miércoles, 17 de abril de 2019

Semana Santa.


La semana santa descoloca. Consiste en que la periodicidad de la fecha le confiere un aire encriptado ajustada al calendario lunar que da pereza de calcular previamente cuando procede. Semana cabalística de cuando matábamos judíos a golpes de matraca en alboroto ensordecedor. A los maitines de los tres últimos días de las semanas santas, terminado el salmo del Miserere, a oscuras, dentro de la iglesia se producía una fuerte algazara ensordecedora, ya que los feligreses devotos daban pataletas y golpeaban sobre los bancos con carracas y matracas -utensilios específicos de producir ruido- en recuerdo del terremoto que aconteció por la muerte de Cristo. El otro epicentro de la venganza estaba fuera de la iglesia, el sábado de gloria, antes de misa. Los fieles se servían de todo aquello que fuera susceptible de provocar mucho estruendo -desde cazuelas hasta cencerros- para hacerlos repiquetear bien fuerte. También servía de descarga piadosa contra el aburrimiento porque dese de las diez de la mañana del jueves santo hasta la misma hora del sábado santo no se podía trabajar, cantar, bailar, practicar deportes o interpretar música, hasta el punto de que las campanas enmudecían en un absoluto silencio en recuerdo de la pasión y la muerte de Jesucristo. También los colchones tenían que apaciguar los lamentos. 

Por estos lares ripolleses, salvo excepcionales manifestaciones que han pervivido, no tenemos las grandiosas ni muy vistosas procesiones que desfilan por la meseta castellana o por el sur peninsular. En las últimas décadas se ha recuperado la procesión de Camprodon que en 1969 se decidió dejar de celebrar hasta que en el año 1986 se restableció. Durante los primeros años de este resurgimiento devoto los payeses del valle ejercían el papel escénico de los judíos.

Particularmente en las procesiones me sobra el contraste entre las figuras estáticas de los santos que se transportan -silenciosas, emocionantes, recién salidas del templo o del museo- y el alboroto marcial de los romanos que desfilan. En el recuerdo mediático reciente sobresale la ocasión de hace un año que congregó a muchos ministros y a ministras para interpretar el novio de la muerte. En esta edición los legionarios de una congregación malagueña han pedido que no asistan políticos para sacar rédito electoral. Habrían solicitado a los políticos, que tenían programados actos electorales justo en estas fechas, que no conviertan las procesiones en escaparates políticos. Sin abandonar el centro de interés legionario la plataforma patriótica Millán Astray, integrada por legionarios veteranos, ha pedido a un partido que no haga uso del himno de la legión bajo la amenaza de denunciarlo a la Junta Electoral Central -que manda mucho-. Rara santa semana insertada en una campaña electoral desbocada que no respeta ni el himno de la legión. Ya me he referido en alguna ocasión a la falta que nos hace -como el pan que comemos- de un himno como es debido, con letra, aunque no hable de románticas pretendientes exánimes.

Procesiones, romanos y judíos combinados con elecciones bien agitados no enfrían la tormenta que azota la paciencia de alguna ciudadanía y a la vez ponen a prueba el sentido crítico y la vergüenza ajena. Oyendo determinados argumentos corro a mirar la cara que pongo en el espejo, por si mi aspecto de pasmarote tirando a bobo les ha podido envalentonar. El nivel político bate récords de despropósitos soltados sin rubor ni contención. Cierto que no echo de menos el silencio impuesto en estas fechas por las autoridades eclesiásticas en connivencia con el régimen, pero suplicaría, como los legionarios ofendidos, templanza y mesura por el Cristo de la buena muerte. 

Insólita semana previa a las elecciones generales que continúa con el juicio del proceso en el Supremo. Hoy con un apunte pintoresco. Ha aparecido en el testimonio de los cuerpos de seguridad españoles la peligrosa "tigresa de Badalona", una señora de unos cuarenta kilos de peso y "mojá" -seca y escurrida aún debe de pesar menos- a la que el agente no pudo apartar ni con la ayuda de un compañero. Efectivamente, se trata de un ejemplar de tigresa del barcelonés, una especie que habita en el litoral catalán.

La policía inglesa detiene Julian Assange en la embajada de El Ecuador en Londres. 

Ha muerto Neus Català. 

En estos momentos arde la catedral de París.

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