lunes, 26 de agosto de 2019

¡E la nave va!


¡E la nave va! El verano aún navega a todo trapo con el puerto de la vuelta a empezar a la vista cada vez más cercano. Justo en ese punto donde ya comienzas a contar los días que quedan de felicidad, de disfrute y de sol amoroso con la agenda ociosa. Sólo nos puede estorbar el chapoteo de los remos en la lucha terca contra las olas que pueden romper este estado de bienaventuranza idílico –en una languidez que roza el aburrimiento rítmico-. Porque todo chapotea en una excelsitud nunca vista. Un verano tan perfecto que la prensa lo ha tenido que subsistir sin centros de interés. Un oasis sin sobresaltos, sin carnaza, sin noticia sobrecogedora alguna para colgar en las portadas. 

Es así como el gremio de la comunicación habría tenido que pasar la temporada estival en ayunas de hechos importantes para tirar al puchero informativo. Ni un triste hueso para roer con algo de chicha. ¿Qué fue de aquellos veranos cargados de sobresaltos? ¿Dónde aquellos malhechores de serial veraniego que ya no nos atemorizan? ¿Se ha perdido la intriga de vigilar la cartera y la honra? Un conocido de estos que tiene obsesión por los destinos exóticos de camello se refería, un una tertulia de vermut en la plaza mayor, que este año el regateo también ha decaído, ya no existe aquella deferencia cultural para terminar los tratos con un acuerdo y un té.

Vivimos en un mundo feliz y plano sin conflictos ni regateos. Finalmente en el siglo XXI el hombre -en masculino genérico- lo ha entendido. Personas respetuosas, humanitarias, apaciguadas ganan por encima de las maldades que han llenado las portadas desde que el hombre -también en genérico- es hombre. Nos podemos felicitar porque la humanidad -toda- es una balsa de aceite armónica y sin estridencias. ¡Bienaventurada Jauja! 

En medio de este panorama me he dado cuenta en un breve paréntesis -me lo hubiera podido ahorrar- que las "serpientes de verano" han vuelto a salir de sus madrigueras, aquellas noticias más o menos intrascendentes que airean la mayoría de periódicos con profusión de imágenes bucólicas como puestas de sol y mucha epidermis tostada. Este año, sin embargo, los reptiles mediáticos han asomado con un extra de creatividad imaginativa. Nos han ahorrado las celebradas controversias respecto del maridaje de los calcetines negros con sandalia, los congresos de palomas voraces o de las aleatorias deposiciones en guerrilla del chucho urbano. 

Los medios, en la tregua, han estado a la altura para mantener el temple divulgativo ya que desde la nada han sacado a pasear algunas víboras, que también deben hacer el agosto. Se las han ingeniado para tenernos enganchados, desde la independencia que los caracteriza, con historias entretenidas trenzadas a la manera de los seriales -el género que triunfa-. Los grandes periodistas son aquellos que convierten la intrascendencia en un mundo verosímil e intrigante. A falta de hechos, pues, metáforas. 

Serpientes de verano entorpeciendo la realidad. En la última nos quieren hacer tragar que la Amazonia es una tea ardiente. La noticia ha levantado una humareda que sobrepasa las hogueras rituales con las tribus amazónicas felices danzando a su vera en la fiesta mayor de agosto. La verdad es que Bolsonaro lo tiene todo bajo control, tanto el fuego como las ONG incendiarias. ¡Sólo humo de verano, no preocuparos! 

Otra picadura debido a la falta de hechos relevantes la ha sufrido un ecuánime diputado que ha calificado a los pasajeros del crucero Open Arms de "bien comidos", de atracados, podríamos decir. Los cronistas se han excedido, se les ha ido la pluma. Quién se puede creer en este asunto –estirándolo días y días- que hay personas a la deriva por el Mediterráneo. ¿Quién no socorrería, en este mar tan nuestro y transitado, a su barco camino de Capri o de Lampedusa a cualquier náufrago? 

Prefiero la polémica sobre los protectores solares o de los perros de acera a estas inverosímiles historias que se inventan los periódicos. Llego a la conclusión de que hay que calificarlas de grandilocuencias informativas propias de becarios con afanes profesionales desbordados y con el amor propio muy incandescente. Ya se sabe que en verano todo becario se las compone. 

¡La última! En este arrebato para llenar papel le ha tocado la china a una conciliadora diputada rubia y noble de espíritu y de linaje -también rubio como la paja- a quien atribuyen la ocurrencia de difundir que Barcelona se ha convertido en un controvertido Bronx con barricadas y barretina. Según esta noticia –de verano- las empresas de reparto ya no abastecen los barrios con leche, pan ni agua. 

Como decía aquella pareja de humoristas, "la semana próxima... hablaremos del gobierno" -de los gobiernos-. 

Mientras las palomas siguen posándose irreverentes en la frente de Colón, yo todavía no me he aprendido la canción del verano.

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