sábado, 11 de febrero de 2017

¡Pleitos tengas!



Esta semana hemos asistido a un cursillo intensivo de procedimiento judicial. Los tribunales -no sé si la Justicia, está por ver- han sido los protagonistas indiscutibles y los reyes de la audiencia mediática. Hemos podido presenciar en directo como luce la tramoya interna de un juicio en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Hemos sido testigos del control férreo que ejerce el juez, un maestro con mucha mala leche que a la mínima te pone de rodillas con los brazos en cruz y, aún más, con un par de ejemplares de la Constitución en edición de lujo en cada mano. No ha pasado por alto ni una, en la clase no ha habido chascarrillos, tampoco salidas de tono ni comentarios irónicos que no fueran los del fiscal. 

El clima pedagógico y la disciplina desplegados no soportarían las exigencias de la escuela nueva actual ni la transversalidad de un proyecto competencial en la trinchera escolar contemporánea. Me ha parecido un maestro de escuela unitaria de los de antes reciclado, riguroso y temido por los buscavidas que quiere poner a raya -y esto tiene mucho mérito- como a los propios inspectores y a quien ostentó la cabeza suprema del gremio de la tiza digital en Cataluña, la Consejera.

El problema que ha formulado está en la línea de la vieja escuela de cuando envidiábamos la justicia americana aunque aquí la disfrutáramos en blanco y negro -con predominio de los grises- personificada por un tal Raymond Burr en el papel de Perry Mason

Con caligrafía perfectamente alineada ha esbozado en la pizarra un problema de desenlace trágico, porque los trenes que salían de Madrid y de Barcelona a la vez acababan chocando irremediablemente en Calatayud -o estrellándose en los muros de Santa María de Sigena-. No sabemos cuántas idas y vueltas han realizado los convoyes desde Madrid hacia Barcelona y a la inversa. No sabemos cómo de riguroso y de implacable habrá sido el revisor del Constitucional, pero los indicios apuntan a que la desgracia se producirá en las inmediaciones del Arco de Triunfo, sede del tribunal catalán. "Han salido dos trenes, uno desde Chamartín y el otro desde la estación fantasma del AVE, en Sagrera. Si la velocidad es constante -hay que restar los retrasos habituales- se debe calcular en qué punto de la vía toparán". Aplazaré la resolución, un desafío propio de la Enciclopedia Álvarez , para que los especialistas en matemáticas se luzcan. 

La comunicación por los caminos de hierro entre Barcelona y Madrid está tan dañada que, el mismo día que el choque de trenes previsible está visto para sentencia, el puente aéreo, el enlace regular entre las dos capitales, anuncia una reorganización para optimizar el servicio con más vuelos accesibles desde la web y desde las aplicaciones de bolsillo móviles. Me pregunto si se trata de una esperanza para reavivar la comunicación o es también la constatación del cambio en el clima político que han experimentado durante los últimos quinquenios las leyes de la física elemental. Un ensayo para acortar el tiempo que no acercará suficientemente las distancias, cada vez más lejanas e irreconciliables.

A pesar de que la sentencia se decante por "la muerte política de los tres acusados", como dijo uno de los abogados defensores, el funeral traerá cola. El letrado alertó que es para reflexionar cuando "el Ministerio Fiscal se excusa por sus comportamientos". 

Nos lo resumió a ritmo de rumba catalana el gran Peret: " Pleitos tengas y los ganas / vaya maldición gitana / cargaíta de razón ».


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