No quería
volver a escribir del momento -judicial- actual. Tenía pensado hablar de
setas, del otoño, de la sequía que amaina. De los efectos de la vuelta a
empezar... De Messi, que siempre es un recurso cuando vas corto de centros de
interés. O, si me veo absolutamente sobrepasado, de la insoportable levedad del
ser. De la anécdota que me contaron de cuando Josep Pla -ya demasiado abrasado
por el humo, el espíritu del vino y chocheando mucho- se te acercaba y te pedía
canturreando si conocías aquel bolero que cuestionaba cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco. Merezco una explicación, remachaba el
gran Machín -interpretado por el vocalista Pla- sacudiendo unas maracas
imaginarias. Esto, "corazón loco
", porque no te puedo comprender corazón loco. En la infancia ya me parecía
una cruel barbaridad como una vecina dedicaba este cordial bolero, que
suscitaba gran entusiasmo a principios de los sesenta, a otra vecina de escalera
a quien no podía ver ni en pintura la cual sufría problemas reales, del corazón.
En medio de
esta entrañable locura cardiovascular la tensión arterial ha subido
progresivamente a índices alarmantes. De infarto, se desgañita enfurecido el
locutor de baloncesto en las postrimerías de un enfrentamiento donde el tiempo
se vuelve eterno y el relojes pierden el sentido común. ¿Habrá prórroga? La
actualidad informativa -también la reprimida y/o censurada- no da abasto a los
titulares que se van generando. Los hechos se suceden trepidantes e imparables.
La terca determinación no parece que se detenga ante la derrota en la requisa
de unos pasquines que la red reproduce a raudales. Triste batalla contra el
papel cuando se vuelve severa contra las ideas e intransigente con las
voluntades.
En la
bifurcación, el punto donde las vías dejan de confluir, sigue percibiéndose el
eco ensordecedor de los silencios significativos de aquellos que teniendo voz
-y altavoz- han enmudecido entre la vocinglería gatuna -como decía el comediante-.
Entiendo que ante la alternativa sólo del "sí" o del "no"
el matiz sobrepasa el gris. La confluencia o la equidistancia regresa con un eco
de bolero con el corazón partío de
algunos cuando no loco de
otros.
A quince días
de lo que sí se hará/no se hará el tiempo no se atrapa y la marmota ya está
muerta y enterrada -anunciamos-. Pongo la oreja en una conversación de metro
entre dos jóvenes que tienen determinado de antemano de decantarse por el
"No!" pero que acaban de decidir que tienen derecho a decir la suya. Me
desconcierta la pregunta directa como un escopetazo de una extranjera curiosa -¿Usted
es independentista? -suelta sin eufemismos. La respuesta podría ser larga y
compleja, pero -con el permiso del Sr. Juliana- podría resumirla adscribiéndome
al grupo cada día más numeroso de los cabreados
-emprenyats-.
Dando tumbos
por el tópico de la cordura y del arrebato -el
seny i la rauxa-propios de un pueblo que de las piedras ha hecho harina,
pan y croissants caminamos por los recovecos de la obstinación terca esquina
con queremos votar justo en el chaflán de una república por estrenar. Aquellos
que apelaban y confiaban en la justa medida sensata de talante sufrido asisten
asombrados al nuevo carácter que el arrebato -la rauxa- ha alcanzado.
Si tu gente no me quiere. Ni a tí te traga la
mía... Son las cosas de la
vida, son las cosas del querer... Hay quien
explica -¿una leyenda urbana?- que han visto a la democracia balanceando
torpemente un bolso apostada en una esquina. Estoy por no creérmelo, pero todo
es plausible. Acabaré dejando constancia que anoche un personaje, nada
sospechoso debajo de la lluvia otoñal, apartó impúdicamente la gabardina y me
tentó con un surtido catálogo de papeleo clandestino -¡Mira, mira! -.
¡Menudo susto!
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