Alejandro Lerroux es un insigne
referente histórico de la demagogia, del españolismo y del anticatalanismo. Un
cordobés de origen establecido en Barcelona que pasó por el Instituto Ramon
Muntaner de Figueres. De mayor se licenció en derecho, una carrera obtenida
-dicen las malas lenguas- por influencias y por amistades. De hecho, se graduó
en 1923 en un solo día con nueve matrículas de honor a los 58 años. El prodigioso
milagro académico se obró en la Universidad de La Laguna.
Eugeni Xammar, periodista,
diplomático y políglota -hablaba siete lenguas-, en una suerte de libro de
memorias dedica una dura referencia a Lerroux. Define a este personaje como
"un gran táctico del juego sucio a lo largo de toda su vida". Lo hace
rodeado de un grupo escogido de gente "tarada" [sic] que sembraron en
el resto de España el movimiento republicano anticatalán con el Partido Radical, "el cual, ayudado
por las circunstancias, entró un día, en su mayoría, en el Ayuntamiento de
Barcelona. Sería injusto decir que los concejales lerrouxistas -una comitiva de
ladrones- se llevaban los muebles de la casa de la ciudad. Preferían llevarse
el dinero de la caja y comprarse los muebles que fueran de su gusto”.
Lerroux tuvo que exiliarse varias
veces, una por los hechos de la Semana Trágica en Barcelona que causaron 87
muertos y cientos de heridos en un estallido de actos vandálicos contra bienes
de la iglesia. El anticlericalismo atizado por el republicanismo -convertido en
bandera del lerrouxismo- había envenenado este sentimiento. Lo que había
comenzado como un movimiento social de protesta en la calle se convirtió en una
semana de incidentes graves, de ataques violentos a conventos, escuelas y
parroquias. El comité de huelga se vio desbordado y tomaron el protagonismo
instigadores e individuos con ganas de notoriedad.
En 1909 había publicado el
conocido artículo Matad , “Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en
la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus
templos, acabad con sus dioses, alzad el velo a las novicias y elevadlas a la
categoría de mujeres para virilizar la especie, penetrad en los registros de propiedad
y haced hogueras con sus papeles para que el fuego purifique la infame
organización social; entrad en los hogares humildes y levantad legiones de
proletarios para que el mundo tiemble ante sus jueces […]. No os detengáis ante
los sepulcros ni ante los altares”.
Alejandro Lerroux llegó a
presidente del gobierno español en tres ocasiones y fue ministro de la Guerra y
de Estado. En las elecciones generales del 1936, el Partido Radical se
derrumbó, ni el propio Lerroux obtuvo el acta de diputado. Había estallado el
escándalo del estraperlo, un asunto de corrupción relacionado con el juego que implicaba
de lleno a este individuo. En la guerra civil se exilió a Portugal. Lerroux,
como muchos del partido radical, apoyaría al generalísimo Francisco Franco.
España, esta piel de toro, a
menudo no ha tenido suerte ni acierto con sus líderes políticos.
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