Un fin de
semana especial porque este año Sant Jordi coincide en festivo, algo que ha
perjudicado a los vendedores de rosas por el absentismo laboral. En las listas
de flores más vendidas el clan de la rosa ha sufrido un descenso significativo
respecto de cuando San Jordi se celebra en un día hábil. Volverán ediciones más
gloriosas para el florido gremio.
En la Barcelona
imposible por la magnífica diada de Sant Jordi los primeros indicios de la
fiesta me han asaltado justo al salir del ascensor. El presidente de la
comunidad de vecinos ha montado una parada en la entrada y firma ejemplares de
su libro editado con cierto oportunismo bien hallado, Historia de una escalera. Me ha parecido entrañable. No he podido rehusar
y he comprado un ejemplar, que muy amablemente me ha dedicado y, por el mismo
precio, me ha ofrecido un punto de libro totalmente artesanal -manufacturado
por la nieta- y una rosa una poco marchita, pero una rosa. El sentido de la
prudencia me ha ahorrado los comentarios y la crítica literaria, lo aplazaré para
próximas ocasiones, cuando el autor sea un escritor consolidado y aún más
mediático.
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