La República de
los bombos está de enhorabuena. La intervención de las autoridades españolas
ante la federación internacional posibilitarán que Manolo el bombero -de bombo-
evolucione en las gradas rusas. Se alinean delicadamente el ritmo a golpe de
maza con la sensibilidad musical que ha de encarrilar, por la parte que nos
toca, el fracaso de Messi y el tropiezo de Cristiano a favor de la genuina raza
hispana de la Roja. Intrigados e infinitamente agradecidos no sabemos a quién
colgar la medalla de la victoria en materia de percusión. ¿Al monarca, al
presidente actual, a Rajoy y a sus deportivos pentagramas, a la conferencia
episcopal española, a la filarmónica de Calanda o al juez Llarena que manda
mucho, tiene mucho criterio y no desafina?
El detalle
pequeño aporta grandilocuencia al gesto desde la nimiedad gestionada con
elegancia para que las menudencias se conviertan en la clave de las grandes
hazañas. Viva, pues, Manolo el del bombo que deberá competir al mismo tiempo
contra otro mundial que tiene el epicentro en el estadio ampurdanés de Sant
Martí de Empúries bajo la advocación de Asclepio, un árbitro de la federación
clásica grecorromana. En esta subsede de los Juegos del Mediterráneo se hallan
concentrados los Obama, Salma Hayeck, la Beyoncé, Will Smith y muchos cofrades
de la farándula político económica que se alinean en la selección del glamour o
del amor desmesurado, ya que no repara en gastos, concentrada a puerta atrancada.
"Pueblo, yacimiento arqueológico y restaurantes cerrados".
Si la polémica
presencia de Maradona en el mundial se ha convertido en un pintoresco centro de
interés, es de ejemplar justicia poética que un timbal de meseta, Manolo, al
compás airoso de un pasodoble para bombo y platillo pueda iluminar la precisión
de los pases toreros y los aciertos a portería de los herederos de Lopetegui al
otro lado del telón de acero.
Mucho más
cercano -y doméstico- este fin de semana San Juan de las Abadesas ha vivido el
Festival Clownia. La quinta edición de una ciudad que renace con espacios para
la conciencia convertida en una fiesta mayor de primavera cuando el verde
intenso envuelve la noche y la música es una celebración de vida en la ciudad
lejana, Clownia. Un festival que promueve e inspira, con la complicidad de los lugareños,
el grupo Txarango.
¡Por muchos
años más, chicos!
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