sábado, 16 de junio de 2018

Fotos redondas como una pelota de futbol.

Si una imagen pudiera valer más que mil palabras, hay una fotografía reciente, la que encuadra el paisaje y el microclima políticos que confluyeron durante la fiesta de San Antonio de Padua -no confundir con San Abtonio Abad que se celebra por enero-. El objetivo de dicha foto capta a un seleccionador de fútbol fulminado, a un monarca vigente y a un ministro de cultura recién chamuscado, el más corto de todos los que se hacen o deshacen prometiendo o jurando. Esta instantánea ilustra el acto de despedida de la selección española de fútbol camino del mundial siberiano.

Por San Antonio nos dimos cuenta de que tenemos la cultura hecha "unos zorros". Según la víctima, una especie de recién llegado rescatado del contexto de la tertulia y de las lentejuelas donde habitaba confortablemente inmerso, porque la manada feroz, la jauría aulladora y un pelotón de gatos lenguaraces conjurados lo han abatido como a una presa. La bestialidad rabiosa lo ha acorralado, lo ha despedazado y se ha zampado a la gacela en saliendo a pastar por el césped ministerial simbolizado por el del estadio donde se le retrató. Acordaos que ya os alerté en la anterior entrada al blog: "Aviso, se acaba la política y comienzan las pelotas". Premonitorio. 

También Trump, a quien mi suegra sigue asociando acertadamente a un hombre del circo, ha estado poco sutil y demasiado exigente requiriendo a los periodistas una foto muy bonita en la que salgan delgados, él mismo y el rollizo Kim Jong-un. ¡Milagros no, Donald! Aunque desde la pista central de la política mundial han sido la imagen -sólo una imagen- de dos flequillos autocomplacientes pasándose el balón de un acuerdo sin demasiada letra pequeña. ¿Cuáles serán los compromisos no verificables en la voluntad incierta de no saltarse la dieta equilibrada y baja en radiaciones que debería facilitar el trabajo de los medios en próximos encuentros -o tropiezos-. Seguiré con interés la aerodinámica corporal de este par de orondos políticos que deberían ser conscientes de que las fotos las carga el diablo y que la historia también practica las selfies

Regreso a la galería nacional y a la actividad febril de las máquinas de editar, retocar i suprimir a personajes incómodos. Borrar a Lopetegui el traidor a sólo unas horas para que Putin encienda el pebetero de las pelotas rusas es un despropósito y un desperdicio de recursos. Camisetas descatalogadas a precio de saldo en los bazares chinos, carteles obsoletos de la selección reciclados para envolver grasientos bocadillos. Un desastre. Confieso mi poca adicción al balón, por eso hasta ayer no fui consciente de lo que conlleva la elección que ha hecho y "divulgado" el presidente del Real Madrid. Algo que a modo de parche para la ocasión remediará el sustituto Hierro. Este, con cara de yo sólo pasaba por aquí, habrá de afrontar el reto y poner estrategia a la marca España en materia futbolística, el deporte que se juega con los pies. ¡Suerte y goles! 

La fotografía que focaliza la crónica del trío es bien representativa por los protagonistas que congrega. Hay dos actores principales y uno subsidiario o presuntamente ajeno a los hechos -no a las consecuencias- cuando el día de San Antonio los tribunales acababan de pitar una falta directa -con el monarca a la barrera en actitud de protegerse las partes más nobles- provocada por el cuñado, Urdangarín. 

Este protagonista ausente, como el ministro cesado, también es un recién llegado al ámbito de la nobleza donde ostentaba un título prestado. La parentela de la monarquía está en los tribunales porque la justicia es igual para todos y porque Hacienda somos todos como acabamos de comprobar la mayoría de los mortales con la declaración de la renta y el exministro de cultura en propia piel. Con el ingreso en prisión de Urdangarín también podremos proclamar el trato ecuánime a los convictos, el mismo para todos. 

Continuamos siendo un país de risa, de vivir y de celebrar a pesar del dramatismo prebélico que dibuja el ministro Borrell y predica la catastrofista Arrimadas. En algunas zonas de Cataluña el día de San Antonio menudearon las romerías con sardanas, misa en honor del Santo Patrón y paella popular. ¡Felicidades Antonios y Antonias! 

En Barcelona ya no concedemos demasiado crédito a los pregonados registros en organismos oficiales y otros que menudean y coinciden con determinadas sentencias judiciales. Desgraciadamente nos han hecho acostumbrar a ello. Otra vez, una más, acontece que la sentencia Urdangarín propició simultáneas incursiones que no produjeron primicia informativa alguna a la catalana manera que causara más humareda que el anuncio de la destitución del seleccionador nacional. Hubo, pues, que sacar a la procesión legal un santo cristo más grande, el de Florentino anunciando la buena nueva: ¡ya tiene seleccionador! ¿Una mera coincidencia?

¡Hay fotos bien redondas, como una pelota de fútbol!

No hay comentarios:

Publicar un comentario