martes, 22 de febrero de 2022

Batacazos.

 

Esta pertinaz sequía que nos abraza estrangulando de sed los cultivos y los bosques, por ahora, sólo deja florecer las malas hierbas, aquellas que en el transcurso de la historia la humanidad ha sido incapaz de arrasar. Acontece que con poquísima agua nacen y arraigan con firmeza de vez en cuando. La percepción de inquietud no nos abandona mientras sigue coleando incierta la pandemia. La nueva tierra prometida feliz que nos debía llevar a haber medio vencido al dragón vírico, a pesar de las bajas en el combate, sigue siendo un solar bastante baldío y con poca verdura donde pacer las perspectivas de salir reforzados y mejores. Argumentos para optimistas ingenuos desautorizados por la dura y pura realidad que nos rodea.

Vuelven los envites en el telón de acero que creíamos derretido para edificar una paz que sufre el goteo del deshielo, como una gota malaya, mientras los afanes de las grandes potencias tienen aterrorizados a los habitantes civiles pendientes de la oratoria grandilocuente de los líderes. Cuando los tambores de guerra percuden fuerte, estremece la fría mirada serena justificando los cálculos y la estrategia cargada de evidencias bélicas. Putin en el papel de historiador justiciero con el pasado, Biden quebradizo y frágil trepando al helicóptero presidencial. ¿Y Europa? Descolocada. Ucrania en medio porque dos se peleaban y el tercero recibió. Soy incapaz de realizar un análisis o de tener un criterio al respecto cuando hay más palomas que mensajes ciertos. Desgraciadamente vuelven a pintar bastos. La geopolítica global también se ve afectada por el cambio, sino climático, de escenarios i de preeminencia a batacazos en la escena global.

 

Flotamos con una rara placidez en una balsa infecta de aguas contaminadas donde chapotean los instintos más mezquinos asistiendo como simples espectadores, nos quieren un ejército de presencias sin criterio pero con voto. El espectáculo de los dirigentes, las cabezas visibles y las manos negras que mueven los hilos detrás, es lamentable. Lo decepcionante sería que la mayoría de las personas, aisladas y sin intereses espurios, comulgáramos con los mensajes que nos venden de oferta. Son momentos delicados que los predicadores de la solución fácil aprovechan para esparcir su evangelio sin tapujos mientras algunos gritan ufanos otra vez ¡Vivan las cadenas!

El espectáculo cainita que protagonizan Casado y Ayuso también es penoso. De la anécdota a la que nos han acostumbrado algunos dirigentes respecto a unas comisiones presuntamente legítimas referidas a unas mascarillas -esta vez han tenido el detalle de ponerse una careta- a la implosión del partido hay un cúmulo de ropa sucia que han decidido baldear en los lavaderos de la plaza pública, a plena luz del día. Trapicheos por el poder que los profetas ya predecían. Este chico con debilidades agropecuarias por las escenas con corderos pastando en una estampa bucólica castellanoleonesa ha sido borrado por la estampa castiza de Ayuso. Una lideresa cañí que pisa firme a quien el pueblo de Madrid aprecia tanto como los churros o los bocadillos de calamares.

En el charco infecto de la alevosía política a Casado le ha rebotado el arma arrojadiza contra la reina del chotis que sale victoriosa y aclamada. Una sociedad que vitorea a la que debería haber abandonado por decencia, se lo debe hacer mirar. Viendo las imágenes y los gritos de Ayuso “presidenta” se me pasó por la cabeza el vivan las cadenas que mencionaba antes en versión corrupción. En Madrid, ¿sólo hay ayusistas?

 

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