martes, 25 de abril de 2017

Una rosa y un libro caseros.



Un fin de semana especial porque este año Sant Jordi coincide en festivo, algo que ha perjudicado a los vendedores de rosas por el absentismo laboral. En las listas de flores más vendidas el clan de la rosa ha sufrido un descenso significativo respecto de cuando San Jordi se celebra en un día hábil. Volverán ediciones más gloriosas para el florido gremio. 

En la Barcelona imposible por la magnífica diada de Sant Jordi los primeros indicios de la fiesta me han asaltado justo al salir del ascensor. El presidente de la comunidad de vecinos ha montado una parada en la entrada y firma ejemplares de su libro editado con cierto oportunismo bien hallado, Historia de una escalera. Me ha parecido entrañable. No he podido rehusar y he comprado un ejemplar, que muy amablemente me ha dedicado y, por el mismo precio, me ha ofrecido un punto de libro totalmente artesanal -manufacturado por la nieta- y una rosa una poco marchita, pero una rosa. El sentido de la prudencia me ha ahorrado los comentarios y la crítica literaria, lo aplazaré para próximas ocasiones, cuando el autor sea un escritor consolidado y aún más mediático.

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