"La
justicia es igual para todos". ¡Qué gran sentencia para la ecuanimidad! Puede
tener matices y diferentes grados de percepción si es que nos han pillado y
hemos caído en sus redes -¡que Dios no lo permita! -. La justicia dibujada con
una venda en los ojos es un icono universalmente reconocido pero creo que poco
apropiado, propongo abrirle de par en par el campo visual para que mantenga los
ojos bien despiertos, si es necesario con gafas gruesas de ver de cerca o con una
buena lupa para los cortos de vista judiciales. Concedámosle, sin embargo, la
presunción de inocencia -o de verdad- y proclamemos que la justicia es igual
para todos, un deseo o una aspiración, decía, cargada de matices y de
percepciones.
Con
"Hacienda somos todos" acontece algo similar. La grandilocuencia del
eslogan a menudo se ha de acotar. En cuanto a la hucha pública, la hacienda
estatal, tampoco parece cosa de todos -¡todos!- cuando el cerdito de fango
comunal se comporta con remilgos según en qué fortunas pasta. Si hacemos caso a
la juez Alaya "en España la justicia no es igual para todos". Yo no
voy a juzgar ni a criticar las sentencias porque estoy seguro de que tenemos la
mejor, la más independiente y la más justa de las justicias que se hacen y
deshacen bajo la cúpula de las judicaturas. Así lo quiero creer.
Hecha la
introducción, vigente tras la sentencia de la Audiencia de Palma respecto del
caso en el cual se han visto implicados el yerno del rey y una Infanta
descabalgada de la familia real reflexionaré sobre el fondo de la cuestión que
pienso debe ser otro. Me centraré en cómo debemos gestionar los almacenes de
delincuentes, también llamados centros penitenciarios o cárceles. Dado que la
justicia funciona y es igual para todos, debemos prever un alud considerable e
inminente de sentencias que se resolverán en penas de prisión. Los casos Gürtel y el Nóos anticipan la tendencia de la nueva temporada de primavera. Si
al incremento de las ratios a galeras añadimos la naturaleza de los protagonistas
tenemos un problema. Si hemos de escolarizar por la vía penal a los reclusos
para devolverlos a la sociedad transformados en personas de provecho y
rehabilitadas, debemos disponer de un sistema penitenciario a la altura,
asumible, modélico y, sobre todo, sin recortes.
Por estas
razones me anticiparé y proclamo que no me gustarán los presuntos titulares de
la prensa denunciando los barracones penitenciarios construidos a toda prisa
que deberán acoger a estos huéspedes. Seamos previsores y planifiquemos con
cuidado y eficiencia. La avalancha de invitados previsible, por otra parte, no
es moco de pavo. Se trata de personajes conocidos -nada que ver con el robagallinas
del Lute- que tienen prestigio
político, social o económico. Fotogénicas caras de telediario, devotos de la
corrupción endémica a gran escala, que han disfrutado de una posición en la
vida. Esto conlleva que estos intermitentes habitantes de las cárceles -a menudo
a tiempo parcial y breve- sean especiales y tengan que sufrir un trato más
selecto, de acuerdo con su estatus.
Deberemos
plantearnos la posibilidad de habilitar mazmorras exclusivas para personas
importantes. Se trataría de tener el gremio del hampa clasificado y ordenado
para que no se mezclen el lumpen de alpargata y chándal con la tribu
delincuente del guante blanco y del cuello duro. Seamos metódicos y primorosos.
Centros específicos donde el acceso venga condicionado por determinados
requisitos, como una nota de corte que seleccione por la magnitud de la fortuna
sustraída y otorgue méritos para residir en un complejo o en otro. Una medida
de higiene social penitenciaria que separará atendiendo a unas exigencias bien
definidas y reguladas.
Centros que
también podrían pertenecer a una titularidad privada y de pago, como una
especie de internado refinado, que conllevarían unas cuotas para servicios
extrapenitenciarios con aportaciones voluntarias a fundaciones que desgraven en
la declaración de la renta. Se conjugan la redención de la pena con una
aportación a la hacienda pública, que en su momento se desvalijó. Un desagravio
sin humillar a las personas internas, al contrario, que se podrían sentir
orgullosas y honorables debido a la generosidad desinteresada. Ya sé que se me
podrá acusar de clasista y de atentar contra la equidad, pero nos ahorraríamos
mucho dinero sino es que los responsables de prisiones no se inventan los
establecimientos concertados, en los que la rehabilitación también correría a
cargo del estado. Se deberá estudiar, negociarlo con los agentes sociales y con
la red empresarial implicada.
Ya imagino la
cárcel Modelo de Barcelona, después de un lavado de cara y unos apéndices
modernistas, convertida en un referente turístico más y en un campus para
penitentes perfumados y con mucha brillantina. ¡Modélicos!
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