martes, 18 de julio de 2017

El general Franco lo tiene claro.



La jornada de hoy durante la dictadura franquista estaba significada, fiesta grande. El dieciocho de julio de 1936 se produjo lo que el régimen llamó el Glorioso Alzamiento Nacional contra la Segunda República Española. Un golpe de estado que sólo debía durar unos días abocó al país en una cruenta guerra civil y en una dictadura que murió de muerte natural glosada por las crónicas del equipo médico habitual y bajo la sombra del brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús. La Cruzada española y los ideales del glorioso alzamiento nacional se fundamentaban en la defensa de la civilización cristiana y de la patria. 

Los cruzados, una mezcla de templarios falangistas alineados con los admirados -y enaltecidos- fascismos europeos, proclamaban el restablecimiento del orden, la mejora del obrero y de las clases humildes. La difusión de la cultura hispana con el rechazo de las doctrinas marxistas, separatistas y comunistas. Con el golpe de estado -el espíritu del 18 de julio- devolvía a España su tradicional sentido religioso anulando la obra sectaria y masónica de la República. Proclamaron la Santa Cruzada en defensa de la Fe y de la Patria. 

En la celebración anual, a las cuartelarías manifestaciones de adhesión al régimen se añadía la paga extraordinaria de julio. Al protocolo y la conmemoración -circenses- se sumaba la limosna -el pan- que, por la gracia de Dios y del Generalísimo, se concedía en una fecha tan insigne. 

El espíritu -el fantasma- del 18 de julio vuelve a salir de las guaridas empapelando varias localidades catalanas. ¡Y en Girona más! -como reza el caricaturesco tópico polaco-. Fotografías de Franco con la leyenda: "No votes el 1 de octubre. No a la república" cabalgan rampantes por varias poblaciones sin que nadie haya reclamado la paternidad. 

El pasado entra en campaña si es que alguna vez ha salido. Significativamente el espíritu del Caudillo se manifiesta, desciende del cielo para alertar de la República. Natural y coherente con lo que inspiró la santa cruzada o el glorioso alzamiento nacional. Lo curioso y significativo de la milagrosa aparición es la predicción profética alertando del referéndum catalán: -¡No votes! Mariano -un cruzado de la unidad de España del siglo XXI- desprovisto de la clarividencia beatífica de Franco, lo niega absolutamente, "sería una losa que permanecería en mi cabeza", se lamenta. El presidente persiste debajo de una losa demasiado pesada que ha de impedirle ascender -y resucitar políticamente- de cuerpo y alma en las páginas de los anales históricos ya que habrá sido el presidente que ha permitido el descuartizamiento de la patria por el separatismo contumaz -y masónico- aunque no haya urnas.

¿Qué sucederá? El enrarecido panorama a 18 de julio de 2017 es un callejón sin salida ni profetas -si exceptuamos a Franco- en el que sería necesaria una buena bola de cristal para desentrañar la cuestión. La rotura de los puentes entre los gobiernos de Madrid y Barcelona tiene pinta de un hecho consumado e irreversible. La escalada verbal llega al paroxismo denunciando que "las purgas de Carles Puigdemont se parecen a las del líder venezolano Nicolás Maduro. Comparan la situación de Cataluña con la absoluta intransigencia que se vivió en los peores años en los que a los constitucionalistas les costaba la vida defender sus ideas para que los mismos que justificaban a ETA sean los que justifican a los totalitarios en Cataluña y a los dictadores en Venezuela [sic].

¿Qué pasará? A pesar de las premoniciones apocalípticas interesadas de unos y de otros, en Barcelona cuesta pasear sin escoltas esquivando la temeraria marea de turistas adosados a dos ruedas. El calor bochornoso es exagerado y caliente como los argumentos -Invito a Trump a comprobarlo y a opinar al respecto-. La mitificada vida de rodríguez con la nevera medio vacía y los calcetines desfilando marciales en formación de guerrilla por los pasillos es de un tedio canicular que sólo un juez -o un tertuliano- puede resolver declarándome independentista, traidor, cobarde, valiente, conciliador o, sencillamente, un aturdido porque el miedo es libre y humano. 

¿Qué ocurrirá? No lo sé, mi bola de cristal está indecorosa y empañada -como los calcetines-. Rehacer la fractura "política" con la España que se ha agrietado granito a granito hasta crear un agujero por donde se ha desmoronado la paciencia y el amor propio de muchos catalanes, pase lo que pase, no se arregla ni con la perfidia de un bolero con azucaradas declaraciones de amor ni impidiendo el referéndum.

Franco es quien lo tiene claro: "No votes por la república!"

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