domingo, 10 de marzo de 2019

Mujeres.


La movida feminista alza la voz y toma la calle. Las mujeres levantan el dedo, son más visibles que nunca, tienen criterio, tienen voz -¡y voto!- en esta precampaña electoral que también las ha empujado a ser más conscientes de su papel a la hora de decidir qué se juegan. La mitad de la población lleva trenzas y se declina desde la sensibilidad femenina. ¡Mujeres! Son materia delicada, que no débil, y votantes de pleno derecho que el paternalismo patriarcal últimamente ha vuelto a sacudir torpemente.

Las feminazis dicen que "Nos están asesinando, nos queremos vivas". Se quejan de la diferencia salarial o de la menor presencia en puestos de mando y de responsabilidad. Tienen claro que si "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Que están cansadas de la falta de referencia y de reconocimiento en los ámbitos históricos. La mujer ya no es ni quiere ser aquella gran señora a la sombra falocràtica de los genios casi siempre en masculino que figuran en los álbumes de cromos. 

Será porque los pactos los carga el diablo o que los partidos de izquierdas españoles ven una oportunidad al reactivar la base de votantes progresistas, los motivos por los que la derecha eleva el tono frente del movimiento feminista "de extrema izquierda". Atacan a las feministas progresistas que han "monopolizado" la protesta. El dirigente del PP, el remasterizado Pablo Casado, criticó que estas feministas no hayan salido, según él, en defensa de las parejas "agredidas" de los guardias civiles de Altsasu, ni de la letrada de la administración de justicia que declaró el miércoles en el juicio del Proceso, Montserrat del Toro. Se podría decir que ha rebajado la categoría a anécdota muy cogida por los rulos. 

Desde el cretáceo se han recuperado fósiles y utensilios del menaje del hogar que avalan la idea de que las mujeres han presentado denuncias por haber sido víctimas de violencia de género obteniendo inmediatamente ventajas económicas y laborales. Un equipo de contrastados paleontólogos señala que la Península tiene una mala imagen inmerecida en esta materia, cuando la realidad es que se trata de "uno de los lugares del continente euroasiático con menos violencia de género", y que existe paridad entre hombres y mujeres, pero sucede que en "el paraíso de la equidad y de la exquisita convivencia hay una confusión muy grande entre igualdad de oportunidades e igualdad de resultados". 

Revolviendo entre los anales más recientes se constata la existencia de una tribu mayoritariamente de mujeres -y brujas feministas- amparadas por una ley de violencia que financia el auge que vive actualmente el movimiento, "por el dinero de las subvenciones que recibe", que le permiten "mover a las masas radicales".

Siguiendo el hilo del argumento no se han olvidado que en la escuela pública se está utilizando a las niñas "como instrumento contra el hombre", educando a las criaturas con consignas para que se sientan superiores. Remachan el clavo confirmando que son feministas de verdad. Y una voz femenina -también había negros simpatizantes con la esclavitud- reclama que a los que cometen feminicidios se les aplique "la cadena perpetua". Concluye definiendo lo que ahora se denomina "violencia intrafamiliar" -que no de género porque también hay violencia contra el niños, los ancianos y otras especies domésticas- se debe combatir "con más penas y más contundentes, y con más control policial, y que la gente no cobre para salir a la calle con una camiseta lila.

¡Ay las mujeres! Ayer miles y miles de personas se movilizaron a lo largo del día. Estudiantes, jubiladas, migrantes... Mujeres haciendo frente a viejos planteamientos que, ahora, algunos se empeñan en negar o a retorcer. Una protesta global para hacerse sentir y vindicar sus derechos.

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