Callejeando por la
ciudad me ha sorprendido como unas criaturas jugaban a la pelota en una plaza.
Se habían ingeniado una portería virtual, bien imaginaria, y discutían si el disparo
había entrado por la escuadra o se había estampado en el palo, otra realidad de
las que no se tocan bien difícil de delimitar. En otro rincón un grupito se esforzaba
para trepar al árbol en la aventura intrépida de alcanzar un nido de pájaros
que yo no he descubierto. En el bullicio del espacio se ha impuesto, desde una
ventana, una madre requiriendo a una de las criaturas para que fuera a comprar
algo en la tienda de comestibles de la esquina. Os aseguro que, sentado en un
banco, he cerrado los ojos y me ha llegado el griterío animado de esta escena
vital que ya no existe. De vuelta a la realidad tampoco he hallado por ninguna parte la tienda
de ultramarinos y me ha parecido que el sol era más tenue y estaba más sucio
que en mi recuerdo.
En el campo la
infancia era soledad desparramada achuchando a un chucho esquivo, cazando caracoles
un día soleado con un cencerro al cuello o peleándonos con un asno terco que quería
escabullirse de las trastadas que nos ingeniábamos para distraernos. Un burro,
un perro perdiguero de orejas abatidas y la esplendidez de la naturaleza
perfumada de hierba recién cortada. Y el cielo era de un azul tan ofensivamente
limpio y delgado que sucedía espejismo cuando hacia el mediodía los castillos
de nubes de algodón se empeñaban en delimitar tímidamente el infinito de aquel
prodigio en la cresta de la montaña.
El abuelo desdibujado
por una nube de humo espeso me despachaba con el pretexto de que fuera a buscar
caracoles a pesar de que caía un sol de justicia que resquebrajaba las piedras
y la cordura. Costaba de adivinarle el aire socarrón oculto bajo la gorra y aún
más de encontrar la eficacia de colgarse un cencerro que, según el abuelo Pep,
atraía a los caracoles grandes, a los caracolillos chiquitos y a las babosas.
También en días de sol y sierpes.
A menudo,
recuperando aquellos años que no volverán me invento un deseo, de poder volver
a ver y vivir, aunque fuera un solo mediodía de primavera avanzada, la luz y la
nitidez de aquella infancia amparada en aquellos cielos soleados sin la niebla
de los caliqueños -y los cencerros- del abuelo Pep- que lo han contaminado
todo. Un sueño de veranos cuando las bicicletas eran un lujo impracticable en
aquellos caminos empinados y salvajes.
Y en la profecía de
los tiempos, ya no hay tantos, de pájaros ni tantas estrellas en el firmamento.
¿Se habrán cumplido aquellos augurios que no presagiaban nada bueno? Ya lo
decía aquel, cualquier tiempo pasado fue mejor aunque algunos se empeñen en
negar que nada ha ocurrido.
... ... ...
Cerca de 2.000
jóvenes se manifestaron en Barcelona contra el cambio climático. La protesta ha
coincidido con una huelga de estudiantes que se había convocado en todo el
mundo. La movilización forma parte del movimiento Fridays for Future
(viernes para el futuro), creado por Greta Thunberg, una adolescente sueca.
Hace semanas que, desde esta entidad, algunos jóvenes protestan cada viernes en
varios países y exigen medidas para frenar el calentamiento global. Un
movimiento estudiantil que surge para exigir a los líderes mundiales contundencia
ante el cambio climático. En Girona ya es el sexto viernes que se movilizan.
Estos jóvenes exigen que se declare el estado de emergencia climática. Los
herederos de este mundo que les dejaremos en usufructo solicitan que se amplíen
las medidas y se cumplan los acuerdos internacionales.
Tras la bonanza
primaveral que nos mece en la ciudad está instalada una sequía áspera que
castiga la tierra. Campos resecos con los sembrados sedientos. Hace demasiados
días que no llueve como correspondería. En otros lugares del planeta las
tormentas o el pedrisco causan estragos serios. Los retos para la
sostenibilidad y la reducción del calentamiento global -si todavía estamos a
tiempo- deben ser los paraguas que cobijan la humanidad entera. Negarlo es una
bajeza política muy torpe. Sentaron época las declaraciones de hace una década
de un dirigente cuestionando su existencia apelando a un primo suyo
catedrático. Cerró el parlamento diciendo que el asunto "no se puede
convertir en el gran problema mundial". Algo que Trump ha ratificado -no así los acuerdos internacionales-
despreciando la realidad a pesar de los efectos devastadores que el país que
dirige ha sufrido en diversas ocasiones.
Como piden los
Gozos de Ral dedicados a la Virgen de Gracia: "Danos lluvia suave cuando
el pueblo la demande". La meteorología democrática es una disciplina que
está todavía por verificar. Mientras, podemos pasear en procesión a los santos
del sentido común muy ligados a la pervivencia de los causantes de semejante
desastre global.
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