Por una extraño
conjuro astral he asistido -todo un privilegio- a la tumultuosa procesión que
conlleva la firma de libros en la calle el día de Sant Jordi. Dejémoslo en un
favor que el mundo editorial me concedía sin méritos y, lo más gordo, sin libro
propio que dedicar. ¡Pero allí estuve, amigos! He sido también protagonista, de
tercera o cuarta categoría, en la fiesta grande del gremio del -todavía- papel
impreso. Digamos que en la alineación de gala, la que gana ligas y encabeza los
rankings de los más comprados, a causa de una lesión de codo poco oportuna se
ha producido una sustitución que me ha permitido pisar el césped. He tenido
unos minutos de gloria camuflado entre la tropa del ejército de escritores que
hoy ha conquistado las ramblas de toda Cataluña.
No me he puesto nervioso y he dormido bien puesto
que desconocía esta circunstancia. Avezado al banquillo, ha sido una verdadera
sorpresa y una oportunidad excepcional cuando a primera hora de la mañana una
llamada inesperada me ha convocado. He ejercido el papel de novato sin desayuno
en el Palau de la Generalitat -por razones obvias- y ausente -por inexperto- al
desayuno de los de tenedor con que comienzan la dura jornada los colegas. Os
confieso que he engañado el hambre matutino con un mendrugo de pan rebañado en
el éxito ajeno.
Atacado por el
perfeccionismo meritorio de los inexpertos, las primeras dedicatorias han sido
entretenidas. Entre el agradecimiento disciplinado para deshacer la sospecha de
fraude y de suplantación de personalidad me he demorado en exceso. Sino verdad,
creo que he estado verosímil y profesional con el reto de no repetir ninguna
dedicatoria y con una letra de colegio de monjas. Un lujo que no se podían permitir
los famosos y mediáticos compañeros de mesa. Estas plumas auténticas y
reconocidas han sido más versátiles y, sobre todo, productivas en el estampado
de sentencias efectivas y contundentes -¿Cómo te llamas?
A pesar de la
obra que me ha tocado defender, vistosamente bien encuadernada, la cola de
admiradores con los que he tenido que tratar era bastante escasa comparada con
los grandes personajes de la literatura contemporánea sentados a mi vera. La
promesa totalmente nueva que hoy fogueaba la editorial -yo- era un enigma, un ejemplar
exótico sin referencias y sin el aval de ninguna crítica fiable. Me he
conformado con la buena caligrafía, cuidada, sin garabatos y bien alineada que
ya me confería un plus de calidad en positivo respecto de mis -iba a decir- competidores.
Que de hecho no lo son.
Aprovecho para
agradecer sinceramente a los profesionales que me han apoyado las enseñanzas
que han invertido. La pericia veterana de uno que ha perdido la cuenta de
diadas aleccionándome sobre la gravidez de las metáforas a la hora de dedicar
algo que conmueva. Me ha aconsejado -sabiamente- que remitiera a la editorial a
los plumillas con querencia por la metáfora que se presentan en la parada con
un original debajo del brazo, básicamente para no tener que cargar con peso
muerto. El especialista en literatura de autoayuda ha sido valioso en las
recomendaciones ergonómicas y de cómo dosificar la tensión en la muñeca sin
sobrecargar las articulaciones comprometidas en la firma.
Este Sant Jordi
me ha redimido con creces del lunes perezoso de naturaleza gris. Un año más ha
llenado las ramblas de paradas de libros y de rosas -también de amarillas- en
una especie de acto social amoroso de tipo literario y floral formidable. He terminado
el día cansado, muy agotado, pero la experiencia lo recompensa. Concluida la
jornada, algo atacado por las prisas, los desplazamientos y los caprichos
anecdóticos de los lectores el balance es muy positivo. Nadie descubrió que yo
no era el autor del libro que compraban. Marchaban convencidos y felices porque
en mi caso los que se acercaban eran mayoritariamente fetichistas del
autógrafo.
"Sant Jordi es una fiesta
magnífica, única. No hagáis caso a la envidia de los impublicados que viven en
el purgatorio de la soledad en medio de la oscuridad inédita sin reconocimiento
ni halagos mediáticos. Aquellos que por dedicatoria, en fechas como ésta, sólo
pueden dejar hablar a los silencios". (Miralls
i Espantalls, San Jorge II ,
04/26/2013)
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