sábado, 14 de octubre de 2017

Textil de temporada.



El huracán Ophelia amenaza los flancos gallegos. La globalidad meteorológica es cada vez más ecuánime y nos empapa con furia caribeña. Días calientes, más que tropicales, soplan y emborrascan este otoño atípico. Una contradicción a las temperaturas inusuales y a la sequía pertinaz con una magra -aunque pródiga- cosecha estacional de castañas. Desconcertado -por un si acaso- yo he recuperado la camiseta imperio del fondo de armario. Decidir cómo me visto cada mañana es todo un reto. ¿Con la camisa es suficiente o acarreo también una pieza ligera por si el día se vuelve desapacible y acaba un pelín gélido? 

Ya veis, la cosa se ha decantado hacia el textil de temporada. Llegados a este punto propongo un estudio de carácter científico respecto de los metros cuadrados de bandera que se han comercializado en la efervescencia de calle o han terminado colgados en los balcones en una soledad melancólica atacada por el sol y por los elementos. Se deberá seguir la evolución del Ophelia por si los acaba deshilachando. Este indicador, la superficie total de las banderas, podría dilucidar -a falta de un referéndum acordado- cómo están las fuerzas que se miden y se alternan en las calles barcelonesas, para acotarlo. Ha trascendido que ayer, en Madrid, los vendedores ocasionales no daban abasto a reponer la mercadería. 

La edición de este año de la fiesta de la Hispanidad también ha batido otros récords. Cabe destacar el meritorio concurso y el protagonismo de entrañables mascotas en el desfile. Los observadores objetivos cifran en un 50% el incremento -una innovación loable- en la participación de bestias suntuarias de las que no se pueden cabalgar o no tiran carretas cuarteleras. Este año un temerario perro motorizado -sin casco ni gafas protectoras- compite por las simpatías que desde tiempos inmemoriales monopolizaba la marcial cabra legionaria. Habría que analizar cómo se decantan las preferencias entre los partidarios de uno o de otro ente. Ya hay varios grupos de chats en las redes -una animalada- compitiendo por los "me gusta" para con el chucho con monopatín o a favor del doméstico mamífero artiodáctilo rumiante comúnmente conocido como la cabra. 

Volviendo al textil -si aún no lo han deslocalizado- debo prevenir que estoy muy intrigado, ávido del papel satinado que ha de documentar las tendencias que han sido paradigma de elegancia y han sobresalido en la audiencia real del 12-O. Descartados por razones obvias el economista Sala-i-Martín y Jaime de Marichalar, el Duque de Lugo, que podían aportar color y excentricidad en asuntos de indumentaria, deberé centrarme en la diversidad del sector femenino. No estoy todavía en condiciones de emitir una crónica con fundamento, sólo un breve esbozo -una primicia- focalizada en el bolso de la presidenta de la Comunidad de Madrid que, al mismo tiempo, me viene a cuestionar el recuento del metraje en la aritmética de las banderas. ¿Cómo validar este estampado en los diversos complementos? ¿Cuentan igual, por metro cuadrado, o tienen un plus de calidad que debe comportar una bonificación ponderada de superficie? Lo consultaré a los estadísticos. Por ahora, en ayunas de las revistas del corazón -la guía que debe depurar el análisis detallado y me ha de iluminar la mirada- declaro solemnemente mi debilidad por el vestido negro con guantes color burdeos hasta el codo de la vicepresidenta. Un destilado subliminal de alto octanaje entre Rita Haywoorth y Jacqueline Kennedy. 

¡Ojo, Mariano!

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