Primavera
en mitad de una campaña electoral demasiado florida según algún prosaico tuiteador:
-¡Estoy hasta el mismísimos de la gente, especialmente políticos profesionales,
que sólo saben hablar con metáforas! Que si las cumbres, que si la navegación, que
si el ensanchar la base, que si Ítaca. ¡A partir de hoy, me declaro
explícitamente enemigo de las metáforas! La respuesta, propia de un debate con
las sentencias demasiado breves que se comporta el medio, es de un docto
reflexivo que le reprocha: -Ser "enemigo" de las metáforas ya es una
metáfora. Todo el lenguaje, el pensamiento y la acción son metafóricos. Yo lo
redondearía tomando parte, pues, con un ¡viva la metáfora! Mejor, ¡que viva el
poder de la palabra!
Recuerdo
aquellos hermanos, ambos descansan en paz, que vivían en un mundo tan
particular que costaba comprenderlos cuando hablaban entre ellos. Sus expresiones
tenían una complicidad comunicativa tan personal que el resto no entendíamos.
Alguien, muy acertadamente, a esta habilidad, la definió como hablar en
metáfora. Porque no eran sólo aquellos hermanos, ¡toda aquella familia hablaba
en metáfora!
La
metáfora consiste en decir algo llamándolo con el nombre de otra cosa. Dicho
así de torpemente se entiende la alergia de aquel a la metáfora política de la
que está hasta los mismísimos -¡así, en superlativo!-. La metáfora electoral
puede ejecutar verosímiles equilibrios al borde de la temeridad cuando, en una
voltereta audaz, proyecta en exceso la promesa para desplomarse sin red en la
vacua realidad.
La
cuestión es dilucidar si los políticos actuales también hablan en metáfora. Si
son unos poetas inspirados y desinteresadamente comprometidos a resolvernos o a
hacernos la vida fácil, armoniosa y más feliz. ¡Seguro! Más que programas
políticos asistimos a la presentación de poemarios políticos que rebosan rimas
sociales, económicas y éticas. Sensibles enciclopedias con los planos del
entendimiento y los croquis para la sintonía en un atlas de progreso y calidad
de vida para todos. ¿Qué más podemos pedir?
Si alguna
utilidad tienen los recursos poéticos es la de endulzar amorosamente el
universo cercano desparasitando-lo de la a menudo demasiado dura prosa, de la
pedrada sin metáfora que también tiene mucha gracia aunque poca virtud cuando
asiste las cartas gastronómicas del menú político más rellenas de recursos
poéticos que de chicha. ¡Que vivan también los poetas políticos!
Podríamos
concretar la eficacia del poder de la metáfora aplicada en el galimatías al que
se ve abocada la televisión catalana debiendo compensar la retransmisión de esa
manifestación en la Castellana de Madrid, a los pies de la desconcertada
Cibeles, en defensa de los "presos políticos". La cadena pública
catalana deberá corregir el agravio a instancias de la Junta Electoral Central
siendo exacta en la duración y concienzuda en el contenido. Yo propondría -¡metáfora!-
la retransmisión de una corrida de toros en directo en la que concurrirían los
primeros espadas que figuran en las listas como candidatos en estas elecciones.
A ver quién corta más orejas y cercena más rabos. Así, TV3, de un disparo
mataría tres pájaros y descalabraría más bravos todavía.
Recordaré
a los ignorantes en materia taurina que el Sr. Adolfo Suárez Illana ejerció de
torero durante siete años, una vocación que arrastró por las arenas movedizas
de la tauromaquia en la que no sobresalió ni tampoco triunfó.
¡Que Dios
reparte suerte! -Así se inicia la
retransmisión la TDT a las cinco en punto de una tarde primaveral
extraordinariamente soleada mientras los toros pastan por el césped del Camp
Nou mecidos por un pasodoble bien airoso.
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