martes, 24 de octubre de 2017

Jinetes del 155.



La incógnita política de los días capitaliza la vida en su totalidad. El espantajo del 155 es un fantasma en proceso real de materialización. ¿Serán elecciones o será República? Una incógnita que las bolas de cristal no avanzan porque no sabemos todavía cuál será la elección que el presidente Puigdemont tomará esta semana. ¡Suerte y acierto! Pintan bastos cuando las voces significativas del partido popular ya no admiten que sólo clarifique si declaró o no la república. Parece que también debería pedir perdón y debería bajar la cabeza -y otras cosas- para que le absuelvan tras dedicarle los cachetes preceptivos que la cosa pueda comportar como -según airea el locuaz fiscal- una pena de prisión que dicen ya está legalmente hilvanada. No es una hipótesis cuando hay dos presos en unas circunstancias muy homologables a los que ya hacíamos inéditos y para la nostalgia, los políticos. 

Ya se verá si esta exquisitez del 155, el paradigma de las pulsiones totalitarias, se retira o continúa con voluntad de apisonar la Generalidad de Cataluña pase lo que pase. Méndez de Vigo, el ministro portavoz ha pedido una rectificación al The Times -cosas de la lengua- porque él no habría dicho que están dispuestos a recurrir a la fuerza si hay desobediencia sino que lo que ha dicho o quería decir -si el subconsciente no lo ha traicionado- es que el gobierno central evitará los actos de violencia. Difícil de rectificar cuando precisamente los antecedentes no lo avalan. Ayer también habría tenido que rectificar el ministro de exteriores respecto de unas imágenes del 1-O -los antecedentes anteriormente mencionados- en el sentido de que habían sido manipuladas o que, directamente, eran falsas. La cosa se le complicó al ministro cuando el presentador le confirmó que las presuntas imágenes a que aludía el ministro habían sido registradas por la misma cadena inglesa. ¡Qué patinada! 

Han liberado -no se les ha escapado- a la bestia constitucional de la jaula. A pesar de que el senador García Albiol predice desde la comisión que gestionará el 155 que "nos vamos a reír", la rejodida gracia que nos produce a algunos es mínima. Tras el ensordecedor clamor de diálogo político desde muchos y diversos rincones ha ganado la partida la sordera interesada. Tendrá razón el recuento estadístico de Machado cuando escribía que "En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa". Espero que anduviera errado y que en pleno XXI haya algunas más de las que piensan. 

Me ahorro las negativas reiteradas -y algunas de absurdas- que desde Cataluña se han recibido desde el gobierno central desde hace años. No os detallaré el listado de agravios que muchos catalanes consideramos que hemos sufrido. Pongámonos en el momento actual de este choque de trenes que dicen debe producirse entre un convoy del tren cremallera del Valle de Núria y otro de alta velocidad en circulación desde Madrid Puerta de Atocha con destino a Barcelona Sants y que los estrategas de la cosa ferroviaria hacen cercano a Calatayud, tan apresurado que no se ha detenido ni a preguntar por la Dolores. 

Os aseguro que me duele. Empapado de tristeza y de vergüenza asisto a un episodio que se puede resolver en el agreste 155. ¡Qué pena! Y me duele este espíritu que ha ido empapando de anticatalanismo a muchos que desde el absoluto desconocimiento y desde la lejanía ignorante ahora nos juzgan y se afanan por ver cómo se pueden ir al traste demasiadas cosas. ¡España también, amigos de la meseta! Y os aseguro que no me consuela ni me llena de gozo. Asistir al juego sucio, a la consigna sudada, a embestir en lugar de reflexionar, a menospreciar en lugar de entendernos me confirma que una vez más no hay cabida ni voluntad para conjugar la posibilidad armónica de convivir sin que algunos nos sintamos en territorio colonizado.

Decidme desconfiado pero llego a pensar que a los jinetes de esta apocalipsis ya les está bien el punto en el que el desenlace fatal -espero que no- parece irreversible. ¿Era eso, compañeros? Supongo que cada uno tiene sus santos patrones y pone las velas en su capilla. Decidme suspicaz, pero me pregunto si no era este el objetivo de algunos. Me explico. ¿Cuáles han sido los proyectos y los compromisos que han llegado desde Madrid a la situación actual? ¿Cuál ha sido la estrategia de seducción para reconducir el malestar catalán? ¿Qué voluntad de entendimiento ha habido? La respuesta es este 155, un martillo de herejes constitucionales que pendula sobre la testa catalana. ¿Y cómo se gestionará? Os aseguro que no será machacando el hierro frío que forja la tozudez catalana. Ganaréis -os impondréis- pero no nos convenceréis. 

Tras la humareda del destrozo, retirada la cortina catalana que estos días lo tapa todo, está la realidad, la vida, las personas y un entendimiento muy dañados. Deseo que el gran objetivo de estado, el gran reto para construir esta España gloriosa que proclama -desde el 155-, no exista únicamente el anticatalanismo que tanta cohesión social fragua y tantos votos les aporta.

Tenía pensado no hablar del momento político. ¡Disculpen! Quería hablar del amor, un centro de interés que me sugirieron para rehuir el aroma a rancio y la tristeza -¡Eh, que me repito!- que el momento me produce. Os debo algo sobre la afección viva hacia una persona o cosa desde vertientes diversas.

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