sábado, 11 de abril de 2020

Margaritas en el asfalto.


Espero que, cuando leáis esta nueva entrada del blog, os encontréis tan bien como nosotros. Así encabezábamos las cartas hace unas décadas. Me he ahorrado las gracias a Dios preceptivas -por los descreídos-. Con los años los buzones presentan alergia a la correspondencia personal. Quién se entretiene en comunicarse por correo postal con la familia, los amigos o la novia -otra palabra descatalogada-. Espero que no vuelvan, por imperativos técnicos, estos canales de comunicación pautados en un papel especial que se podía perfumar. La emoción de abrir el buzón con la esperanza de que una carta hubiera anidado es algo del pasado, no muy lejano, aunque bien descatalogado. A saber, porque todo vuelve. 

Como lo ha hecho el entusiasmo por amasar pan. Saturado el comercio del papel higiénico se han abierto nuevos nichos de oportunidad, como los llama la disciplina mercantil refiriéndose a un segmento determinado. Ahora mismo, el de la harina y sus derivados vive al alza por cómo de vacíos se hallan los estantes en los establecimientos de ultramarinos -otro concepto vintage-. La harina y la levadura cotizan y se han convertido en codiciados productos de lujo ya que amasarla tiene un punto de plasticidad -¡comestible!- que comporta el retorno a la infancia evocando aquel perfume especial que desprendía el pan recién horneado. Hacer pan requiere tiempo y paciencia, pero de estos artículos las repisas están llenas y, ahora mismo, se pagan muy a la baja.

Hacer pan es el acto supremo de autosuficiencia que tenían claro en las casas de campo. Hornos de bóveda como cúpulas celestiales de la supervivencia doméstica de donde salían panes como satélites, lunas manducables que no se secaban de semana en semana. Contaban los antepasados ​​que el viernes era el día de elaborar pan y coca -una delicia azucarada-, como el lunes estaba dedicado a la colada. Calendarios de un atavismo superado con un exclusivo protagonismo femenino.

¡Todo vuelve, pero! Y la naturaleza reclama -en la revuelta de los elementos y de algunas criaturas- sus dominios expropiados o malbaratados por la tremenda actividad humana que ha expoliado torpemente sus feudos. Estamos en este punto inédito para la civilización en el que, si dura un poco más el retiro espiritual, veremos crecer margaritas en el asfalto. 

Todo volverá -espero-. Como las tertulias de los abuelos en el banco de la calle de casa ahora huérfano y ocioso. ¡Este martes, una miembro de la cofradía con la sede en este banco, mi suegra -Montserrat-, ha cumplido 90! 

¡Que cumpla muchos más!

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