domingo, 17 de septiembre de 2017

Arrebatos de cordura.




No quería volver a escribir del momento -judicial- actual. Tenía pensado hablar de setas, del otoño, de la sequía que amaina. De los efectos de la vuelta a empezar... De Messi, que siempre es un recurso cuando vas corto de centros de interés. O, si me veo absolutamente sobrepasado, de la insoportable levedad del ser. De la anécdota que me contaron de cuando Josep Pla -ya demasiado abrasado por el humo, el espíritu del vino y chocheando mucho- se te acercaba y te pedía canturreando si conocías aquel bolero que cuestionaba cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco. Merezco una explicación, remachaba el gran Machín -interpretado por el vocalista Pla- sacudiendo unas maracas imaginarias. Esto, "corazón loco ", porque no te puedo comprender corazón loco. En la infancia ya me parecía una cruel barbaridad como una vecina dedicaba este cordial bolero, que suscitaba gran entusiasmo a principios de los sesenta, a otra vecina de escalera a quien no podía ver ni en pintura la cual sufría problemas reales, del corazón. 

En medio de esta entrañable locura cardiovascular la tensión arterial ha subido progresivamente a índices alarmantes. De infarto, se desgañita enfurecido el locutor de baloncesto en las postrimerías de un enfrentamiento donde el tiempo se vuelve eterno y el relojes pierden el sentido común. ¿Habrá prórroga? La actualidad informativa -también la reprimida y/o censurada- no da abasto a los titulares que se van generando. Los hechos se suceden trepidantes e imparables. La terca determinación no parece que se detenga ante la derrota en la requisa de unos pasquines que la red reproduce a raudales. Triste batalla contra el papel cuando se vuelve severa contra las ideas e intransigente con las voluntades. 

En la bifurcación, el punto donde las vías dejan de confluir, sigue percibiéndose el eco ensordecedor de los silencios significativos de aquellos que teniendo voz -y altavoz- han enmudecido entre la vocinglería gatuna -como decía el comediante-. Entiendo que ante la alternativa sólo del "sí" o del "no" el matiz sobrepasa el gris. La confluencia o la equidistancia regresa con un eco de bolero con el corazón partío de algunos cuando no loco de otros. 

A quince días de lo que sí se hará/no se hará el tiempo no se atrapa y la marmota ya está muerta y enterrada -anunciamos-. Pongo la oreja en una conversación de metro entre dos jóvenes que tienen determinado de antemano de decantarse por el "No!" pero que acaban de decidir que tienen derecho a decir la suya. Me desconcierta la pregunta directa como un escopetazo de una extranjera curiosa -¿Usted es independentista? -suelta sin eufemismos. La respuesta podría ser larga y compleja, pero -con el permiso del Sr. Juliana- podría resumirla adscribiéndome al grupo cada día más numeroso de los cabreados -emprenyats-.

Dando tumbos por el tópico de la cordura y del arrebato -el seny i la rauxa-propios de un pueblo que de las piedras ha hecho harina, pan y croissants caminamos por los recovecos de la obstinación terca esquina con queremos votar justo en el chaflán de una república por estrenar. Aquellos que apelaban y confiaban en la justa medida sensata de talante sufrido asisten asombrados al nuevo carácter que el arrebato -la rauxa- ha alcanzado. 

Si tu gente no me quiere. Ni a tí te traga la mía... Son las cosas de la vida, son las cosas del querer... Hay quien explica -¿una leyenda urbana?- que han visto a la democracia balanceando torpemente un bolso apostada en una esquina. Estoy por no creérmelo, pero todo es plausible. Acabaré dejando constancia que anoche un personaje, nada sospechoso debajo de la lluvia otoñal, apartó impúdicamente la gabardina y me tentó con un surtido catálogo de papeleo clandestino -¡Mira, mira! -. 

¡Menudo susto!

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