Termina el Congreso Mundial de Móviles, MWC, cosecha 2019. La edición de
este año ha cerrado puertas con la cifra -¡récord!- de 109.000 asistentes,
2.000 más que la del año pasado, según informó el organizador de la feria.
Habrían asistido 205 países, cerca de 170 delegaciones de gobiernos, y han
expuesto sus productos más de 2.400 exhibidores. Los datos abruman.
Barcelona es una muchedumbre fundamentalmente de señores todavía en
masculino con un escapulario hiperbólico, como un cencerro colgando del cuello
que los singulariza respecto del turismo gaudiniano que pulula también por la
ciudad pero en otras fechas. Los de la telefonía, que podrían confundirse
fácilmente con los transeúntes de paella y sangría, representan un subconjunto
de individuos con una tendencia gregaria diferente y de temporada muy concreta.
Unos, los perfumados con after sun ,
tienen predilección por la Sagrada Familia, por el barrio gótico y por las
terrazas del Paseo de Gracia. Los de estos días se reúnen en la catedral de la
tecnología durante el día y así que se instala la nocturnidad velada campan
para distraerse del estrés on line
que conlleva el feroz negocio del mercadeo de todo tipo con tecnología punta.
En la congregación para la beatificación del 5G Barcelona se halla saturada
como un huevo relleno de chips inalámbricos conectados, vía wifi, en un nuevo ritual ecuménico
quizás inspirado en aquel litúrgico -y obsoleto- de l’ou com balla de la diada de Corpus que ya no concita multitudes.
Ciento y pico mil entendidos pendientes de unos terminales que se podrán plegar
-¡no los planchéis! indica el manual de uso- como los también obsoletos
pañuelos de bolsillo, los de tela y con las iniciales bordadas de hace unas
décadas.
La Barcelona internacional se ha convertido una vez más en el referente
global de la industria del móvil y, al mismo tiempo, del universo emprendedor
que el sector se comporta. Un éxito a pesar de la tradicional y seductora
huelga de metro que el congreso conlleva. Es el año del taxi después que Uber y Cabify perdieran la batalla a pesar del potencial tecnológico con
que contaban. Los reyes de la edición han sido los taxistas de siempre, y la
camiseta ganadora de la Champions league
de la movilidad es de color amarillo con franjas negras y -según algunos
usuarios- algo sudada. Algunos de los vehículos son demasiado viejos con tufo a
tabaco conducidos por algunos taxistas que rayan la grosería con un
equipamiento donde los más moderno es el taxímetro digital.
La queja local denunciada por los sindicatos domésticos es que algunas
azafatas cobrarán un euro menos porque no dan la talla. Un asunto de altura.
Sí, la dimensión de un cuerpo en dirección vertical condiciona lo que
percibirán algunas de las chicas que participan en este congreso mundial. A su
vez el Mobile World Congress habría
denegado la entrada a una mujer que llevaba a su hija lactante de cinco meses. La
trajinaba, dormida, en una mochila adosada al cuerpo. La organización alegó que
no pueden entrar en el recinto menores de 16 años y la dirección se negó a
hacer una excepción para esta madre trabajadora que quería acceder al recinto
donde se celebraban unas jornadas para la inclusión de la mujer en el mundo
tecnológico. Ironías sarcásticas del XXI.
El MWC ya es historia. La decimocuarta edición celebrada en Barcelona ha concluido.
Desde aquellos tochos con antena a los terminales actuales que todavía llamamos
teléfono transita una metáfora poco afortunada, por imprecisa y poco acertada.
Yo me solidarizaré con los que año tras año pensamos que nuestro teléfono móvil
es aún más una antigualla.
-¿Diga?
No hay comentarios:
Publicar un comentario