Tarde primaveral en el Prepirineo, de lluvia y de
tormenta sin demasiados estragos, repetida día tras día. Vivimos tiempos de aguaceros
durante estos días. Una bóveda de nubes blancas va subiendo como algodón húmedo
volviéndose, poco a poco, en horizonte grisáceo oscuro con mucho revuelo.
¿Caerá piedra? Esperamos que no. Ahora el pedrisco –los que el cielo nos envía–
pueden ser inusualmente gruesos. De esos que pueden hacer daño a los huertos y
peinan los cultivos con remolinos indómitos. Sentir el poder de la piedra
chocando contra los tejados o la tierra misma nos aturde. Año de aguas mil y
torrentes grasos alimentados por la nieve que todavía baja con furia amorosa de
la montaña hacia el río Ter.
Por la mañana, cuando el sol brilla sin las nubes
amenazadoras, si pones la oreja sientes cómo los escolares pasan por la calle.
Personal, sin embargo, indómito, en busca de lo que hoy los maestros pretendan
enseñarles. Procesiones agrupadas por afinidades, niños con niños y chicas con
chicas, dibujan rebaños dirigiéndose al colegio con ímpetu. Personal de mochila
extrema apta para cargar con lo que corresponda. Sin alboroto también circula
la hilera -todavía ajena- de los bebés o infantes que holgazanean bien
abrigados porque las mañanas y las vísperas en Sant Joan de les Abadesses son todavía
lo suficientemente frescas. La ristra de niños desfila como una carrera de
ciclistas sin una meta cercana.
Ya os he dicho que suelo leer la prensa al día
siguiente de su vigencia. Repaso los periódicos de hoy, mañana. Una estrategia
de leer el papel para amorecer lo que contienen. Mañana miraré si lo que
anunciaban se ha convertido en real. Una forma, considero, un poco extraña de
abarcar la información que nos rodea si la contrastas con el flujo formidable
en las redes actuales. Pienso en el contraste de la noticia expuesta en un
diario en papel y de las que viven y crecen para la pantalla. Son todas
bastante reales sin intervención, básicamente política, o el papel -por razones
de edad- confiriéndole una certeza objetiva que no siempre es cierta. Como si
los prejuicios hicieran mejores las escritas y redactadas con la vigencia del
día a día que imponen los periódicos.
Cargado con la información del día anterior, salgo a
la calle para desear primero el buen día a los conocidos y también a aquellos
que encuentras ocasionalmente. Ya sabéis cómo la vida en los pueblos las tiene
estas cosas. ¿Qué cuesta decir adiós al personal que transita por la misma
acera? Solo un gesto. No hacen falta demasiadas palabras. Porque detenerte lo
haces con aquellas personas con las que tienes cierto conocimiento llegando a
cierta amistad lugareña. Negar el saludo es un pecado de los gordos, si se
realiza con conocimiento de causa. Me detengo y salen las conversaciones del
día a día, sin complejidades ni segundas intenciones, si no quieres desempeñar
el papel de portanuevas profesional. Naderías, si no te interesas por el
protagonismo de la abuela fallecida esta madrugada pasada. Naderías, si no
hablas de la evolución de las obras en la plaza mayor. Naderías, más aún, si no
preguntas por qué se ha separado una pareja. Naderías de pueblo que se escriben
en cursiva si salen en la prensa local, por ejemplo.
Estos días, el alcalde de San Juan de las Abadesas,
Ramon Roqué, ha mantenido un encuentro con la presidenta de México, Claudia
Sheinbaum y le ha hecho entrega de un ejemplar del libro "Jaume Nunó: Más
allá del himno nacional mexicano". Parece que el expresidente de México,
Vicente Fox, ha visitado el municipio de Sant Joan de les Abadesses
aprovechando también su estancia en Catalunya. Este municipio es donde nació el
compositor, Jaume Nunó (1824-1908), autor de la música del himno nacional
mejicano. Fox ha dicho que en México todo el mundo conoce a Nunó y a Francisco González
Bocanegra, autor de la letra, porque aparecen en los libros de texto que se
utilizan en las escuelas. Fox también ha destacado que el municipio tiene una
relación muy intensa con México porque acoge las fiestas de la comunidad de
este país en Cataluña. Fox ha realizado la visita acompañado de su familia y
del cónsul en Barcelona, Jaime García.
Apuro mi vida social en el bar de la esquina de
la plaza Clavé donde suelo tomar un cortado en la barra. Por hacer tiempo. Es
un paro preciso, pido el café y lo pago al momento para ganar eficiencia como
si el tiempo tuviera prisa. Es una manía, siempre lo hago. Puedo salir y rodar
por la calle buscando a alguien más. Obstáculos poniendo razones para llegar a
casa. Hora de comer, de holgazanear. De hacer vida de pueblo donde la
trascendencia de este Sant Jordi -anticipándome- será leve comparada con la de
otras ciudades y pueblos cercanos.
Por problemas administrativos con mi espalda -y por
miedo escénico- he preferido esta vida de pueblo que me ha privado de presentar
el libro del querido Xavier Chavarria, “Soy quien soy que no soy yo”
coincidiendo con el Sant Jordi 2026. Ya me sabe mal. Me dicen que ha sido un
acto perfecto a cargo de Jordi Font-Agustí y del autor. ¡Enhorabuena, Xavier!
¡Vida de pueblo!
Un bon retrat de la vida del nostra poble
ResponderEliminarBona vida de poble, Josep!!
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