Una
policía nacional, de talante seductor más que de tiro fácil con puntería, se
infiltró en varias entidades sociales de Girona y Salt durante tres
años. Un trienio en el que mantuvo una tórrida relación -se deduce- con un
independentista gerundense encausado por cortar las vías del tren en el primer
aniversario del 1 de octubre. La falsa activista seguía presencialmente y
con puntualidad -como artista estelar invitada- las actividades sindicales, las
asambleas del CDR y las de un ateneo. El militante independentista, quien
convivió bajo el mismo techo compartiendo las saludables y exquisitas manzanas
del Empordà durante dos años con la infiltrada sin conocer las intenciones
ocultas, ha manifestado su rabia ante el descubrimiento de un topo que le ha
destrozado la vida y la de su familia. La policía infiltrada mintió sobre
el presunto cáncer de su padre para entrar y salir del escenario político sin
levantar la liebre. El galán engañado se lamenta de que la chica de cuerpo
armado se habría aprovechado de su humanidad encandilada con sentimientos
falsos e interesados. Imaginad la escena en la cual ella le acerca,
seductora, la manzana ácida del pecado y de la alevosía.
Parecería
la puesta en escena, autorizada por las autoridades competentes españolas, de
una trama fílmica con predicamento y mucha tradición. El gremio de los
espías o de las espías -son más numerosas las rubias de carrocería neumática
donde ocultar la pistola- practican una perfidia sentimental de bolero para
obtener información o desbaratar acciones que comprometen seriamente el fin del
mundo. Abundantes y recurrentes. Un recurso desgastado y
previsible en las películas de agentes con licencia para matar donde es
frecuente hasta el agotamiento. Descubierto el marrón sentimental, los
guionistas fuerzan una reconciliación propiciando una segunda oportunidad en la
que finalmente vence el amor y el arrebato pasional resuelto en una escena de
cama sin bragas ni calcetines que prologa el mítico beso final. ¡The end!
Entrando
en el fondo de la cuestión tengo curiosidad, como funcionario emérito, si la
espía cobraba dietas de manutención y alojamiento a la vez. Un detalle a
tener en cuenta si dormía cobijada por la generosa intendencia doméstica
independentista con las manzanas de la cizaña a cuerpo de rey. También me
pregunto qué hará más daño, descubrir a una persona que nos vigila
interesadamente o presenciar una infidelidad torpe de aquellas que no tienen
argumentos para la duda. ¿Para qué quiero tus besos / Si tus labios no
me quieren ya besar? / ¿Y tú?, quién sabe por dónde andarás / Quién sabe que
aventura tendrás / ¡Qué lejos estás de mí! Resumiendo: ¿Cómo
se pueden querer dos amores a la vez y no volverse loca?
Hacía
falta un recurso tan sofisticado, con ingredientes y formas propias de los
servicios de inteligencia anglosajones -¿de la escuela de Villarejo?-,
para supervisar un frustrado de las maniobras
ferroviarias. La letra pequeña debe tener otras derivadas por como
obstinadamente el problema catalán preocupa y ocupa al estado
español. Cuestionan el café para todos, es tendencia la amarga achicoria predemocrática
y sus maneras.
Marcial
-guerrera- y uniformada, la agente infiltrada, recibirá el reconocimiento que
le corresponde por los servicios prestados. Tiene mérito el desdoblamiento
de personalidad desplegado que implica poner toda la carne en el asador. Si
se la otorgan, la imposición de una medalla por la misión cumplida será cosa
íntima, supongo, por la naturaleza del encargo. Aunque las consecuencias
perdurarán, tendrá que soportar posibles acosos y comentarios de compañeros
poco sensibles que la harán policía fácil con pasión por perseguir y repasar
independentistas hasta el catre.
La vardad Pep,y aprovecho para mandarte un beso,es que parecen haber sacado la tarea policial de una novela de serie negra del género.
ResponderEliminarMe parece interesante el caso,espionaje,y asintos de cama. Al espiado le hacen polvo ,desde luego,primero el engaño en cuanto a sentimientos nacio alistas, políticos,de odeas...,luego el engaño del corazón,u otros orgamos mas bajos que acaban en el cerebro,generalmente para echarlo a peder.
Hat que tener mucha vocación para servir tam bien al cuerpo (de policia).
Lo siento por nosotras,las mujeres,porque aunque sienpre podria haber sido un hombre el infoltrado y una mujer la militante feliz casadalas cosas aún no tienen el mismo precio.
Buena narrativa la tuya Pep.
Un abrazo.