Hemos matado la
marmota y han abierto la veda de las urnas. Este podría ser el titular que
resume lo que ha sucedido estos dos días de intensa vida parlamentaria en el
parque de la Ciutadella con una desgracia sobreañadida, la furgoneta del
proceso se ha precipitado por el acantilado convertida en un montón de
chatarra; los peritos ya han dictaminado que se trata de un siniestro total. Ahora empieza el mambo! -dice la canción
de otoño de la CUP-.
Mi amigo sabio,
Quim, me ilustra haciéndome saber que Kafka tituló la genial obra -"El
Proceso"- con la palabra Das Urteil,
eligiendo un sinónimo entre muchos disponibles. El prefijo Ur- significa ancestral, antiguo, primigenio. Teil proviene del verbo teilen,
que significa cortar, separar, amputar, dividir. Pero también Teilnehmen equivale a tomar parte,
decidir con todas las consecuencias. Ambas acepciones germánicas coinciden en el
proceso catalán. Al ingenioso spot con la furgo
de la CUP se lee: "El proceso es el castigo" Franz Kafka.
Volviendo al
símil cinegético -de escopeta- ya hace tiempo, muchas temporadas, que en
algunos medios mesetarios se abrió la veda contra los catalanes y de sus
demandas -manías-. Día tras día un congreso de tertulianos preclaros y de
políticos en activo se han dedicado a menospreciar, cuando no a insultar y a
amenazar directamente, lo que vive a la sombra de una barretina. Torpemente y
sin sutileza se ha pedido de todo sin tapujos y, menos aún, sin delicadeza.
Curiosamente la cosa se vuelve mucho más significativa cuando la titularidad de
alguno de los más feroces y encarnizados pertenece a la fraternal iglesia.
Me ahorro la
retahíla de agravios percibidos o sufridos -así se considera por muchos desde
esta orilla peninsular- que se han justificado y avivado desde estos medios y
desde la acción de ciertos políticos en el gobierno. ¿Desde cuándo que una parte
importante de los ciudadanos de Cataluña nos manifestamos civilizadamente
alineados en disciplinadas tablas de multitudinaria gimnasia artística por las
calles? Hay criaturas que han dejado los dientes de leche en ello y a otros les
han salido callos en las manos de tanto levantar consignas o -en crecimiento
exponencial- esteladas. Nos han convocado tantas veces y hemos vivido tantos
días históricos que el calendario del proceso se ha convertido en una gran
enciclopedia de las más generosas en volúmenes.
Este otoño se
ha levantado finalmente la veda del jabalí, del corzo y de la marmota, una
especie invasora de mal aderezar porque es indigesta y, fundamentalmente, se
repite más que el pepino. Si los jabalíes, los simpáticos corzos y otras cabras
fotogénicas han dañado pastos y campos, las marmotas son roedores que han raído
la paciencia de muchos ciudadanos, no sólo de los payeses. Estos animales
resistentes de pelaje espeso y preciado tienen, además, un punto envidiable de
habilidad muy oportuna, hibernan. Se retiraban a las madrigueras y ¡apaga y
vámonos! Las marmotas acostumbradas al microclima político catalán solían asomar
el hocico en sus cubiles reiteradamente y fundamentalmente por los alrededores
de la Diada, el 11-S. Año tras año, edición tras edición... La última batida
seria se realizó durante el memorable 9-N de 2014, pero este contumaz roedor se
fugó una vez más.
Ahora sí, esta
semana, aprovechando que el animal volvía a salir al sol de otoño un poco mortecino,
ha resultado abatido en dos sesiones largas, pesadas y nada ejemplares rastreando
su huella con mucha dificultad. Yo diría que el momento actual parece el
definitivo. Nada será lo que era porque su hábitat como mínimo ha perdido el
equilibrio ecológico confortable donde estaba instalada, la marmota. ¿La han
aniquilado por un exceso de confianza? Pase lo que pase habría que volver a
introducir la especie y cambiar de furgoneta, algo poco probable debido al
cansancio y por la inanición -hibernación- de los animalistas defensores de las
marmotas bravas de lidia.
¿Dónde estamos?
En un momento apasionante que los políticos deberían gestionar con habilidad,
generosidad y exquisitez. Algo muy difícil o imposible ya que el puente
intransitable que iba de los que pasean la piel de la marmota -el 11-S- y los
que persiguen el rastro a metacrilato de las urnas se ha dañado -dicen y se
evidencia- aún más.
He disfrutado leyendo su artículo sr. Labró. El adjetivo Preclaros muy original.
ResponderEliminarLa alusión a Kafka, ya querrían muchos periodistas de El País.
No he reconocido al hijo de la Izquierda Coscubiela y la verdad es que me impresionó tanto su discurso como los aplausos y vítores de la Derecha.
Las marmotas nos saludan con su particular aullido cuando llegamos a los lagos a 2.200 metros de altitud. La ascensión en cuesta es dura pero siempre ha merecido la pena.
El paisaje a esa altura es magnífico. Algunos ya tenemos ganas de verlo.
Y no se preocupe nadie, aunque las furgonetas antiguas siempre guardan su encanto, el 4x4 és mucho más útil en segun qué caminos.
Un abrazo.