En esta entrada quiero hablar de la llegada de Mercè a
casa. Durante un año y un mes nos han llegado dos bebés, Martí el mayor, y
Mercè, recién nacida, no tiene casi más de quince días. Una cosita, comparada
con Martí, que acaba de llegar al mundo sin más que hacer por ahora. Ella y sus
manías propias de una edad que no deben hacer otra cosa que mirárselo con esa
indiferencia que todos deberíamos haber tenido. Mercè es una cosita pequeñita,
mucho más que el primo Martí, que por razones de la edad y para hacerse ver ha
decidido empezar a caminar justo en estas circunstancias. En la deferencia que
pesa sobre lo familiar, hemos puesto fotos de ambos en algunos rincones. La
estimación y los espacios se duplican a pesar de la advertencia que le hice a
Martí. “¡Ojo niño, llegará una niña, la Mercè!”. Me miró como quien no sabe de
quién le hablaba.
Creo que él, el pequeño, más apegado a no perder el
equilibrio mientras camina, no estaba demasiado al caso. Por ahora no se la ha
contemplado con demasiado detenimiento. Ya se verá cómo termina este proceso. Fue
justo el rato cuando el padre se descargó del peso minúsculo que llevaba encima
del pecho. La niña necesita aquellas cosas que la hacen sentir todavía en el
interior humano -calidísimo- de donde la naturaleza la ha echado. Sentirse
importante es algo que irá más allá. Por ahora se nutre, si no llora, para
reclamar su existencia. ¡Eh, estoy aquí! Algo que yo me hacía traducir durante
el embarazo a meses, una prevención -un prejuicio, para entendernos- como la de
contar las grandes cantidades a pesetas vitales para captar su magnitud con la
precisión aproximada de hace unas décadas. Esto mismo yo ya lo decía cuando
Martí nació.
La llegada de la Mercè es también única. Una persona
más añadida con una silla también única en la relación familiar. Una más. Una
cosita, mirándonos con la sorpresa de aquello a lo que no hemos estado
acostumbrados todavía. Poco a poco desarraiga sus pulsiones humanas; por ahora
ya nos mira sin poner demasiado detenimiento. Nos contempla. ¡Qué debe ver en
estos pequeños momentos!
Por ahora, la Mercè hace poco. Mama, duerme y, de vez
en cuando, abre los ojos con la curiosidad de quien lo tiene todo por hacer,
mirar, escuchar y vivir. ¡Por muchos años, Mercè! Esto también lo decía cuando
llegó Martí a casa. En sus descubrimientos se puede contrastar nuestra novedad,
ella misma. Por ahora el juego de espejos se va definiendo. El boceto, por
ahora, es del padre, existe un acuerdo unánime al respecto. Y la tía de Martí,
ahora novel y recién inaugurada como madre, dice que ella de pequeña tenía el
mismo pelo y unos ojillos similares. A mí me encanta la manera de poner la mano
con el puño cerrado debajo de la barbilla como yo suelo hacer a menudo. Todo es
encontrar la semejanza.
Una niña mediática. Eso sí. Inauguró las entradas en
lo memorial del ARA, justo antes de nacer. Cosas de la profesión materna. Y fue
felicitada en la radio por Ricard Ustrell al día siguiente de nacer. Como la
profecía, a la semana de asomarse, por parte del padre y de sus preferencias,
anunciando en un programa de Betevé que sería padre de Mercè Labró, una
licencia participada del día en el que ella llegó al mundo. Era evidente, si
nacía en un día par, se diría como mamá, girarían los apellidos. Pero el padre,
después de ver cómo sufren las madres en días como este, decidió que Mercè se
llamaría Labró de primer apellido. ¡Cosas de la burocracia administrativa!
Ella, para todos nosotros, sigue siendo la Mercè.
¡Estimada Mercè!
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