Millet ya ha regresado
a casa, como Montull. Han pagado la fianza. Una buena nueva ya que la libertad
siempre lo ha sido. Me temo que esta, sin embargo, no es la que proclama la
tribu de los lazos amarillos. En el otro platillo de la cosa legal el estado
puede -o quiere- enchironar a otro rapero a dos años y un día de prisión
efectiva. ¿A qué criatura se le puede explicar el elemental razonamiento
aritmético en años de cárcel que la justicia española administra a granel?
Cuesta de entender, pero robar a cuatro manos con una melodía para ladrones
confesos es más afinado y mucho más armónico judicialmente que desgañitarse a
ritmo de hit hop. Es una evidencia
que las sinfonías en el Palau de la Música -también las suites para cacerola-
tienen mucho de aristocrático. No renegaré de los raperos pero no se les puede comparar porque de rapero a trapero
melódico hay una letra que cabalga por el filo de la navaja judicial practicando
equilibrios precarios si la solfa de la
sentencia de encarcelamiento se confirma.
Minucias,
migajas de libertad de expresión que no deberían quitarles el sueño a los
quisquillosos de los derechos civiles. Absurdidades -collonades-, mascullaba Pla con razón. Debéis de entender que hay
unos límites y que no podemos levantar el dedo más de la cuenta ya que nos lo
pueden primero secuestrar, después encarcelar y finalmente decapitar. ¿Cómo se
atreven estos mojigatos a manchar la dignidad de los monarcas y de las personas
honorables? Me ahorraré de criticar en profundidad a los pinta monas que
ensucian las impolutas paredes de las galerías exponiendo obras que tienen esta
categoría sólo por el hecho de figurar en un catálogo.
Personalmente
me hallo protegido, seguro y amparado por estos jueces que aplican las leyes
que alguien ha dictado para que yo sienta el aliento del recto proceder en la
nuca. No repetiré ese principio filosófico fundamental que ha vuelto para
verificarse y nos advierte paternalmente del terrible desacierto que nos lleva
a confundir la libertad con el libertinaje obtuso. Recuperar las maneras y la
exquisita civilidad acorralando a las ovejas negras que pastan por los prados
de la discordia, la disidencia, la rebelión y la protesta es algo que nos
debería enorgullecer y que deberíamos alentar.
Quién osa
comparar a los Millet y a los secuaces de calibre similar con estos raperos y semejante
fauna de mala vida. Como no existe un fenómeno de corrupción sino un "descuido" generalizado -nos iluminó
sabiamente al respecto el ecuánime Felipe González- todavía vivo más tranquilo
y seguro sabiendo que el estado y todos sus aparatos -los judiciales también-
velan para que mi pensión de jubilación, cuando proceda, será la justa, la que
me he ganado a lo largo de la vida laboral en activo y me permitirá vivir con
la dignidad de un abuelo que tiene el estado tras las miserias humanas que ya
me empiezan a atenazar.
Puestos a
elegir en caso de fuerza mayor, guiados por la enseñanza moral de los tiempos
que corren, me permitiré preveniros subsanando los preceptos bíblicos. No
injuriéis ni calumniéis, antes robad -sale más a cuenta-.
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