La movida
feminista alza la voz y toma la calle. Las mujeres levantan el dedo, son más
visibles que nunca, tienen criterio, tienen voz -¡y voto!- en esta precampaña
electoral que también las ha empujado a ser más conscientes de su papel a la
hora de decidir qué se juegan. La mitad de la población lleva trenzas y se
declina desde la sensibilidad femenina. ¡Mujeres! Son materia delicada, que no
débil, y votantes de pleno derecho que el paternalismo patriarcal últimamente
ha vuelto a sacudir torpemente.
Las feminazis dicen que "Nos están
asesinando, nos queremos vivas". Se quejan de la diferencia salarial o de
la menor presencia en puestos de mando y de responsabilidad. Tienen claro que
si "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Que están cansadas de la
falta de referencia y de reconocimiento en los ámbitos históricos. La mujer ya
no es ni quiere ser aquella gran señora a la sombra falocràtica de los genios
casi siempre en masculino que figuran en los álbumes de cromos.
Será porque los
pactos los carga el diablo o que los partidos de izquierdas españoles ven una
oportunidad al reactivar la base de votantes progresistas, los motivos por los
que la derecha eleva el tono frente del movimiento feminista "de extrema
izquierda". Atacan a las feministas progresistas que han
"monopolizado" la protesta. El dirigente del PP, el remasterizado
Pablo Casado, criticó que estas feministas no hayan salido, según él, en
defensa de las parejas "agredidas" de los guardias civiles de
Altsasu, ni de la letrada de la administración de justicia que declaró el miércoles
en el juicio del Proceso, Montserrat del Toro. Se podría decir que ha rebajado
la categoría a anécdota muy cogida por los rulos.
Desde el
cretáceo se han recuperado fósiles y utensilios del menaje del hogar que avalan
la idea de que las mujeres han presentado denuncias por haber sido víctimas de
violencia de género obteniendo inmediatamente ventajas económicas y laborales.
Un equipo de contrastados paleontólogos señala que la Península tiene una mala
imagen inmerecida en esta materia, cuando la realidad es que se trata de "uno
de los lugares del continente euroasiático con menos violencia de género",
y que existe paridad entre hombres y mujeres, pero sucede que en "el
paraíso de la equidad y de la exquisita convivencia hay una confusión muy
grande entre igualdad de oportunidades e igualdad de resultados".
Revolviendo
entre los anales más recientes se constata la existencia de una tribu
mayoritariamente de mujeres -y brujas feministas- amparadas por una ley de
violencia que financia el auge que vive actualmente el movimiento, "por el
dinero de las subvenciones que recibe", que le permiten "mover a las
masas radicales".
Siguiendo el
hilo del argumento no se han olvidado que en la escuela pública se está
utilizando a las niñas "como instrumento contra el hombre", educando a
las criaturas con consignas para que se sientan superiores. Remachan el clavo
confirmando que son feministas de verdad. Y una voz femenina -también había
negros simpatizantes con la esclavitud- reclama que a los que cometen
feminicidios se les aplique "la cadena perpetua". Concluye definiendo
lo que ahora se denomina "violencia intrafamiliar" -que no de género
porque también hay violencia contra el niños, los ancianos y otras especies
domésticas- se debe combatir "con más penas y más contundentes, y con más
control policial, y que la gente no cobre para salir a la calle con una
camiseta lila.
¡Ay las
mujeres! Ayer miles y miles de personas se movilizaron a lo largo del día. Estudiantes,
jubiladas, migrantes... Mujeres haciendo frente a viejos planteamientos que,
ahora, algunos se empeñan en negar o a retorcer. Una protesta global para
hacerse sentir y vindicar sus derechos.
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