Si una imagen
pudiera valer más que mil palabras, hay una fotografía reciente, la que
encuadra el paisaje y el microclima políticos que confluyeron durante la fiesta
de San Antonio de Padua -no confundir con San Abtonio Abad que se celebra por enero-.
El objetivo de dicha foto capta a un seleccionador de fútbol fulminado, a un
monarca vigente y a un ministro de cultura recién chamuscado, el más corto de
todos los que se hacen o deshacen prometiendo o jurando. Esta instantánea
ilustra el acto de despedida de la selección española de fútbol camino del
mundial siberiano.
Por San Antonio
nos dimos cuenta de que tenemos la cultura hecha "unos zorros". Según la víctima, una especie de recién llegado
rescatado del contexto de la tertulia y de las lentejuelas donde habitaba
confortablemente inmerso, porque la manada feroz, la jauría aulladora y un
pelotón de gatos lenguaraces conjurados lo han abatido como a una presa. La bestialidad
rabiosa lo ha acorralado, lo ha despedazado y se ha zampado a la gacela en
saliendo a pastar por el césped ministerial simbolizado por el del estadio
donde se le retrató. Acordaos que ya os alerté en la anterior entrada al blog:
"Aviso, se acaba la política y comienzan las pelotas".
Premonitorio.
También Trump,
a quien mi suegra sigue asociando acertadamente a un hombre del circo, ha estado
poco sutil y demasiado exigente requiriendo a los periodistas una foto muy
bonita en la que salgan delgados, él mismo y el rollizo Kim Jong-un. ¡Milagros
no, Donald! Aunque desde la pista central de la política mundial han sido la
imagen -sólo una imagen- de dos flequillos autocomplacientes pasándose el balón
de un acuerdo sin demasiada letra pequeña. ¿Cuáles serán los compromisos no
verificables en la voluntad incierta de no saltarse la dieta equilibrada y baja
en radiaciones que debería facilitar el trabajo de los medios en próximos
encuentros -o tropiezos-. Seguiré con interés la aerodinámica corporal de este
par de orondos políticos que deberían ser conscientes de que las fotos las
carga el diablo y que la historia también practica las selfies.
Regreso a la
galería nacional y a la actividad febril de las máquinas de editar, retocar i
suprimir a personajes incómodos. Borrar a Lopetegui el traidor a sólo unas
horas para que Putin encienda el pebetero de las pelotas rusas es un despropósito
y un desperdicio de recursos. Camisetas descatalogadas a precio de saldo en los
bazares chinos, carteles obsoletos de la selección reciclados para envolver grasientos
bocadillos. Un desastre. Confieso mi poca adicción al balón, por eso hasta ayer
no fui consciente de lo que conlleva la elección que ha hecho y "divulgado"
el presidente del Real Madrid. Algo que a modo de parche para la ocasión
remediará el sustituto Hierro. Este, con cara de yo sólo pasaba por aquí, habrá
de afrontar el reto y poner estrategia a la marca España en materia
futbolística, el deporte que se juega con los pies. ¡Suerte y goles!
La fotografía
que focaliza la crónica del trío es bien representativa por los protagonistas
que congrega. Hay dos actores principales y uno subsidiario o presuntamente
ajeno a los hechos -no a las consecuencias- cuando el día de San Antonio los
tribunales acababan de pitar una falta directa -con el monarca a la barrera en
actitud de protegerse las partes más nobles- provocada por el cuñado, Urdangarín.
Este
protagonista ausente, como el ministro cesado, también es un recién llegado al
ámbito de la nobleza donde ostentaba un título prestado. La parentela de la
monarquía está en los tribunales porque la justicia es igual para todos y porque
Hacienda somos todos como acabamos de comprobar la mayoría de los mortales con
la declaración de la renta y el exministro de cultura en propia piel. Con el
ingreso en prisión de Urdangarín también podremos proclamar el trato ecuánime a
los convictos, el mismo para todos.
Continuamos
siendo un país de risa, de vivir y de celebrar a pesar del dramatismo prebélico
que dibuja el ministro Borrell y predica la catastrofista Arrimadas. En algunas
zonas de Cataluña el día de San Antonio menudearon las romerías con sardanas,
misa en honor del Santo Patrón y paella popular. ¡Felicidades Antonios y
Antonias!
En Barcelona ya
no concedemos demasiado crédito a los pregonados registros en organismos
oficiales y otros que menudean y coinciden con determinadas sentencias
judiciales. Desgraciadamente nos han hecho acostumbrar a ello. Otra vez, una
más, acontece que la sentencia Urdangarín propició simultáneas incursiones que
no produjeron primicia informativa alguna a la catalana manera que causara más humareda
que el anuncio de la destitución del seleccionador nacional. Hubo, pues, que sacar
a la procesión legal un santo cristo más grande, el de Florentino anunciando la
buena nueva: ¡ya tiene seleccionador! ¿Una mera coincidencia?
¡Hay fotos bien
redondas, como una pelota de fútbol!
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