos persistentes sobre las relaciones internacionales viven una época de vacas flacas colgando de un hilo finísimo. No es ningún capricho, pues, que en los deseos de paz y felicidad entren en conflicto cuando una es condición para la otra. También lo he puesto en la carta a sus majestades de oriente, aunque sea un manifiesto a la inocencia o un tratado en papel mojado de buena voluntad cargado de ingenuidad.

 

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

2025, manual básico de resignación.

 

El 2025 no entrará en el repertorio de los calendarios a codazos. No ha quebrado nada abruptamente ni ha impuesto un nuevo relato. Se ha limitado a ocupar espacio, como suelen los trastos acumulados, sin pedir permiso, con una persistencia agotadora. No será un año loado por sus hazañas ni por derribos memorables, sino por una suma de decepciones en apariencia menores que, reunidas, acaban creando un hato. No ha sido trágico ni glorioso. Pero sí incómodo. Si el 2024 aún jugaba a sorprender, el 2025 ha apostado directamente por el agotamiento. Algo, francamente, turbador.

La política del 2025 ha confirmado cómo la indignación ya no moviliza, distrae. Gobiernos, oposiciones y creadores de opinión han perfeccionado el arte de decir cosas sin aludir específicamente a ninguna. Se ha hablado mucho de responsabilidad, de consenso y de futuro, tres palabras que, combinadas, suelen indicar que no acontece gran cosa a corto plazo que no sea almacenar amenazas con mucha chatarra armamentista. Los asuntos no han empeorado lo suficiente para provocar alarma, pero sí para desgastar. Se ha asumido con una rapidez que preocupa. No ha habido pánico, sólo gestos pesimistas con un empeño casi rutinario. La política ha terminado por demostrar que la exasperación ya no incendia nada; a lo sumo, ilumina breves espacios de tiempo con astracanadas imperiales cautivadoras. Las palabras circulan con fluidez, pero ingrávidas. Responsabilidad, consenso, futuro integran un léxico tranquilizador, pronunciado en voz baja cuando hablar claro se ha convertido en el patrimonio grosero del insulto. También se ha aprendido a decir sin decir, a prometer sin implicarse para llenar un espacio sin alterarlo.

Catalunya ha continuado instalada en este lugar extraño en el que todo es importante, pero nada parece urgente, con mesas de diálogo de gran gesticulación conceptual. Exiguas herramientas políticas. En España, el relato fue el de la estabilidad frágil presentada como una hazaña heroica. Pactar es un acto de valentía casi revolucionario y cumplir acuerdos, como una opción sujeta a la disponibilidad emocional del momento. En el mundo, la geopolítica ha seguido funcionando como una sesión mal moderada en la que todo el mundo habla, nadie escucha y, de vez en cuando, se envía un mensaje vehemente. Los conflictos se alargan, las soluciones se aplazan y la comunidad internacional emite comunicados con la misma eficacia que un paraguas agujereado.

La economía de 2025 ha sido un ejercicio colectivo de malabarismo arancelario. Inflación que sube cuando no toca, precios que no bajan nunca cuando toca, y sueldos que simulan que se estiran mientras permanecen iguales. El mensaje oficial ha sido tranquilizador: "vamos mejor". El mensaje real: "vamos resistiendo". Hablar de vivienda ha sido como hablar del tiempo, todo el mundo se queja, nadie puede hacer gran cosa y siempre acaba lloviendo donde más duele. Comprar es una fantasía, alquilar es una carrera de obstáculos cuando emanciparse se ha convertido en una temeridad. Las empresas han descubierto que la palabra "resiliencia" sirve tanto para justificar despidos como para vender optimismo corporativo. Mientras, los trabajadores han comprobado cómo la flexibilidad siempre es obligatoria.

2025 ha sido el año en que la tecnología ha acabado de convencernos de que puede hacerlo todo, salvo traernos la paz. La inteligencia artificial redacta textos, hace diagnósticos, recomienda contenidos y toma decisiones con una seguridad que ya querríamos muchos humanos. El problema no es que se equivoque, es que a menudo no sabemos quién ha decidido dejarla decidir. La privacidad ha continuado siendo ese valor abstracto que defendemos con ímpetu hasta que aceptamos todas las galletas para leer un artículo mediocre como éste. Las redes sociales, lejos de morir, han mutado en versiones aún más adictivas, demostrando que el negocio no es conectar a personas, sino retener la atención a cualquier precio.

La cultura en 2025 no ha salvado al mundo, pero ha ayudado a no tirarlo a la papelera. Series, libros, teatro y conciertos han ejercido de almohada emocional colectiva. Hemos consumido ficción apocalíptica para relajarnos, como quien mira películas de desastres para recordar que siempre podría ir a peor. En Catalunya, la cultura ha continuado haciendo equilibrios entre la precariedad y la persistencia. Festivales llenos, creadores extenuados e instituciones que llegan tarde, pero con discursos muy trabados. La lengua y la identidad han estado presentes como un motor creativo.

Uno de los triunfos silenciosos de 2025 ha sido convertirlo casi todo en ordinario, usual. La crisis climática, los conflictos lejanos pero constantes, el cansancio compartido. Todo forma parte del paisaje panorámico. Vivimos informados, pero emocionalmente a cierta distancia. Nos activamos brevemente, opinamos con intensidad corta y después continuamos. No por indiferencia, sino por supervivencia y -también- por salud mental.

El 2025 no se termina, se amontona y se arrastra. No deja demasiados aprendizajes, sino hábitos. Nos hemos acostumbrado a todo -a los precios absurdos, a los discursos vacíos, a las crisis eternas- con una rapidez que debería preocupar más que tranquilizar. Hemos ligado adaptación con resignación, sarcasmo con inteligencia y cansancio con plenitud. Reírnos del desastre ayuda a digerirlo, pero no lo derrite. Sólo lo hace llevadero.

El 2026 llegará ofreciendo cambios, como siempre. El problema es si todavía recordaremos lo que queríamos que cambiara. Porque quizás lo peor que nos ha dejado el 2025 no es un mundo que funciona mal, sino una sociedad que ya lo encuentra normal.

¡Buen 2026!

 

martes, 23 de diciembre de 2025

Inmigración en Catalunya.

 

Un día de principios de los años sesenta mi padre me dijo que quizás vendría a vivir a casa una familia andaluza que buscaba trabajo y alojamiento. Un evento que no se concretó porque las circunstancias les fueron favorables. En un rincón de la memoria infantil borrosa guardo el agradecimiento de aquella gente. Media eternidad después recuerdo cómo la Inspección de Educación me anunció que había sido propuesto para dirigir un centro de alta complejidad en Badalona, ​​el B9. La incertidumbre y mi asombro sólo duró tres días, un profesor del claustro asumió la responsabilidad. Ahora, el instituto B9 -cerrado- es portada en los medios por la contundencia con que se ha desalojado, porque hace frío, porque bajo los puentes también llueve a cántaros y porque es Navidad. Dickens y el señor Scrooge cobran vigencia más allá de las representaciones edulcoradas en formato cuento de Navidad.  

Me duele Badalona -que bonita es Badalona, ​​se cantaba- ciudad donde trabajé durante siete cursos desde el postolímpico 1992. Entre el fulgor y los árboles de Navidad de récord, sufre un episodio de desalojo que, como mínimo, se da de bofetadas. Badalona no es ajena al fenómeno migratorio. De aquél con el que se compartía nacionalidad y creencia, a pesar del estigma social impuesto por la diferencia de clase y de origen geográfico peninsular, que definía el -hoy- descatalogado charnego, hemos llegado al moro o al negro. Sólo un par de cromos en el gran catálogo del álbum étnico en el metro en horas punta, por ejemplo. De la huida de la miseria -que ahora también lo es- a escapar de los conflictos y las desigualdades globales Norte-Sur buscando oportunidades y proyectos para rehacer vidas.

  Los protagonistas son siempre los débiles, los pobres. Los de esa época provenían mayoritariamente de Andalucía, Extremadura, Murcia y Castilla-La Mancha. En mi pueblo en el Ripollès cercano a Francia los llamábamos los de las Castillas, un plural que englobaba la totalidad de orígenes quizás porque todos hablaban castellano. La oleada actual es heterogénea. De Marruecos, de América Latina, de la Europa del Este, del África subsahariana, o de Asia. Esta diversidad aporta una pluralidad de lenguas, religiones y de costumbres en una confluencia extraordinariamente compleja. La llegada masiva de los años cincuenta pilló las ciudades catalanas desprevenidas. Barraquismo inicial y, más tarde, la construcción de grandes polígonos de bloques de pisos en zonas periféricas. Eran barrios dormitorio con graves carencias de servicios básicos y de urbanismo, donde la lucha vecinal fue clave para conseguir escuelas, ambulatorios, asfalto o alcantarillados.

La inmigración ya no construye frágiles chabolas, pero se enfrenta a la precariedad heredada de los centros históricos degradados o los propios barrios periféricos construidos en los años sesenta. Pisos patera sobreocupados con elevados precios del alquiler. Aunque los barrios cuentan con servicios, el riesgo de segregación escolar y residencial es una realidad. De los hombres viniendo a buscar trabajo a la fábrica o en la construcción para traer a la mujer y a los hijos una vez instalados a la inmigración actual donde la feminización es un rasgo distintivo. Muchas mujeres inician el proyecto migratorio, especialmente las de origen latinoamericano, viniendo solas para trabajar en el sector de los cuidados y el servicio doméstico.

Los inmigrantes de los años cincuenta entraron en una economía industrial en expansión pese a sus duras condiciones. Había una expectativa real de movilidad social ascendente: el padre era peón, pero el hijo podía llegar a la universidad. Hoy, el mercado laboral es mucho más inestable. Los inmigrantes suelen ocupar el sector servicios, hostelería y otros trabajos sin prestigio social ni demanda. El ascenso social es mucho más lento y difícil a causa de las crisis económicas cíclicas y la burocracia legal, la losa que a menudo condena a muchas personas a la economía sumergida durante años. El ascensor social se ha oxidado si todavía funciona.

Durante el franquismo, el catalán era una lengua perseguida que con la llegada de castellanohablantes fue utilizada por el régimen para intentar diluir la identidad nacional catalana. Sin embargo, muchos hijos de aquellos inmigrantes se catalanizaron a través de la escuela y el ascenso social, haciendo suya la consigna: "Es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña”. Actualmente, el contexto es distinto. El catalán es lengua oficial y vehicular en la escuela, pero compite en un mundo globalizado con el castellano y el inglés. Para los nuevos migrantes aprender catalán es una herramienta de integración, pero no siempre es su prioridad. La diversidad lingüística actual es un rompecabezas que incide de lleno en la cohesión social.

Catalunya ha pasado de ser una sociedad que integraba a otros españoles a ser una sociedad que debe incorporar el mundo entero. La inmigración de los 50 y 60 sentó las bases de la Catalunya moderna y demostró que la identidad catalana es maleable e inclusiva. La inmigración actual nos plantea un reto de mayor escala, pasar de la coexistencia a la convivencia real. El éxito de la Catalunya del futuro dependerá, como ocurrió en el pasado, de la capacidad de garantizar la igualdad de oportunidades para todos, independientemente de su lugar de nacimiento. Redefiniendo el mensaje, porque las migajas que caen de la mesa del feroz personalismo ultraconservador y populista son recogidas con una xenofobia rampante, como una mancha de aceite, también en esta orilla del Atlántico y del Ebro arriba. Persona también debe ser quien malvive y busca una oportunidad en el mundo.

Los profundos cambios económicos, políticos y culturales provocados por este fenómeno en las sociedades receptoras nos conducen a la gran cuestión. ¿Existirán voluntades y soluciones inteligentes, innovadoras y eficaces para afrontarla?

 

sábado, 13 de diciembre de 2025

Pesebre viviente.

 

De acuerdo con el boletín oficial de las liturgias, el tiempo de adviento comienza el cuarto domingo antes de la fiesta de Navidad. El encendido de luces, entre las rivalidades por quién eleva el árbol más alto, más grueso y más iluminado, ensancha el período en una competencia casi desleal para exhibirlo en cada edición más cargada de connotaciones fálicas que beatíficas. ¿Quién lo tendrá más largo? Si descartamos el plantado permanentemente por la escuela gaudiniana en la Sagrada Familia -culminada casi la torre de Jesucristo con la cruz-, la palma se la lleva el empinado alcalde de Badalona.

Inmersos en el consumismo de este tiempo de burbujas y guiños, la laicidad gana terreno pese a la implacable oscuridad impuesta por el solsticio de invierno. El nombre sí hace la cosa en la intención trascendente de los creyentes irradiados por la buena nueva: el hijo de Dios ha nacido. Un paseo por las ferias de Navidad en las grandes ciudades ilustra y permite llenar los rincones del hogar con guirnaldas y elementos decorativos donde el resplandor, los colores y todo tipo de accesorios compiten para calentar la frialdad ambiental de los días. Elementos de temporada que salen y reviven año tras año. El tió, Papá Noel, los abetos y uno que tiene -o tenía- especial protagonismo, el pesebre. Éste representa el microcosmos en miniatura del momento en que nace el Salvador. Un mapa, una representación estática a escala de los personajes bíblicos que le van a adorar. Son todavía muchos los lugares donde se representa y recrea la escena con belenes vivientes.

Este año, en Barcelona, ​​no existe el tradicional pesebre que el Ayuntamiento armaba en la plaza de Sant Jaume. Los críticos y los devotos de la iniciativa han perdido los argumentos, no hay una referencia física convocando el espíritu navideño desde las tendencias y estéticas diversas que lucían las ediciones anteriores, cuando se instalaba. Muerto el perro, muerta la rabia, pues. Perduran los pesebres de siempre desempolvados Navidad tras Navidad en lugares e iglesias donde la tradición no es susceptible de ser interpretada. Belenes como es debido, sin irreverencias, murmura una bienaventurada abuela admirando los mofletes tiernos del Niño Jesús. Si pudiera acercarse, se lo comería a besos.

Estas Navidades, el consistorio barcelonés ha puesto el foco, según fuentes bien informadas, a lo ancho de toda la ciudad. Toda Barcelona es un belén, del Llobregat al Besòs y desde Montjuïc -de la Font del Gat- al Moll de la Fusta. Toda la cuadrícula de Cerdà con las irregularidades excepcionales, a la vez, territorio propicio para un pesebre -no me atrevo a llamarlo viviente- con el epicentro incuestionable en la fachada del Nacimiento de Gaudí. Mientras algunos quieren llegar al cielo trepando rama a rama, Barcelona ha sido distinguida como Capital Europea de la Navidad 2026. Un reconocimiento internacional esquivando el vértigo de las alturas que este año el Ayuntamiento empieza a ensayar.

Barcelona, capital del belén europeo, mapa nocturno de calles resplandecientes siguiendo la proporción de un urbanismo racional con puntos significados para atraer a miles y miles de pastorcillos con zurrón de ruedas desafinando villancicos por las aceras. La Navidad también nos avanza vertiginosamente -cuidado, pajes por la derecha en patinete- mientras viajan los tres Reyes Magos guiando un tropel veloz de misiles como estrellas. Se acercan majestuosamente el rubio de epidermis enfermiza -azafranada-, el blanco que se parecería a Putin con barba blanca postiza y uno negro pintado de manera torpe siguiendo nuestra costumbre, que podría ser tanto el dirigente chino como el presidente israelí. En el decorado festivo, la Torre Agbar, o como se llame ahora -la conocida como el supositorio- es un faro para los aviones -camellos presidenciales- rumbo a la Ricarda, donde los patos astutos han migrado huyendo de las cazuelas con nabos de la cocina festiva. A Trump le da la impresión desde las alturas que el mojón deslumbrante de la torre es la deposición literal del tió donde se proyecta un flequillo enredado y unas patillas de vocalista patético; podría ser Milei con los pantalones bajados en actitud poco digna.

Según las citadas fuentes municipales, desde la gerencia del Área de Movilidad, Infraestructuras y Servicios Urbanos del Ayuntamiento de Barcelona se trabaja y se está al caso respecto de aupar Barcelona al nivel de Vigo o de Badalona. Más allá todavía, deben poder arrugarlas. Los responsables de la movilidad le dan vueltas. Analizan el impacto de los rótulos de la calle Aragó, por ejemplo, del "Vens per Nadal?", "Busca el caganer!", "Més escudella!", "I demà, canelons", "Quants serem?", "Qui porta el cava?", al que cierra la serie "A dormir d'hora", un guiño rompedor en la cronología narrativa de les sucesivas fiestas desde el día de Navidad a la festividad de Reyes. Los índices de topetazos leves a causa de las distracciones, cuando se encienden los rótulos luminosos de esta calle, han subido notablemente. Ya hay quien, de cara al 2026, ha propuesto retirarlos matando dos pájaros -no dos patos de la Ricarda- de un tiro. Se trataría de rechazar la tentación provinciana por los mensajes -en catalán- y ahorrar sustos y actos de conciliación por los testarazos leves en carrocerías sensibles.

Detectados a vista de pájaro los colapsos circulatorios por las huelgas recientes, los responsables están rumiando la posibilidad de exigir medidas adicionales para autorizar estos disturbios gremiales en la calle coincidiendo con la nominación de Capital Europea de la Navidad 2026. Los taxistas deberán manifestarse disfrazados de elfos traviesos con los vehículos tuneados de trineo con renos mientras los médicos enojados de bata blanca deberán mimetizarse con el paisaje urbano navideño como si fueran muñecos de nieve con gafas y una zanahoria por nariz.

¡Buen adviento!