viernes, 9 de junio de 2017

La Modelo baja la persiana.



El día de hoy se inscribe en las efemérides históricas de Barcelona. La cárcel Modelo ha cerrado definitivamente. Esta mañana han salido los últimos presos, dos docenas, que han tenido el honor de ser los últimos huéspedes. Hemos conocido los detalles del menú –de la último cena- y la prensa ha puesto cara y nombre, alguno ficticio, a los comensales invitados. El cierre de la institución ha hecho correr ríos de tinta color memoria, la de un pulpo gigante con un panóptico por cabeza. Curiosa palabra, "panóptico", el punto interior de un edificio desde el cual se puede ver -vigilar- todo el espacio. 

La crónica oscura de estos muros vive ligada al momento histórico y a las personas que han sufrido reclusión o muerte a lo largo de su vigencia como mazmorra. Más de un siglo custodiando un modélico fracaso penitenciario o ejerciendo de almacén para abastecer a los pelotones de fusilamiento en las madrugadas sin luna de la posguerra a orillas del mar en el Camp de la Bota. Un espacio donde, si se pone la oreja, aún se percibe el eco de la estremecedora fractura vital a garrote vil. 

Hoy se ha cerrado un periodo y un edificio emblemático de la Barcelona negra. La ciudad gana un espacio social y los vecinos ven finalmente alcanzada una larga reivindicación casi tan antigua como la misma prisión. Contradictoriamente el cerco y la presión a los inquilinos del barrio, previstos por los mismos vecinos, conllevará la predecible diáspora -como la sufrida por los presos y por los funcionarios- que preludia la bandada de buitres que ya planea en círculo olfateando el cadáver reciente y la oportunidad inmobiliaria. 

El chaparón mediático que narra la clausura me ha empapado y me ha cautivado. El tratamiento que se le ha dado en algunos medios ha tenido un punto de promoción optimista y festivo. Casi he sentido envidia del momento -histórico- y de los protagonistas -los héroes- con ganas contenidas para poder disfrutar de un puente o de un fin de semana largo saboreando el privilegio de pernoctar al menos una noche, o dos, en alguna de las celdas como ha experimentado algún periodista con meritorio celo profesional.

Durante unos meses, así que las autoridades titulares del edificio lo hayan condicionado y vaciado, se podrá visitar. La Modelo convertida en objeto turístico con un punto de morbo sombrío antes de que los nuevos equipamientos que se edificarán borren el perímetro y algunos espacios. Permanecerán los fantasmas que desde hoy flotan en un silencio espeso de las galerías deshabitadas. 

En América convirtieron Alcatraz en un hito histórico nacional. En Helsinki, el hotel Katajanokka era la cárcel de la ciudad hasta la década de los noventa. Ahora es un magnífico establecimiento con las galerías y las celdas reconvertidas en confortables habitaciones. Conserva los muros, la puerta blindada de acceso y los acogedores patios, en verano, de césped nórdico. En recepción se pueden adquirir hiperglucémicas esposas de chocolate o camisetas de diseño con rayas horizontales. Exponen todavía alguna celda testimonial llena de pintadas y de oscuridad. Como turista, ajeno a la vida real de cuando era prisión, alojarse en régimen abierto -sólo a dormir- es algo anecdóticamente simpático. Observar las rejas aserradas de las ventanas también tranquiliza mucho.

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