miércoles, 11 de febrero de 2026

La Mercè llega a casa.

 

En esta entrada quiero hablar de la llegada de Mercè a casa. Durante un año y un mes nos han llegado dos bebés, Martí el mayor, y Mercè, recién nacida, no tiene casi más de quince días. Una cosita, comparada con Martí, que acaba de llegar al mundo sin más que hacer por ahora. Ella y sus manías propias de una edad que no deben hacer otra cosa que mirárselo con esa indiferencia que todos deberíamos haber tenido. Mercè es una cosita pequeñita, mucho más que el primo Martí, que por razones de la edad y para hacerse ver ha decidido empezar a caminar justo en estas circunstancias. En la deferencia que pesa sobre lo familiar, hemos puesto fotos de ambos en algunos rincones. La estimación y los espacios se duplican a pesar de la advertencia que le hice a Martí. “¡Ojo niño, llegará una niña, la Mercè!”. Me miró como quien no sabe de quién le hablaba.

Creo que él, el pequeño, más apegado a no perder el equilibrio mientras camina, no estaba demasiado al caso. Por ahora no se la ha contemplado con demasiado detenimiento. Ya se verá cómo termina este proceso. Fue justo el rato cuando el padre se descargó del peso minúsculo que llevaba encima del pecho. La niña necesita aquellas cosas que la hacen sentir todavía en el interior humano -calidísimo- de donde la naturaleza la ha echado. Sentirse importante es algo que irá más allá. Por ahora se nutre, si no llora, para reclamar su existencia. ¡Eh, estoy aquí! Algo que yo me hacía traducir durante el embarazo a meses, una prevención -un prejuicio, para entendernos- como la de contar las grandes cantidades a pesetas vitales para captar su magnitud con la precisión aproximada de hace unas décadas. Esto mismo yo ya lo decía cuando Martí nació.

La llegada de la Mercè es también única. Una persona más añadida con una silla también única en la relación familiar. Una más. Una cosita, mirándonos con la sorpresa de aquello a lo que no hemos estado acostumbrados todavía. Poco a poco desarraiga sus pulsiones humanas; por ahora ya nos mira sin poner demasiado detenimiento. Nos contempla. ¡Qué debe ver en estos pequeños momentos!

Por ahora, la Mercè hace poco. Mama, duerme y, de vez en cuando, abre los ojos con la curiosidad de quien lo tiene todo por hacer, mirar, escuchar y vivir. ¡Por muchos años, Mercè! Esto también lo decía cuando llegó Martí a casa. En sus descubrimientos se puede contrastar nuestra novedad, ella misma. Por ahora el juego de espejos se va definiendo. El boceto, por ahora, es del padre, existe un acuerdo unánime al respecto. Y la tía de Martí, ahora novel y recién inaugurada como madre, dice que ella de pequeña tenía el mismo pelo y unos ojillos similares. A mí me encanta la manera de poner la mano con el puño cerrado debajo de la barbilla como yo suelo hacer a menudo. Todo es encontrar la semejanza.

Una niña mediática. Eso sí. Inauguró las entradas en lo memorial del ARA, justo antes de nacer. Cosas de la profesión materna. Y fue felicitada en la radio por Ricard Ustrell al día siguiente de nacer. Como la profecía, a la semana de asomarse, por parte del padre y de sus preferencias, anunciando en un programa de Betevé que sería padre de Mercè Labró, una licencia participada del día en el que ella llegó al mundo. Era evidente, si nacía en un día par, se diría como mamá, girarían los apellidos. Pero el padre, después de ver cómo sufren las madres en días como este, decidió que Mercè se llamaría Labró de primer apellido. ¡Cosas de la burocracia administrativa! Ella, para todos nosotros, sigue siendo la Mercè.

¡Estimada Mercè!

No hay comentarios:

Publicar un comentario