La incógnita política
de los días capitaliza la vida en su totalidad. El espantajo del 155 es un
fantasma en proceso real de materialización. ¿Serán elecciones o será
República? Una incógnita que las bolas de cristal no avanzan porque no sabemos
todavía cuál será la elección que el presidente Puigdemont tomará esta semana. ¡Suerte
y acierto! Pintan bastos cuando las voces significativas del partido popular ya
no admiten que sólo clarifique si declaró o no la república. Parece que también
debería pedir perdón y debería bajar la cabeza -y otras cosas- para que le
absuelvan tras dedicarle los cachetes preceptivos que la cosa pueda comportar como
-según airea el locuaz fiscal- una pena de prisión que dicen ya está legalmente
hilvanada. No es una hipótesis cuando hay dos presos en unas circunstancias muy
homologables a los que ya hacíamos inéditos y para la nostalgia, los políticos.
Ya se verá si
esta exquisitez del 155, el paradigma de las pulsiones totalitarias, se retira
o continúa con voluntad de apisonar la Generalidad de Cataluña pase lo que pase.
Méndez de Vigo, el ministro portavoz ha pedido una rectificación al The Times -cosas de la lengua- porque él
no habría dicho que están dispuestos a recurrir a la fuerza si hay
desobediencia sino que lo que ha dicho o quería decir -si el subconsciente no
lo ha traicionado- es que el gobierno central evitará los actos de violencia.
Difícil de rectificar cuando precisamente los antecedentes no lo avalan. Ayer
también habría tenido que rectificar el ministro de exteriores respecto de unas
imágenes del 1-O -los antecedentes anteriormente mencionados- en el sentido de
que habían sido manipuladas o que, directamente, eran falsas. La cosa se le
complicó al ministro cuando el presentador le confirmó que las presuntas
imágenes a que aludía el ministro habían sido registradas por la misma cadena
inglesa. ¡Qué patinada!
Han liberado
-no se les ha escapado- a la bestia constitucional de la jaula. A pesar de que
el senador García Albiol predice desde la comisión que gestionará el 155 que
"nos vamos a reír", la rejodida
gracia que nos produce a algunos es mínima. Tras el ensordecedor clamor de
diálogo político desde muchos y diversos rincones ha ganado la partida la
sordera interesada. Tendrá razón el recuento estadístico de Machado cuando
escribía que "En España, de cada
diez cabezas, nueve embisten y una
piensa". Espero que anduviera errado y que en pleno XXI haya
algunas más de las que piensan.
Me ahorro las
negativas reiteradas -y algunas de absurdas- que desde Cataluña se han recibido
desde el gobierno central desde hace años. No os detallaré el listado de
agravios que muchos catalanes consideramos que hemos sufrido. Pongámonos en el
momento actual de este choque de trenes que dicen debe producirse entre un
convoy del tren cremallera del Valle de Núria y otro de alta velocidad en
circulación desde Madrid Puerta de Atocha con destino a Barcelona Sants y que
los estrategas de la cosa ferroviaria hacen cercano a Calatayud, tan apresurado
que no se ha detenido ni a preguntar por la Dolores.
Os aseguro que
me duele. Empapado de tristeza y de vergüenza asisto a un episodio que se puede
resolver en el agreste 155. ¡Qué pena! Y me duele este espíritu que ha ido
empapando de anticatalanismo a muchos que desde el absoluto desconocimiento y
desde la lejanía ignorante ahora nos juzgan y se afanan por ver cómo se pueden
ir al traste demasiadas cosas. ¡España también, amigos de la meseta! Y os
aseguro que no me consuela ni me llena de gozo. Asistir al juego sucio, a la
consigna sudada, a embestir en lugar de reflexionar, a menospreciar en lugar de
entendernos me confirma que una vez más no hay cabida ni voluntad para conjugar
la posibilidad armónica de convivir sin que algunos nos sintamos en territorio
colonizado.
Decidme
desconfiado pero llego a pensar que a los jinetes de esta apocalipsis ya les
está bien el punto en el que el desenlace fatal -espero que no- parece
irreversible. ¿Era eso, compañeros? Supongo que cada uno tiene sus santos
patrones y pone las velas en su capilla. Decidme suspicaz, pero me pregunto si
no era este el objetivo de algunos. Me explico. ¿Cuáles han sido los proyectos
y los compromisos que han llegado desde Madrid a la situación actual? ¿Cuál ha
sido la estrategia de seducción para reconducir el malestar catalán? ¿Qué
voluntad de entendimiento ha habido? La respuesta es este 155, un martillo de
herejes constitucionales que pendula sobre la testa catalana. ¿Y cómo se
gestionará? Os aseguro que no será machacando el hierro frío que forja la
tozudez catalana. Ganaréis -os impondréis- pero no nos convenceréis.
Tras la
humareda del destrozo, retirada la cortina catalana que estos días lo tapa
todo, está la realidad, la vida, las personas y un entendimiento muy dañados.
Deseo que el gran objetivo de estado, el gran reto para construir esta España
gloriosa que proclama -desde el 155-, no exista únicamente el anticatalanismo
que tanta cohesión social fragua y tantos votos les aporta.
Tenía pensado
no hablar del momento político. ¡Disculpen! Quería hablar del amor, un centro
de interés que me sugirieron para rehuir el aroma a rancio y la tristeza -¡Eh,
que me repito!- que el momento me produce. Os debo algo sobre la afección viva
hacia una persona o cosa desde vertientes diversas.
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