La jornada de
hoy durante la dictadura franquista estaba significada, fiesta grande. El
dieciocho de julio de 1936 se produjo lo que el régimen llamó el Glorioso Alzamiento Nacional contra la
Segunda República Española. Un golpe de estado que sólo debía durar unos días abocó
al país en una cruenta guerra civil y en una dictadura que murió de muerte
natural glosada por las crónicas del equipo médico habitual y bajo la sombra
del brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús. La Cruzada española y los ideales del glorioso alzamiento nacional se
fundamentaban en la defensa de la civilización cristiana y de la patria.
Los cruzados,
una mezcla de templarios falangistas alineados con los admirados -y enaltecidos-
fascismos europeos, proclamaban el restablecimiento del orden, la mejora del
obrero y de las clases humildes. La difusión de la cultura hispana con el
rechazo de las doctrinas marxistas, separatistas
y comunistas. Con el golpe de estado -el espíritu del 18 de julio- devolvía a
España su tradicional sentido religioso anulando la obra sectaria y masónica de
la República. Proclamaron la Santa Cruzada en defensa de la Fe y de la
Patria.
En la celebración
anual, a las cuartelarías manifestaciones de adhesión al régimen se añadía la
paga extraordinaria de julio. Al protocolo y la conmemoración -circenses- se
sumaba la limosna -el pan- que, por la gracia de Dios y del Generalísimo, se
concedía en una fecha tan insigne.
El espíritu -el
fantasma- del 18 de julio vuelve a salir de las guaridas empapelando varias
localidades catalanas. ¡Y en Girona más! -como reza el caricaturesco tópico
polaco-. Fotografías de Franco con la leyenda: "No votes el 1 de octubre. No a la república" cabalgan
rampantes por varias poblaciones sin que nadie haya reclamado la
paternidad.
El pasado entra
en campaña si es que alguna vez ha salido. Significativamente el espíritu del Caudillo se manifiesta, desciende del
cielo para alertar de la República. Natural y coherente con lo que inspiró la
santa cruzada o el glorioso alzamiento nacional. Lo curioso y significativo de
la milagrosa aparición es la predicción profética alertando del referéndum
catalán: -¡No votes! Mariano -un cruzado
de la unidad de España del siglo XXI- desprovisto de la clarividencia beatífica
de Franco, lo niega absolutamente, "sería una losa que permanecería en mi
cabeza", se lamenta. El presidente persiste debajo de una losa demasiado
pesada que ha de impedirle ascender -y resucitar políticamente- de cuerpo y
alma en las páginas de los anales históricos ya que habrá sido el presidente
que ha permitido el descuartizamiento de la patria por el separatismo contumaz
-y masónico- aunque no haya urnas.
¿Qué sucederá?
El enrarecido panorama a 18 de julio de 2017 es un callejón sin salida ni profetas
-si exceptuamos a Franco- en el que sería necesaria una buena bola de cristal para
desentrañar la cuestión. La rotura de los puentes entre los gobiernos de Madrid
y Barcelona tiene pinta de un hecho consumado e irreversible. La escalada
verbal llega al paroxismo denunciando que "las purgas de Carles Puigdemont se parecen a las del líder venezolano
Nicolás Maduro. Comparan la situación de Cataluña con la absoluta
intransigencia que se vivió en los peores años en los que a los
constitucionalistas les costaba la vida defender sus ideas para que los mismos
que justificaban a ETA sean los que justifican a los totalitarios en Cataluña y
a los dictadores en Venezuela [sic].
¿Qué pasará? A
pesar de las premoniciones apocalípticas interesadas de unos y de otros, en
Barcelona cuesta pasear sin escoltas esquivando la temeraria marea de turistas
adosados a dos ruedas. El calor bochornoso es exagerado y caliente como los
argumentos -Invito a Trump a comprobarlo y a opinar al respecto-. La mitificada
vida de rodríguez con la nevera medio
vacía y los calcetines desfilando marciales en formación de guerrilla por los
pasillos es de un tedio canicular que sólo un juez -o un tertuliano- puede
resolver declarándome independentista, traidor, cobarde, valiente, conciliador o,
sencillamente, un aturdido porque el miedo es libre y humano.
¿Qué ocurrirá?
No lo sé, mi bola de cristal está indecorosa y empañada -como los calcetines-.
Rehacer la fractura "política" con la España que se ha agrietado
granito a granito hasta crear un agujero por donde se ha desmoronado la
paciencia y el amor propio de muchos catalanes, pase lo que pase, no se arregla
ni con la perfidia de un bolero con azucaradas declaraciones de amor ni
impidiendo el referéndum.
Franco es quien
lo tiene claro: "No votes por la república!"
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