Espero que, cuando leáis esta
nueva entrada del blog, os encontréis tan bien como nosotros. Así encabezábamos
las cartas hace unas décadas. Me he ahorrado las gracias a Dios preceptivas
-por los descreídos-. Con los años los buzones presentan alergia a la
correspondencia personal. Quién se entretiene en comunicarse por correo postal
con la familia, los amigos o la novia
-otra palabra descatalogada-. Espero que no vuelvan, por imperativos técnicos,
estos canales de comunicación pautados en un papel especial que se podía
perfumar. La emoción de abrir el buzón con la esperanza de que una carta
hubiera anidado es algo del pasado, no muy lejano, aunque bien descatalogado. A
saber, porque todo vuelve.
Como lo ha hecho el entusiasmo por
amasar pan. Saturado el comercio del papel higiénico se han abierto nuevos
nichos de oportunidad, como los llama la disciplina mercantil refiriéndose a un
segmento determinado. Ahora mismo, el de la harina y sus derivados vive al alza
por cómo de vacíos se hallan los estantes en los establecimientos de
ultramarinos -otro concepto vintage-.
La harina y la levadura cotizan y se han convertido en codiciados productos de
lujo ya que amasarla tiene un punto de plasticidad -¡comestible!- que comporta
el retorno a la infancia evocando aquel perfume especial que desprendía el pan
recién horneado. Hacer pan requiere tiempo y paciencia, pero de estos artículos
las repisas están llenas y, ahora mismo, se pagan muy a la baja.
Hacer pan es el acto supremo de
autosuficiencia que tenían claro en las casas de campo. Hornos de bóveda como
cúpulas celestiales de la supervivencia doméstica de donde salían panes como
satélites, lunas manducables que no se secaban de semana en semana. Contaban
los antepasados que el viernes era el día de elaborar pan y coca -una delicia
azucarada-, como el lunes estaba dedicado a la colada. Calendarios de un
atavismo superado con un exclusivo protagonismo femenino.
¡Todo vuelve, pero! Y la
naturaleza reclama -en la revuelta de los elementos y de algunas criaturas- sus
dominios expropiados o malbaratados por la tremenda actividad humana que ha expoliado
torpemente sus feudos. Estamos en este punto inédito para la civilización en el
que, si dura un poco más el retiro espiritual, veremos crecer margaritas en el
asfalto.
Todo volverá -espero-. Como las tertulias
de los abuelos en el banco de la calle de casa ahora huérfano y ocioso. ¡Este
martes, una miembro de la cofradía con la sede en este banco, mi suegra -Montserrat-,
ha cumplido 90!
¡Que cumpla muchos más!
Que cumpla muchos mas
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