"Vamos,
hijos de la patria, / El día de gloria ha llegado! / Contra nosotros de la
tiranía, / El sangriento estandarte está alzado". Así comienza la
Marsellesa, el himno del país vecino donde no he visto aún la bandera tricolor
de la Galia a media asta institucional a causa de la crucifixión y muerte de
Jesucristo.
En España, sin
embargo, la ministra Cospedal ha dispuesto -por eso lo es del gremio del ordeno
y mando- que las banderas ondeen a los establecimientos militares de duelo por
la muerte de Cristo. El Tribunal Constitucional decretó en el año 2011 que esta
circunstancia "no entra en contradicción con el carácter aconfesional del Estado español". Del
mismo modo, el ejecutivo considera que bajar las banderas a media asta se enmarca
en "el mantenimiento de antiguas tradiciones".
Estos días de
semana santa o de vacaciones de primavera -si somos defensores del calendario
laico o aconfesional- confluyen con el equinoccio astral por la pasión, muerte
y triunfante resurrección vital de la primavera y de la luz en contra de las
fuerzas telúricas de la oscuridad.
Según la prensa
informada, el ejército de tierra participará voluntariamente en 152 actos en 80
ciudades españolas con tradición procesional y castrense. La armada, más
marinera y salada, y el celestial ejercido del aire también desfilarán sumando
en total más de doscientos actos institucionales. Las "antiguas tradiciones"
-que se han de mantener según el ejecutivo- contarán, pues, con la voluntaria
custodia marcial de los pasos cargados con la extraordinaria imaginería que
estremece de emoción y religiosidad a los fieles cuando sienten el eco de una saeta en el resquicio nocturno de un
callejón encalado. Aquí, en Cataluña, nos decantamos más por la pasión teatral,
por los cuadros escénicos o por la dramatización efectista. De las "viejas
costumbres" catalanas sobresale la Danza de la Muerte, en Verges. Os la
recomiendo.
Este año la
semana santa catalana -¿efectos del
155?- participa y se contagia de "antiguas tradiciones" más
meridionales o de meseta. Ha comenzado con procesiones mayestáticas de caminar
pausado por las vías romanas de peaje con paradas huérfanas de saetas férreamente custodiadas por los
Mossos -versión Armados de Mataró- en la pasión dramática por una república
catalana a proclamar de verdad.
El ciclo
pascual catalán de esta edición tendrá que sumarse a la gruesa enciclopedia de
los días históricos por méritos y por unicidad. Mientras el gobierno del PP con
Mariano en el papel de Poncio Pilatos se lava las manos alegando que la condena
es cosa del sanedrín judicial, la situación deviene absolutamente calamitosa,
un auténtico buñuelo político.
Coincido
plenamente con quien fue director de El
Periódico, Antonio Franco: "Una mayoría muy amplia de catalanes
tenemos una inmensa decepción que podríamos considerar anecdótica respecto de Llarena,
pero un gran cabreo trascendental con la España consentidora".
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