Nacer es un
acto que no depende de nosotros, es consecuencia de voluntades ajenas, la de
unos progenitores que consuman el instinto de perpetuación de la especie.
Engendrarnos, criarnos y convertirse en independientes y autónomos es un guiso
con muchos ingredientes que obviamente dura toda la vida. Los humanos somos muy
vulnerables durante los primeros años de existencia. Subsistimos encelados y
amorrados a un proceso epidérmicamente geográfico mientras vamos evolucionando
desde la -umbilical- península maternal hasta convertirnos en una isla más o
menos autosuficiente. Y todo a fuego lento, en una especie de hervor sostenido que
podríamos calificar de experiencia.
Decidir tener
un hijo. Criar y educar a un pequeño es algo complejo, sutil y básicamente
amoroso. Un final feliz que consta en los manuales de autoayuda bajo el
epígrafe de hijo deseado. Quien lo busca, lo planifica y lo ejecuta alcanza
quizá el objetivo más importante de su existencia, el momento en el que la
pareja se convierte en un terceto, una nueva estrofa vital para la que hay que
buscar nuevas rimas y nuevos ritmos de vida. La trágica contrariedad acontece
cuando, queriéndolo intensamente, no podemos engendrarlo.
Un viejo
contratiempo que tradicionalmente se ha resuelto de varias -e imaginativas-
maneras y que la ciencia actual ha aplacado significativamente. De entre las
alternativas una, la que conocíamos como vientre
de alquiler, ha resurgido acaloradamente en el debate social, político y
ético actual. Disfrazada de eufemismo esta realidad es vigente como gestación
por subrogación, gestación por sustitución o maternidad subrogada. Una práctica
legal en Estados Unidos o en Canadá. Los problemas para tener hijos, las
parejas gais o las restricciones en las adopciones han disparado la demanda de
esta modalidad que ya supera, analizan las estadísticas, en número a las
adopciones internacionales.
El debate es
muy poliédrico y delicado hasta llegar a la simpleza ostentosa, aunque
legítima, de quien rechaza el embarazo para no abollar la carrocería. En el
resbaladizo terreno ético definir el código que lo debe regular -y que se cumpla-
añade más aristas todavía y algunas de espinosas.
Preguntas y
contradicciones se presentan en lo que algunos ya consideran una técnica de
reproducción asistida. ¿Puede tener una tarifa, un precio? Puestos a pagar, un
porcentaje pequeño es para la gestante, pero la porción mayor del pastel se la
lleva quien lo gestiona y controla el embarazo hasta que nace la criatura.
Estas franquicias de la natalidad subrogada que se anuncian en las redes
ofrecen un catálogo de posibilidades, colores, texturas y complementos que
tiene momentos parecidos a los que podemos vivir en un concesionario de
vehículos eligiendo el modelo del año. Estirando el símil habrá que preguntarse
si el mantenimiento y las piezas de recambio los contempla la garantía y de qué
plazos disponemos.
El vientre de
alquiler se conjuga en femenino. Movimientos feministas denuncian que la mujer
no es un contenedor. ¿Habrá que regular, si es posible, si se puede perder la
condición de hijo biológico por contrato? Parecería algo antinatural. Sin
embargo, es evidente y humano que para muchas parejas la subrogación sea la
única vía para tener hijos.
Chirría, pero,
cuando alguien muy mediático anuncia una maternidad o paternidad de encargo y
también delega su crianza. Si yo tuviera que asesorarle y tuviera que decantarme
entre un hijo o una mascota, le aconsejaría un peluche.
Es un tema difícil Pep,y es cierto que nada es posible o imposible, ético o bochornoso, si no es por la calidad de los seres humanos que participan el el embrollo.
ResponderEliminarPero dejar las cosas al arbitrio de ka " humanidad" de las gentes seria un despropósito, y por ello hay que legislar.
Yo no me rasgo las vestiduras con el tema, pero no me agrada el vientre de alquiler lo reconozco.Ni para las que alquilan ni para los que pagan me parece una situación serena.
Me parece mas ético y humano que las adopciones se normalicen, no se pongan trabas ni precios, se controlen bien y se de oportunidad a hijos sin padres y a padres sin hijos de encontrar lo que sesean y merecen.