sábado, 9 de febrero de 2019

Petróleo, relato y serenidad.

La entrevista que Maduro concedió a Évole es la entrevista que cualquier periodista habría deseado obtener de este personaje que incita odio y amor en proporciones por dilucidar. La coyuntura actual está más por el odio furibundo con la implicación manifiesta de Trump y de sus partidarios -Sánchez también- para descabalgarlo como presidente. El momento venezolano es un tapiz con claroscuros y una trama compleja. 

La familiaridad con que trata el venezolano al periodista catalán en dicha entrevista es entrañable por cómo le admite algunos de los argumentos difíciles de responder o como pide perdón a los compatriotas que residen en España por no haberles ingresado las pensiones pendientes de demasiados días. Hoy a las puertas de la Torre Urquinaona -sede del consulado de la República Bolivariana de Venezuela- en Barcelona había tres personas con una pancarta a favor de quien se ha autoproclamado presidente del país con el apoyo protagonista de Trump. ¡Ay, el petróleo! Algunos nos preguntamos si no existen más dictaduras por redimir en el mundo, además de la de Venezuela.

Aparece un Maduro acicalado, bien vestido y peinado -sin chándal, ahora que las pasarelas de la moda vuelven a vindicarlo-, con ínfulas de buen político que se siente legitimado por el electorado -una parte importante del cual no fue a votar- y que cada vez parece tener más en contra. El asunto Maduro ha comenzado el declive y no sabemos qué saldrá ni cómo se resolverá. Los tambores de guerra ya percuten y nadie descarta un enfrentamiento. 

Curiosamente Maduro ha contextualizado la situación que sufre con Cataluña como referente, "Es como si yo obligara a la UE a reconocer la república de Cataluña". "¿Se imagina que le digo a la UE que tiene 7 días para reconocer la República Catalana?" Sigue cargando contra el presidente de España diciendo que "Pedro Sánchez es un muñeco en manos de Trump". Nicolás Maduro califica de nefasta la decisión de España de reconocer a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela y advierte que, si se concreta una intervención armada, "las manos de Pedro Sánchez quedarán manchadas de sangre, como las de Aznar en Irak ".

Por su parte el presidente socialista calificó de "tirano" al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Sánchez ha asegurado que quien responde "con balas y cárceles a las ansias de libertad y democracia no es un socialista, sino un tirano". Ha condenado de manera rotunda la destrucción de las libertades democráticas que se produce en Venezuela y ha exigido al régimen de Maduro -se ha de llamar así, ha dicho-, la liberación de todos y cada uno de los "presos políticos" . 

Podríamos hablar de políticos presos y de presos "políticos" domésticos justo a las puertas del juicio que debe comenzar en el Tribunal Supremo de Madrid. Ya hemos asistido al traslado VIP, como lo califica cierta prensa madrileña refiriéndose al autobús recién estrenado que trasladó a la banda de catalanes díscolos. Las confortables cámaras hiperbáricas de reducidas dimensiones se corresponden más a un servicio low cost amenizado por la locución en directo por parte de un torpe agente de la guardia civil. No me imagino una azafata de Ryanair mofándose entre carcajadas del pasaje o de mi pavor a volar.

Comenzará el juicio de los juicios. Antes, calentando y en chándal por el césped aún, uno de los fiscales del 'caso Trapero', Pedro Rubira, en la previa por decidir si el tribunal madrileño es competente para juzgar la ex cúpula de Interior y de los Mossos, ha cuestionado "la imparcialidad y serenidad" de los tribunales catalanes para juzgar el 1-O. "Puede haber imparcialidad, serenidad, si se envía la rebelión y la sedición a Cataluña?".

Crear opinión es una estrategia donde se apuntala la impostura. Los grandes manipuladores lo saben bien. Los maestros de la confusión suelen practicarlo con un talante de lo más digno haciéndose el ofendido. Crear opinión no es fácil, requiere de unas técnicas sutiles que, poco a poco, pierden el hilar fino para convertirse en un burdo varapalo a la lógica, a la razón y, finalmente, a la verdad. A fuerza de esdrújulos el matiz se desvanece entre el blanco o el negro irreconciliables. Los buenos profesionales logran que la realidad cambie, que deje de ser reconocida por los que la padecemos. La reiteración conduce a la duda. Difama, miente, tergiversa que algo queda. ¿Qué habrá de realidad en algunos de los relatos que se escucharán?

Cabe preguntarse si la realidad es verídica ya que cada uno tenemos la nuestra, de verdad -al menos un trocito de esta-. La batalla por el relato es la cuestión. En una crónica verosímil, con apariencia de poder ser aunque no sea del todo cierta, se abrirá, pues, la etapa del relato. Cada uno el suyo. Mientras -y también sin chándal- se ha iniciado una campaña llamada España Global. El Ayuntamiento de Barcelona y el Barça han pedido que se retiren sus logos de la web, los únicos soportes que tenía en Cataluña este artefacto creado por el gobierno español para contrarrestar las mentiras catalanas. La batalla por la mejora de la percepción de España en el exterior y entre los mismos españoles ha comenzado poco afortunadamente cuando la secretaria de estado, una ex diputada de UPyD, declaró a la BBC que "no pasa cada día que líderes políticos que han cometido delitos vayan a juicio". Una afirmación que ya culpa y sentencia los presos políticos cuando aún no ha ni empezado el juicio. Cosas del relato.

En mitad del momento más judicial que político, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, habría aceptado que en la cumbre de partidos para tratar sobre la cuestión catalana haya "alguien que pueda tomar nota, convocar y coordinar" los encuentros. En declaraciones a los medios, la vicepresidenta ha rechazado atribuir a esta figura el papel de "mediador", como piden los partidos independentistas, y ha utilizado el bien hallado término de "relator".

¡Ay, el petróleo, la serenidad y la imparcialidad ... qué grandes relatos!


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