lunes, 25 de septiembre de 2017

¡Votaremos!



Me declaro en rebeldía por extremista radical, sedicioso, minoritario y adscrito al tumulto. Me acuso de haber asistido, coreado y dado apoyo muy especialmente a la consigna del queremos votar -¡Votaremos! 

Me contengo y me ahorro la ristra de calificativos que me han adjudicado desde demasiados medios que una vez más me han reflejado desde aquel callejón de espejos esperpénticos por donde vagaba la genialidad tan vigente de la prosa castiza de Valle-Inclán. Ciertamente que echo de menos hoy desde Madrid la estampa y el estilo de un Max Estrella entre lo cóncavo y lo convexo que en Cataluña instalamos en un salón de espejos muy celebrado en el parque de atracciones de Montjuïc para reírnos de nosotros mismos. 

La realidad desdibujada siempre conduce a la sonrisa y posee un componente, un excipiente eficaz, que diluye la miseria y la crítica -la autocrítica también- en algo saludable. Cuando, sin embargo, el esperpento estrambótico y torpe es un espejo empañado y remendado en el que nos condenan a reflejarnos y nos enmarcan interesadamente hemos de desconfiar. ¡Ojo, alerta! Me consuela mucho -bien cierto- que, tras rebajarme a la altura del betún, de tacharme de engañado sin criterio, de extremista y de bobo convicto por una abducción sideral de fanatismo, una neumática tertuliana rubia excesiva -en argumentos y calibre- declare con apasionada vehemencia sincera "quiero firmemente a los catalanes". Me ahorraré de describir o de hacer apología de la sinuosa -y dulce- muerte por achuchones asfixiado en un beso de tornillo. ¡Gracias!

La contestación ciudadana que ha vivido Cataluña estos últimos tres días ha sido monumental. La sacudida de civilidad donde la misma CUP ha exhibido mesura, habilidad y ejemplo ante provocaciones al borde de la chispa sólo ha encendido tormentas a golpe de cacerolas y el cansancio de mucha ciudadanía destilado en concentraciones "tumultuosas" donde te ofrecían agua y un bocado con una exquisitez pegajosa que supera el concepto de revuelta. Demasiado azúcar, demasiadas sonrisas, demasiadas cortesías para los adictos a la revolución de manual como es debido. Para los profesionales de la asonada esto no va a ninguna parte. Tienen razón porque estos cobardes turbulentos de la sedición se parapetan tras criaturas todavía de pecho y recurren a escudos humanos con más currículum farmacéutico que subversivo. ¡No vamos a ninguna parte, camaradas! 

Han conseguido que la sufrida paciencia de muchos estalle en la calle. Detener esta determinación no será sólo cosa de las golondrinas amarradas en el puerto de la represión. Allí con un clavel en los labios se inspiraba premonitorio el poeta Salvat-Papasseit respecto "de aquel viejo marinero ... que iba a cacería de estrellas" donde estos días están abarloados unos barcos policiales. El órdago a la mayor violentando la Constitución del 78 ya no clama libertad, amnistía ni estatuto de autonomía. La gente pide votar cuando el sí o el no es en esta edición algo fácil de entender, "¿Desea que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?". 

Por ahora los catalanes estamos solos en un "conflicto" para el consumo interno y propio -como la deprimida impresora del Rufián en el Congreso-. Recordemos el papel de estraza de Europa durante la situación dramática en la guerra civil española o el papel de la comunidad internacional el 1945. Asuntos caseros que se resuelven con sentidas condolencias cargadas de metáfora y sensiblería. Acompañamientos y visitas de cortesía sin un triste presente o unas pastitas para el té. ¿Conseguiremos romper la tendencia? Algunos españoles se darán cuenta de que esta independencia también va más allá de la mera separación de España. Este es el verdadero órdago. Tímidas y mesetarias voces se alzan con una mención de honor para los vascos, presuntos solidarios, que ya se ven poniendo los huevos de oro si los catalanes nos vamos.

Recapitulemos. La marmota momificada. Los puentes por rehacer y sin planos. Cataluña muy y transversalmente irritada. Vivimos un momento -este de verdad- histórico y apasionante. 

¡Que tengamos suerte!

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