viernes, 28 de julio de 2017

Rememorando.



Los actos de celebración de los 25 años de la Barcelona del 92 homenajeaban también a Pasqual Maragall reencarnado en un ausente visionario ajeno a su obra y, lo más triste, de su vida. Los hechos recientes me han llevado desde hace un par de días a bucear en los agujeros de la pérdida de memoria -que los dioses nos libren-. En el papel de jubilado distraído, quien ha sido alcalde y presidente de la Generalidad de Cataluña, daba la impresión de pasear por allí como suelen los abuelos que no pierden punto callejeando en la evolución de las obras; estos fascinados arquitectos eméritos en sobrevivir y del ir tirando son los profetas críticos de acera que reniegan de la escuadra vital que los ha doblegado. Me pregunto si todavía se reconoce en las imágenes y si es mínimamente consciente cuando le halagan o le llaman. ¿Pascual estaba presente o sólo representaba una endeble escultura animada de sí mismo? ¡No confiéis en los homenajes rezagados! 

La memoria también ha vuelto a ser el epicentro de las crónicas cuando la justicia humana ha llamado discretamente a los tribunales el actual presidente del gobierno, Mariano Rajoy. Debía declarar -rememorar- respecto de la corrupción y de las tramas que el partido habría utilizado para financiarse. Más corrupción o la endémica habitualmente instalada que pocos admiten y, si lo hacen, es a cambio de privilegios legales. Rajoy comenzó fuerte en su comparecencia. A diferencia de los insignes desmemoriados y amnésicos que nos han deleitado en situaciones similares él dejó claro que tiene el músculo de la memoria "absolutamente" en forma. Se permitió el esdrújulo en varias respuestas quizá porque las palabras largas inspiran cierta solemnidad versallesca y diluyen la falta de credibilidad, que no le harían falta porque es un personaje capital en el partido desde que hiciera la primera comunión, una eternidad en la que ha desarrollado todos los papeles del auca; también, supongo, de aquellos que ahora declara ignorar. 

Asistir a la confesión vía plasma, pero en directo, de un presidente en activo es algo insólito. Aunque esta novedad judicial pillara a contrapié a la primera cadena pública estatal. O el asunto no era de interés nacional o el programa gastronómico que emitían a la hora del testimonio del Rajoy era una primicia excepcional que no podían contraprogramar. TV1 se decantó acertadamente por los secretos del gazpacho estival a las respuestas esdrújulas de Mariano, predecibles y aprendidas a base de ensayarlas con el presidente del tribunal que a la vez ejercía de maestro de espadas mientras dejaba sin respuesta las embestidas argumentales de los abogados, en especial las de uno que me recordaba mucho a aquel actor que encarnaba el papel de un agente de policía torpe con gabardina y con una colilla apestosa colgándole en la comisura de los labios y de aturdida apariencia, Colombo

El testimonio de Mariano Rajoy decepcionó las expectativas de los entendidos, no aportó nada nuevo a la fiesta nacional. Una función de puro trámite sin exponer, dejó el tercio de banderillas a los secundarios, donde quien presidía se lució, y despachó el toro con urgencias, sin compromiso y sin pinchar ostensiblemente. Alguna pincelada de genio y de figura hay que admitir a la matutina sesión taurina que no hizo vibrar a la afición, el espada no supo transmitir la magia del ritual a la andanada. La ganadería, bajo la sospecha de haber afeitado la cornamenta a los toros, y la airosa banda de música, sin tener que ensayar ningún pasodoble y olé!, tampoco sobresalieron. La salida de plaza de El Niño de Santiago, como se le conoce en el ambiente taurófilo, la realizó por la puerta trasera, la misma por donde había entrado apresuradamente para dirigirse a la capilla. El maestro se marchó en ayunas de orejas y de la cola. Sólo había conseguido llevarse el trofeo a la credibilidad de los incondicionales. ¡Bravo, Mariano! 

¡Que los dioses nos conserven la memoria! Para recordar lo que nos dignifica y, si fuera necesario, para disfrazar aquello que nos perturba. Como dicen, se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo. Habrá que ver qué efectos políticos tendrá la sentencia definitiva del caso y si se resolverá el entramado. Las urnas no parecen demasiado sensibles ni demasiado alérgicas a la corrupción, al contrario. Por ahora, programando gloriosas tardes de corridas bufas con toreros payasos tocados con barretina al estilo del torero bombero y sus enanos o la banda cómico taurina del enpastre, Mariano y el PP tienen suficiente para continuar entreteniendo al personal, olvidar la comparecencia en la Audiencia Nacional y seguir siendo los más votados en la piel del toro. 

¡Que continúe el verano!

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