Esta semana
hemos asistido a un cursillo intensivo de procedimiento judicial. Los
tribunales -no sé si la Justicia, está por ver- han sido los protagonistas
indiscutibles y los reyes de la audiencia mediática. Hemos podido presenciar en
directo como luce la tramoya interna de un juicio en el Tribunal Superior de
Justicia de Cataluña. Hemos sido testigos del control férreo que ejerce el
juez, un maestro con mucha mala leche que a la mínima te pone de rodillas con
los brazos en cruz y, aún más, con un par de ejemplares de la Constitución en
edición de lujo en cada mano. No ha pasado por alto ni una, en la clase no ha
habido chascarrillos, tampoco salidas de tono ni comentarios irónicos que no
fueran los del fiscal.
El clima
pedagógico y la disciplina desplegados no soportarían las exigencias de la
escuela nueva actual ni la transversalidad de un proyecto competencial en la
trinchera escolar contemporánea. Me ha parecido un maestro de escuela unitaria
de los de antes reciclado, riguroso y temido por los buscavidas que quiere
poner a raya -y esto tiene mucho mérito- como a los propios inspectores y a
quien ostentó la cabeza suprema del gremio de la tiza digital en Cataluña, la
Consejera.
El problema que
ha formulado está en la línea de la vieja escuela de cuando envidiábamos la
justicia americana aunque aquí la disfrutáramos en blanco y negro -con
predominio de los grises- personificada por un tal Raymond Burr en el papel de Perry Mason .
Con caligrafía perfectamente
alineada ha esbozado en la pizarra un problema de desenlace trágico, porque los
trenes que salían de Madrid y de Barcelona a la vez acababan chocando
irremediablemente en Calatayud -o estrellándose en los muros de Santa María de
Sigena-. No sabemos cuántas idas y vueltas han realizado los convoyes desde
Madrid hacia Barcelona y a la inversa. No sabemos cómo de riguroso y de
implacable habrá sido el revisor del Constitucional, pero los indicios apuntan
a que la desgracia se producirá en las inmediaciones del Arco de Triunfo, sede
del tribunal catalán. "Han salido dos trenes, uno desde Chamartín y el
otro desde la estación fantasma del AVE, en Sagrera. Si la velocidad es
constante -hay que restar los retrasos habituales- se debe calcular en qué
punto de la vía toparán". Aplazaré la resolución, un desafío propio de la Enciclopedia Álvarez , para que los
especialistas en matemáticas se luzcan.
La comunicación
por los caminos de hierro entre Barcelona y Madrid está tan dañada que, el mismo
día que el choque de trenes previsible está visto para sentencia, el puente aéreo, el enlace regular
entre las dos capitales, anuncia una reorganización para optimizar el servicio
con más vuelos accesibles desde la web y desde las aplicaciones de bolsillo
móviles. Me pregunto si se trata de una esperanza para reavivar la comunicación
o es también la constatación del cambio en el clima político que han
experimentado durante los últimos quinquenios las leyes de la física elemental.
Un ensayo para acortar el tiempo que no acercará suficientemente las
distancias, cada vez más lejanas e irreconciliables.
A pesar de que
la sentencia se decante por "la muerte política de los tres
acusados", como dijo uno de los abogados defensores, el funeral traerá
cola. El letrado alertó que es para reflexionar cuando "el Ministerio
Fiscal se excusa por sus comportamientos".
Nos lo resumió
a ritmo de rumba catalana el gran Peret: " Pleitos tengas y los ganas /
vaya maldición gitana / cargaíta de razón ».
No hay comentarios:
Publicar un comentario