lunes, 30 de abril de 2018

Cirugía fina.


La España convulsa -de sórdida, la califican algunos- late arrítmica con la tensión -presión- arterial descompensada. No tiene buena cara, algo no funciona. Cosas de la primavera rabiosa, del polen o del cambio a la hora de verano. Los optimistas convencidos calculan que con una cataplasma de hierbas medicinales todo pasará. Los vascos ya han enviado un ramo de flores y un frasco con vitaminas para levantarle el ánimo y reavivar el estado desganado pasajero que acarrea. Tendremos que seguir la evolución y los efectos de tanta esplendidez altruista.

Postrada como se la ve en estos momentos duros se ha de agradecer el apoyo y las visitas que recibe. A consolarla y a apoyarla, insignes prohombres universales se les ha visto rondar por la sala de espera equipados preventivamente contra la exposición accidental a los fluidos y con buena disposición. No hagáis caso de aquellos que hablan de una transfusión de chatarra política obsoleta internacional cuando Manuel Valls o Mario Vargas Llosa en persona, arriesgando el cuerpo y el espíritu, se les ha visto velando con un peluche republicano -al parisino- y con una caja de chocolatinas -al peruano- aguardando el turno. La solidaridad exterior sin metáforas son estos gestos determinados a chamuscar toda la carne en el asador electoral de esta barbacoa hipercalórica que se acerca justo cuando el prestigio y el crédito más allá de la frontera tambalean. 

Dicen que la paciente pone toda la energía en mejorar, pero el semblante es de mozuela correosa, con más arrugas que un fuelle de acordeón. De hecho, esta era la voluntad oculta y el destino verdadero de las polémicas cremas que una dirigente -ahora dimitida- quería llevarle a escondidas. Una buena friega epidérmica y cuatro piropos para levantar el amor propio de cara a la Europa incrédula y melindrosa que rechaza -como si se tratara de un remanente rancio de despensa- las medallas del ministro del interior.

Con Cataluña convaleciente de juanetes por extirpar y una molesta callosidad republicana en la planta del pie izquierdo, el panorama que dibujan las analíticas y las resonancias diversas ha comportado que los de cabecera, escandalizados por el exceso de alarmas en los índices, lo hayan remitido a los especialistas; la cosa -coinciden mayoritariamente- no es para tirar cohetes. La esperanza, sin embargo, es lo último que se pierde. Continuaremos apasionadamente atentos a cómo progresa todo. Mientras, el cirujano de planta en jefe ya ha anunciado, tras el tratamiento de choque del 155, que si es necesario recurrirán a la "cirugía fina". Esperemos que la prospectiva médica, las conjeturas sobre la evolución, no se resuelva con una amputación traumática. 

Dado que las desgracias nunca llegan solas, el colapso por acumulación parece grave. Una epidemia sin etiología comprensible -o sí- ha atacado el sistema inmunológico judicial como la crónica de una sentencia anunciada sobrepasando-lo. Los dispensarios de justicia subsisten rebasados ​​por la furibunda reacción mayoritaria de las mujeres, cabreadas y muy ofendidas. Mala pieza en el telar. Oportunamente y ágil el ministro del ramo ya ha puesto las cosas en su sitio, según este responsable uno de los practicantes "tiene algún problema singular". ¿Qué nos querrá sugerir? 

Convalecientes y judicialmente sensibles, atacados por la astenia primaveral y política, conjuro a las fuerzas positivas para que la situación haga su curso y nos libere de tanta miseria sórdida en demasiados ámbitos. 

¡Preveníos de las alergias y disfrutad de la primavera!

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