domingo, 5 de febrero de 2017

The end.



Glamour, escotes vertiginosos, corbatas de lazo imposibles para anudar al cuello la emoción a menudo sobreactuada. Zapatos como andamios y escalinatas para vedettes con mucho discurso y poca pluma. En este mundo de los agradecimientos no eres nadie si no es que hayas sido propuesto para cualquiera de las galas que preludian la madre de todas, los Oscar. The Academy Awards ceremony suele tener réplicas previas de diversa intensidad que en nuestra latitud también se miden en la escala de Richter, un indicador que cuantifica el grado de la sacudida contra el establishment, determina hasta dónde llega el impacto de la reivindicación y pone de manifiesto como de efímera es la tramoya humana real de carne y hueso. Los inmortales del celuloide también se arrugan, luego se desarrugan y, finalmente, nos abandonan. Es el momento triste de los títulos de crédito en el cual van desfilando por riguroso orden alfabético de nostalgia los actores y la gente de la industria cinematográfica que ya ha rodado la última película. Un drama que se resuelve en un plano que se va fundiendo hacia la eternidad indefinida de la caverna oscura como un cine de barrio años sesenta donde la realidad es una sombra en tecnicolor y la alfombra roja es sólo un felpudo salpicado de palomitas. 

-Y El premio de honor es para...- Temblad si os nominan. ¡Qué palabra más fea! Emparentada con nombrado, mentado, llamado, abucheado y algo prima lejana de insultado. Se trata de un anglicismo más que navega a la deriva mediática en las cercanías de los diccionarios y aún por nominar; una palabra refugiada procedente de las costas californianas de antes del muro con México que tienta la fortuna en los concursos y los reality shows. ¡Cuidado, no os dejéis nominar! Esquivad los premios de honor a toda una vida porque son indicio de capa caída. Generalmente, si exceptuamos alguna singularidad, preludian el último hito. Agotados y vaciados nos convierten en chatarra redimida -eso sí, ¡reconocida!- en un acto emocionante donde se retira a la farándula formalmente. A los artistas papamoscas del arte, sólo afiliados al precario sindicato de la vida y de la creación, allí los jubilan. ¿Y el elegido es? ¡Cuánta emoción!

 -¡Seré Breve! 

Vistos los premios en Barcelona y ayer en Madrid, la coincidencia -la sentencia- es abrumadora. No se trata de una premonición, es la constatación de que un monstruo nos vendrá a ver. Descartado Trump y excluido Rajoy por lector doméstico, dado que siendo niño ya se decantó por la novela de papel a la versión cinematográfica en blanco y negro del Zorro galaico, qué reparto nos queda. ¿Artur Mas? Habrá que ver. Es un firme nominado en la gala de entrega de los premios judiciales de este año. La convocatoria es inusual en este tipo de eventos porque será mañana lunes a primera hora en el Paseo de Lluís Companys. Comparece como candidato incuestionable a mejor actor secundario por Un paso al costado y a mejor guion adaptado por La próxima piel. Ha trascendido, las previsiones de los Hombres de las mil caras no lo descartan, que también le pueden otorgar el premio de honor a toda una trayectoria.

"Este oficio es nuestra manera de ser y nuestra manera de vivir, y hemos de poder hacerlo con dignidad." declamó el gran José María Pou en Barcelona. Ana Belén, en Madrid, pidió "Salud y trabajo para esta profesión que no se merece tanto desprecio de sus gobernantes". 

Termino como acostumbran los niños ante el reto a la redacción escolar del fin de semana: 

The end.

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