El día de hoy
se inscribe en las efemérides históricas de Barcelona. La cárcel Modelo ha
cerrado definitivamente. Esta mañana han salido los últimos presos, dos
docenas, que han tenido el honor de ser los últimos huéspedes. Hemos conocido los detalles del menú –de la último cena-
y la prensa ha puesto cara y nombre, alguno ficticio, a los comensales
invitados. El cierre de la institución ha hecho correr ríos de tinta color
memoria, la de un pulpo gigante con un panóptico por cabeza. Curiosa palabra, "panóptico", el punto interior
de un edificio desde el cual se puede ver -vigilar- todo el espacio.
La crónica
oscura de estos muros vive ligada al momento histórico y a las personas que han
sufrido reclusión o muerte a lo largo de su vigencia como mazmorra. Más de un
siglo custodiando un modélico fracaso penitenciario o ejerciendo de almacén
para abastecer a los pelotones de fusilamiento en las madrugadas sin luna de la
posguerra a orillas del mar en el Camp de la Bota. Un espacio donde, si se pone
la oreja, aún se percibe el eco de la estremecedora fractura vital a garrote
vil.
Hoy se ha
cerrado un periodo y un edificio emblemático de la Barcelona negra. La ciudad
gana un espacio social y los vecinos ven finalmente alcanzada una larga
reivindicación casi tan antigua como la misma prisión. Contradictoriamente el
cerco y la presión a los inquilinos del barrio, previstos por los mismos
vecinos, conllevará la predecible diáspora -como la sufrida por los presos y
por los funcionarios- que preludia la bandada de buitres que ya planea en
círculo olfateando el cadáver reciente y la oportunidad inmobiliaria.
El chaparón
mediático que narra la clausura me ha empapado y me ha cautivado. El
tratamiento que se le ha dado en algunos medios ha tenido un punto de promoción
optimista y festivo. Casi he sentido envidia del momento -histórico- y de los
protagonistas -los héroes- con ganas contenidas para poder disfrutar de un
puente o de un fin de semana largo saboreando el privilegio de pernoctar al
menos una noche, o dos, en alguna de las celdas como ha experimentado algún
periodista con meritorio celo profesional.
Durante unos
meses, así que las autoridades titulares del edificio lo hayan condicionado y
vaciado, se podrá visitar. La Modelo convertida en objeto turístico con un
punto de morbo sombrío antes de que los nuevos equipamientos que se edificarán
borren el perímetro y algunos espacios. Permanecerán los fantasmas que desde
hoy flotan en un silencio espeso de las galerías deshabitadas.
En América
convirtieron Alcatraz en un hito histórico nacional. En Helsinki, el hotel Katajanokka era la cárcel de la ciudad
hasta la década de los noventa. Ahora es un magnífico establecimiento con las
galerías y las celdas reconvertidas en confortables habitaciones. Conserva los
muros, la puerta blindada de acceso y los acogedores patios, en verano, de
césped nórdico. En recepción se pueden adquirir hiperglucémicas esposas de
chocolate o camisetas de diseño con rayas horizontales. Exponen todavía alguna
celda testimonial llena de pintadas y de oscuridad. Como turista, ajeno a la
vida real de cuando era prisión, alojarse en régimen abierto -sólo a dormir- es
algo anecdóticamente simpático. Observar las rejas aserradas de las ventanas
también tranquiliza mucho.
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