jueves, 13 de abril de 2017

Muchos pollitos y algún pollo.



La policía ha decomisado 150.000 pollitos. Que no se alarmen los productores ni los consumidores de carne de ave de corral y derivados. Un sobresalto de primer momento a causa del precedente que supuso el susto reciente, la pillada de dedos de los criadores de patos en cautiverio, sacrificados preventivamente por una presunta gripe aviar no hace demasiados días. En el asunto de los pollitos se ha podido confirmar que se trata del complemento simpático que no debe faltar en una mona de pascua como es debido. Ya les hubiera gustado a los del ramo del foie gras que el estropicio hubiera afectado sólo a los adorables patitos de plástico que tienen el ecosistema en la bañera. 

El gremio de los pasteleros teme un lunes de pascua triste sin el brillo dorado de peluche que aportan los imprescindibles pollitos, algo similar a la paz acuática que confiere un patito de goma flotando entre el oleaje jabonoso de la sal de baño perfumada. Una mona sin un polluelo anclado en un charco de chocolate es un cataclismo que convierte el conjunto en algo aplomado y -sin las plumas reglamentarias- incide en el ansia voladora innata de los niños. Me atrevería a pronosticar que las monas de pascua carentes de este elemento serán menos comestibles y está por ver si menos digestivas. ¡Qué desgracia! 

Desde aquí estoy por impulsar una campaña a favor del indulto de los pollitos. Cómo explicaremos a los ahijados que no se trata de un gesto de tacañería o de ahorro sino la contundente, despiadada y eficaz actividad de la Unidad Fiscal de Fronteras ya que los pollitos habrían sido importados de manera ilegal desde China. Se deberá averiguar si han llegado volando o por mar -como los patitos- para descifrar el intríngulis y valorar la crueldad del asunto, por si se han producido malos tratos o negligencias.

La prensa poco objetiva, la que no contrasta la información y está por la primicia, se ha apresurado a asociar la medida con una maniobra delatora del colectivo vegano radical. Al no consentimiento estricto de productos de origen animal esta nueva corriente veganita extremista añade un punto iconoclasta rechazando los pollitos de la mona de pascua. Una medida dirigida, informa, contra la tentación de chuparles las patitas -a los pollitos- rebozadas de chocolate negro sin leche de origen animal. 

 Sólo resta saber cuál será el destino de estas criaturas confiscadas. Quién las cuidará. Se sugería la posibilidad de que sean acogidos y rescatados por algún santuario animal sin ánimo de lucro. Preservemos esta especie de aves en peligro de extinción para que las monas tampoco desaparezcan. 

¡Menudos pollos!

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