Esta
pertinaz sequía que nos abraza estrangulando de sed los cultivos y los bosques,
por ahora, sólo deja florecer las malas hierbas, aquellas que en el transcurso
de la historia la humanidad ha sido incapaz de arrasar. Acontece que con
poquísima agua nacen y arraigan con firmeza de vez en cuando. La
percepción de inquietud no nos abandona mientras sigue coleando incierta la
pandemia. La nueva tierra prometida feliz que nos debía llevar a haber
medio vencido al dragón vírico, a pesar de las bajas en el combate, sigue
siendo un solar bastante baldío y con poca verdura donde pacer las perspectivas
de salir reforzados y mejores. Argumentos para optimistas ingenuos
desautorizados por la dura y pura realidad que nos rodea.
Vuelven
los envites en el telón de acero que creíamos derretido para edificar una paz
que sufre el goteo del deshielo, como una gota malaya, mientras los afanes de
las grandes potencias tienen aterrorizados a los habitantes civiles pendientes
de la oratoria grandilocuente de los líderes. Cuando los tambores de
guerra percuden fuerte, estremece la fría mirada serena justificando los
cálculos y la estrategia cargada de evidencias bélicas. Putin en el papel
de historiador justiciero con el pasado, Biden quebradizo y frágil trepando al
helicóptero presidencial. ¿Y Europa? Descolocada. Ucrania en
medio porque dos se peleaban y el tercero recibió. Soy incapaz de realizar
un análisis o de tener un criterio al respecto cuando hay más palomas que mensajes
ciertos. Desgraciadamente vuelven a pintar bastos. La geopolítica
global también se ve afectada por el cambio, sino climático, de escenarios i de
preeminencia a batacazos en la escena global.
Flotamos
con una rara placidez en una balsa infecta de aguas contaminadas donde
chapotean los instintos más mezquinos asistiendo como simples espectadores, nos
quieren un ejército de presencias sin criterio pero con voto. El
espectáculo de los dirigentes, las cabezas visibles y las manos negras que
mueven los hilos detrás, es lamentable. Lo decepcionante sería que la
mayoría de las personas, aisladas y sin intereses espurios, comulgáramos con
los mensajes que nos venden de oferta. Son momentos delicados que los
predicadores de la solución fácil aprovechan para esparcir su evangelio sin
tapujos mientras algunos gritan ufanos otra vez ¡Vivan las cadenas!
El
espectáculo cainita que protagonizan Casado y Ayuso también es penoso. De
la anécdota a la que nos han acostumbrado algunos dirigentes respecto a unas
comisiones presuntamente legítimas referidas a unas mascarillas -esta vez han
tenido el detalle de ponerse una careta- a la implosión del partido hay un
cúmulo de ropa sucia que han decidido baldear en los lavaderos de la plaza
pública, a plena luz del día. Trapicheos por el poder que los profetas ya
predecían. Este chico con debilidades agropecuarias por las escenas con
corderos pastando en una estampa bucólica castellanoleonesa ha sido borrado por
la estampa castiza de Ayuso. Una lideresa cañí que pisa firme a quien el pueblo de Madrid aprecia
tanto como los churros o los bocadillos de calamares.
En
el charco infecto de la alevosía política a Casado le ha rebotado el arma
arrojadiza contra la reina del chotis que sale victoriosa y aclamada. Una
sociedad que vitorea a la que debería haber abandonado por decencia, se lo debe
hacer mirar. Viendo las imágenes y los gritos de Ayuso “presidenta” se me
pasó por la cabeza el vivan las cadenas que mencionaba antes en versión
corrupción. En Madrid, ¿sólo hay ayusistas?
¡Publicado dos días antes del comienzo de la guerra!
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