lunes, 17 de julio de 2023

Perfidia de bolero.

 

Una policía nacional, de talante seductor más que de tiro fácil con puntería, se infiltró en varias entidades sociales de Girona y Salt durante tres años. Un trienio en el que mantuvo una tórrida relación -se deduce- con un independentista gerundense encausado por cortar las vías del tren en el primer aniversario del 1 de octubre. La falsa activista seguía presencialmente y con puntualidad -como artista estelar invitada- las actividades sindicales, las asambleas del CDR y las de un ateneo. El militante independentista, quien convivió bajo el mismo techo compartiendo las saludables y exquisitas manzanas del Empordà durante dos años con la infiltrada sin conocer las intenciones ocultas, ha manifestado su rabia ante el descubrimiento de un topo que le ha destrozado la vida y la de su familia. La policía infiltrada mintió sobre el presunto cáncer de su padre para entrar y salir del escenario político sin levantar la liebre. El galán engañado se lamenta de que la chica de cuerpo armado se habría aprovechado de su humanidad encandilada con sentimientos falsos e interesados. Imaginad la escena en la cual ella le acerca, seductora, la manzana ácida del pecado y de la alevosía.

Parecería la puesta en escena, autorizada por las autoridades competentes españolas, de una trama fílmica con predicamento y mucha tradición. El gremio de los espías o de las espías -son más numerosas las rubias de carrocería neumática donde ocultar la pistola- practican una perfidia sentimental de bolero para obtener información o desbaratar acciones que comprometen seriamente el fin del mundo.   Abundantes y recurrentes. Un recurso desgastado y previsible en las películas de agentes con licencia para matar donde es frecuente hasta el agotamiento. Descubierto el marrón sentimental, los guionistas fuerzan una reconciliación propiciando una segunda oportunidad en la que finalmente vence el amor y el arrebato pasional resuelto en una escena de cama sin bragas ni calcetines que prologa el mítico beso final. ¡The end!

Entrando en el fondo de la cuestión tengo curiosidad, como funcionario emérito, si la espía cobraba dietas de manutención y alojamiento a la vez. Un detalle a tener en cuenta si dormía cobijada por la generosa intendencia doméstica independentista con las manzanas de la cizaña a cuerpo de rey. También me pregunto qué hará más daño, descubrir a una persona que nos vigila interesadamente o presenciar una infidelidad torpe de aquellas que no tienen argumentos para la duda. ¿Para qué quiero tus besos / Si tus labios no me quieren ya besar? / ¿Y tú?, quién sabe por dónde andarás / Quién sabe que aventura tendrás / ¡Qué lejos estás de mí! Resumiendo: ¿Cómo se pueden querer dos amores a la vez y no volverse loca?

Hacía falta un recurso tan sofisticado, con ingredientes y formas propias de los servicios de inteligencia anglosajones -¿de la escuela de Villarejo?-, para supervisar un frustrado de las maniobras ferroviarias. La letra pequeña debe tener otras derivadas por como obstinadamente el problema catalán preocupa y ocupa al estado español. Cuestionan el café para todos, es tendencia la amarga achicoria predemocrática y sus maneras.

Marcial -guerrera- y uniformada, la agente infiltrada, recibirá el reconocimiento que le corresponde por los servicios prestados. Tiene mérito el desdoblamiento de personalidad desplegado que implica poner toda la carne en el asador. Si se la otorgan, la imposición de una medalla por la misión cumplida será cosa íntima, supongo, por la naturaleza del encargo. Aunque las consecuencias perdurarán, tendrá que soportar posibles acosos y comentarios de compañeros poco sensibles que la harán policía fácil con pasión por perseguir y repasar independentistas hasta el catre.

1 comentario:

  1. La vardad Pep,y aprovecho para mandarte un beso,es que parecen haber sacado la tarea policial de una novela de serie negra del género.
    Me parece interesante el caso,espionaje,y asintos de cama. Al espiado le hacen polvo ,desde luego,primero el engaño en cuanto a sentimientos nacio alistas, políticos,de odeas...,luego el engaño del corazón,u otros orgamos mas bajos que acaban en el cerebro,generalmente para echarlo a peder.
    Hat que tener mucha vocación para servir tam bien al cuerpo (de policia).
    Lo siento por nosotras,las mujeres,porque aunque sienpre podria haber sido un hombre el infoltrado y una mujer la militante feliz casadalas cosas aún no tienen el mismo precio.
    Buena narrativa la tuya Pep.
    Un abrazo.

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