La policía ha
decomisado 150.000 pollitos. Que no se alarmen los productores ni los
consumidores de carne de ave de corral y derivados. Un sobresalto de primer
momento a causa del precedente que supuso el susto reciente, la pillada de
dedos de los criadores de patos en cautiverio, sacrificados preventivamente por
una presunta gripe aviar no hace demasiados días. En el asunto de los pollitos
se ha podido confirmar que se trata del complemento simpático que no debe
faltar en una mona de pascua como es debido. Ya les hubiera gustado a los del
ramo del foie gras que el estropicio
hubiera afectado sólo a los adorables patitos de plástico que tienen el
ecosistema en la bañera.
El gremio de
los pasteleros teme un lunes de pascua triste sin el brillo dorado de peluche
que aportan los imprescindibles pollitos, algo similar a la paz acuática que
confiere un patito de goma flotando entre el oleaje jabonoso de la sal de baño
perfumada. Una mona sin un polluelo anclado en un charco de chocolate es un
cataclismo que convierte el conjunto en algo aplomado y -sin las plumas
reglamentarias- incide en el ansia voladora innata de los niños. Me atrevería a
pronosticar que las monas de pascua carentes de este elemento serán menos
comestibles y está por ver si menos digestivas. ¡Qué desgracia!
Desde aquí
estoy por impulsar una campaña a favor del indulto de los pollitos. Cómo
explicaremos a los ahijados que no se trata de un gesto de tacañería o de
ahorro sino la contundente, despiadada y eficaz actividad de la Unidad Fiscal de
Fronteras ya que los pollitos habrían sido importados de manera ilegal desde
China. Se deberá averiguar si han llegado volando o por mar -como los patitos-
para descifrar el intríngulis y valorar la crueldad del asunto, por si se han
producido malos tratos o negligencias.
La prensa poco
objetiva, la que no contrasta la información y está por la primicia, se ha
apresurado a asociar la medida con una maniobra delatora del colectivo vegano
radical. Al no consentimiento estricto de productos de origen animal esta nueva
corriente veganita extremista añade un punto iconoclasta rechazando los pollitos
de la mona de pascua. Una medida dirigida, informa, contra la tentación de chuparles
las patitas -a los pollitos- rebozadas de chocolate negro sin leche de origen
animal.
Sólo resta saber cuál será el destino de estas
criaturas confiscadas. Quién las cuidará. Se sugería la posibilidad de que sean
acogidos y rescatados por algún santuario animal sin ánimo de lucro. Preservemos
esta especie de aves en peligro de extinción para que las monas tampoco
desaparezcan.
¡Menudos
pollos!
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