La primera página abre con un titular de impacto muy
trágico, el producido por dos trenes de alta velocidad que descarrilaron en
Adamuz, Córdoba. Una cuarentena de muertos y ciento cincuenta heridos, una
cifra provisional o la aritmética de una virulencia que "ha esparcido los
cadáveres a cientos de metros", según el presidente de la comunidad
andaluza. Las redes sociales se han llenado de mensajes de desesperación
de gente que no lograba contactar con sus familiares. Algunos cuervos y otras
especies carroñeras interesadas, sin embargo, ya graznan volando bajo en
círculos desde primera hora intentando sacar réditos bastardos. El hedor
morboso también es potente aspergiendo imágenes o protagonistas que han salido
mejor parados. Si es necesario explicar que todo va mal sólo se requiere
un titular encabezado por un verbo apocalíptico. Se vende más fácilmente un
incendio que una reforma estructural. El primero arde rápidamente. Las redes
sociales son el megáfono provocativo que lo convierten en plaga nefasta. Si los
medios encienden la chispa, las redes esparcen indignación, ningún otro
combustible produce tanta reacción. Las noticias negativas son como los virus,
se replican, mutan y se hacen más agresivas. Y cuanto más absurdo, más eco.
Tenemos desdichados ejemplos recientes.
La segunda afecta al presidente de la Generalitat,
Salvador Illa, que sufre dolores musculares intensos en las piernas a causa de
una infección causada por una bacteria que es "muy poco frecuente".
Éste es el reciente diagnóstico del equipo médico que le está atendiendo en el
Hospital Vall d'Hebron, donde todavía sigue ingresado en la unidad de cuidados
intensivos. La misteriosa y repentina cojera ha hecho circular todo tipo de
rumores. Ya hay quien espoleaba a los adversarios a quitar el polvo de las
urnas. Han sido unos días de incertidumbre médica con intrigas de todo tipo que
insinuaban una gravedad -por fortuna no ha sido así- que se pretendía encubrir.
Finalmente, el pronóstico es optimista, todo se solucionará, podremos verlo
evolucionar sin tregua -ni chándal- del Palau al Parlament disputando una
maratón que pasa por la Moncloa si las extremidades lo permiten.
"No hay sábado sin sol ni procesión sin luz, ni
barco sin bandera, ni libro sin mentira, ni doncella sin amor, ni viudita sin sollozo"
se constata en una compilación de refranes. Yo añadiría que tampoco hay día sin
tragicomedia en el que Trump no se convierta en el galán estelar de la osadía.
Este lunes, el presidente de Estados Unidos ha enviado una carta al primer
ministro de Noruega en la que asegura que, al no recibir el galardón -el Nobel-,
ya no siente "la obligación" de pensar en la paz. En la misiva, el
líder republicano vincula concretamente la amenaza expansionista de EEUU sobre
Groenlandia a no haber logrado el ansiado premio. Una condición, de justicia
reparadora, que habría degradado aún más la modalidad –“de la paz”– que lleva
asociada. Otorgarlo a la venezolana no fue una decisión que haya contribuido
mucho al prestigio. Asistir a la cesión con ostentación y como moneda de cambio
hace reír para no llorar.
Dos mujeres, contratadas en régimen interno una como
trabajadora doméstica y otra como fisioterapeuta, denuncian que recibieron
presiones para mantener relaciones sexuales con Julio Iglesias, también
bofetadas, tocamientos, insultos y vejaciones físicas y verbales, así como un
ambiente de control y acoso continuados. Me quiero tomar en serio la defensa enardecida
de la Ayuso, la Obregón y la del “alto” del Dúo Dinámico. Un trío para los coros
de acompañamiento entonando las virtudes -un réquiem- del cantante. Los
titulares son un cóctel de ases ganadores con comodines como “tragedia”,
“crisis”, “colapso”, “escándalo”, “caos” y “vergüenza”. El póquer de los
desastres al que estamos abonados como ludópatas adictos al
chisme obsceno y degradante.
Una información que podría ser un editorial. ¡Para
pensar en ello! "Los más y más, más ricos españoles ganaron durante el
pasado año una media de 77 millones de euros al día. El equivalente a lo que
ganan un millón de trabajadores". Así lo manifiesta Oxfam Intermón en
su informe sobre desigualdades que publica anualmente antes del inicio de la
cumbre de Davos. ¡Pobrecitos, el millón de trabajadores!
Cerrando con frivolidad, como la sección rosa en pelotas
de las noticias, cabe mencionar el partido del Barça contra una Real Sociedad
renacida y eficaz. Contra Gil Manzano y Del Cerro Grande, un dúo arbitral de silbato
fácil y melodía conocida. Contra el desacierto y la mala suerte de cinco
remates al palo. El Barça bailó con todas las adversidades, pero su rival
estuvo más acertado. Ahora está a un triste punto del Real Madrid. Una derrota
remojada.
¡Llueve!
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