Glamour,
escotes vertiginosos, corbatas de lazo imposibles para anudar al cuello la
emoción a menudo sobreactuada. Zapatos como andamios y escalinatas para
vedettes con mucho discurso y poca pluma. En este mundo de los agradecimientos
no eres nadie si no es que hayas sido propuesto para cualquiera de las galas
que preludian la madre de todas, los Oscar. The
Academy Awards ceremony suele tener réplicas previas de diversa intensidad
que en nuestra latitud también se miden en la escala de Richter, un indicador
que cuantifica el grado de la sacudida contra el establishment, determina hasta dónde llega el impacto de la
reivindicación y pone de manifiesto como de efímera es la tramoya humana real
de carne y hueso. Los inmortales del celuloide también se arrugan, luego se
desarrugan y, finalmente, nos abandonan. Es el momento triste de los títulos de
crédito en el cual van desfilando por riguroso orden alfabético de nostalgia
los actores y la gente de la industria cinematográfica que ya ha rodado la
última película. Un drama que se resuelve en un plano que se va fundiendo hacia
la eternidad indefinida de la caverna oscura como un cine de barrio años
sesenta donde la realidad es una sombra en tecnicolor y la alfombra roja es sólo
un felpudo salpicado de palomitas.
-Y El premio de
honor es para...- Temblad si os nominan.
¡Qué palabra más fea! Emparentada con nombrado, mentado, llamado, abucheado y
algo prima lejana de insultado. Se trata de un anglicismo más que navega a la
deriva mediática en las cercanías de los diccionarios y aún por nominar; una palabra refugiada
procedente de las costas californianas de antes del muro con México que tienta la
fortuna en los concursos y los reality
shows. ¡Cuidado, no os dejéis nominar!
Esquivad los premios de honor a toda una vida porque son indicio de capa caída.
Generalmente, si exceptuamos alguna singularidad, preludian el último hito.
Agotados y vaciados nos convierten en chatarra redimida -eso sí, ¡reconocida!-
en un acto emocionante donde se retira a la farándula formalmente. A los
artistas papamoscas del arte, sólo afiliados al precario sindicato de la vida y
de la creación, allí los jubilan. ¿Y el elegido es? ¡Cuánta emoción!
-¡Seré Breve!
Vistos los
premios en Barcelona y ayer en Madrid, la coincidencia -la sentencia- es abrumadora.
No se trata de una premonición, es la constatación de que un monstruo nos vendrá a ver. Descartado Trump y excluido Rajoy por
lector doméstico, dado que siendo niño ya se decantó por la novela de papel a
la versión cinematográfica en blanco y negro del Zorro galaico, qué reparto nos queda. ¿Artur Mas? Habrá que ver. Es
un firme nominado en la gala de
entrega de los premios judiciales de este año. La convocatoria es inusual en
este tipo de eventos porque será mañana lunes a primera hora en el Paseo de
Lluís Companys. Comparece como candidato incuestionable a mejor actor
secundario por Un paso al costado y a
mejor guion adaptado por La próxima piel.
Ha trascendido, las previsiones de los Hombres
de las mil caras no lo descartan, que también le pueden otorgar el premio
de honor a toda una trayectoria.
"Este
oficio es nuestra manera de ser y nuestra manera de vivir, y hemos de poder
hacerlo con dignidad." declamó el gran José María Pou en Barcelona. Ana
Belén, en Madrid, pidió "Salud y trabajo para esta profesión que no se
merece tanto desprecio de sus gobernantes".
Termino como
acostumbran los niños ante el reto a la redacción escolar del fin de
semana:
The end.
No hay comentarios:
Publicar un comentario