Ley de Transitoriedad y
Fundacional de la República. Parece que se
agotan las metáforas de los discursos grandilocuentes y se disparan las futuras
leyes si el referéndum se gana por mayoría. "Cataluña se constituirá en
una república de derecho, democrática y social". La Ley articula -98
artículos y 3 disposiciones adicionales- los mandamientos que deben regular los
fundamentos en la nueva Cataluña republicana -sin monarca- e independiente de
España.
Esto ocurre el
día hábil después de las manifestaciones de Barcelona y de Ripoll. Justo el día
que el ayuntamiento de Barcelona ha decidido desmontar los altares laicos de
las Ramblas en un gesto que anuncia el final del duelo sólo formal por los
atentados porque queda la cicatriz. La andanada del cañón de Palamós, aquel que
enmudeció mirando el mar con la panza oxidada, se convierte la habanera de este
agosto "Escuchad su voz, / oh
cañones de todo el mundo / y la gente de todas partes, / no más guerras ni más
muertos, / no más bombas ni más fuegos, / ... soy el cañón de Palamós
". Barcelona ha gritado No tengo
miedo para conjurar el terror. Sin embargo, hemos vuelto a ramblear.
La oposición ha
reaccionado a la Ley de Transitoriedad diciendo que se trata de una tomadura de
pelo, de un engaño y que habría que aplicar el 155 de la Constitución. Algunos
vaticinadores pronostican que esto acabará en elecciones autonómicas. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez dialogan sobre la
transitoriedad para dar una respuesta conjunta al desafío catalán mientras el
gobierno avisa desde Madrid que esta ley "nunca" entrará en vigor.
Tras el
atentado estamos donde estábamos con matices. La determinación del gobierno
catalán continúa ascendiendo escalón a escalón y se precipita hacia el primero
de octubre, el 1-O, ante una respuesta estratégica inexistente que aplaque
-seduzca- a los catalanes decididos a irse de España. No vuelan palomas
mensajeras con cartas de amor entre los protagonistas que preludien la
reconciliación. Al contrario. Reproches, pancartas y el estrepitoso abucheo
-esta vez sin un balón de fútbol rodando- ensordecen y suplen este diálogo
ausente para sordos con una pretendida izada de banderas legítima o/e
inoportuna. Aquellos que tanto critican el textil estelado también ofrecían un dudoso
género de plástico made in China con
la que se estableció una contienda para comprobar quién la tiene más grande y
más enhiesta. En el trasfondo al duelo asistimos a la vez a un concurso casteller de símbolos que algunos
espectadores no pudieron disfrutar en su plenitud porque los medios mesetarios
lo descabezaron escandalosamente.
La posverdad, el eufemismo técnico
preferido por los manipuladores, se ha impuesto y ha vencido. Durante los días
de los atentados las mentiras -esta es la palabra aplicada con propiedad- y la
información interesada han ondeado aún más altas que todas las banderas.
Escuchar los argumentos de algunos tertulianos asperger confusión y falsedad es
muy decepcionante. Asistir a la catalanofobia de las redes sin argumentos,
visceral, con las Ramblas todavía llenas de cuerpos arrollados y abatidos es
propio de mezquinos.
Estamos aquí en
un punto sin retorno con los puentes políticos rotos y las avenidas sembradas
con bolardos legales como barricadas. Estamos aquí escuchando a la
intelectualidad hispana que brilla por el eco de los silencios. ¡Estamos aquí!
Pase lo que pase, los catalanes decepcionados somos muchos. La terca
incomprensión atávica ante el eterno problema
catalán, el recelo y un quién sabe qué catalogable se van condensando quizá
porque estamos cansados de pasar por los peajes y de las reprimendas del
revisor de cercanías -calibre jugador de baloncesto- que espantan de escuchar.
O los pedradas prepotentes de algún diputado catalán que dispara tweets como el cañón de Santa Coloma de
Gramenet.
¡Estamos aquí!
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