Incierto. Sombrío.
Impreciso. Indeterminado. Inseguro. Suspenso. Vago. Indefinido. Dudoso.
Eventual. Aleatorio y Erróneo. Estos podrían ser los nombres de los meses
propuestos para un calendario en tiempo de galerna. De años oscuros en períodos
de incertidumbre. Lo que nos inquieta. También podríamos intentar ordenar las
palabras sin alinearlas alfabéticamente. Por colores, por sabores, por simpatía,
por amores, por temores... Cuántos diccionarios temáticos y diversos podríamos
componer en un catálogo por materias del blanco o negro, de lo bueno o de lo
malo. Una elección que también tendría -fácil aparentemente- contradicciones
tras el espejismo cromático del cristal con que nos lo contemplamos. Se impone
la servidumbre irreal -o real- en la gama de los grises casi infinita que
parece teñir estos días de otoño, viento y ocaso.
Incertidumbre es una
candidata perversa que se postula para arruinar el equilibrio. Aquello que nos
subleva la zona de seguridad donde tendemos a instalarnos. El saco de plomo que
nos altera el colchón -y la siesta- convirtiéndolo en un tobogán temerario que
nos atemoriza. La involuntaria aventura por el mal fario insoslayable, por la
pendiente abajo sin saber si nos la pegaremos contra el árbol o si aquella
oscuridad insomne se resolverá contra el muro de una frontera con un agujero
cósmico.
Incertidumbres
intransferibles. Sólo nuestras, personales, ante un dictamen judicial, laboral
o vital. Pendientes de una respuesta donde somos actores sin papel cuando la
vida se columpia al borde de un índice caligrafiado con un garabato
ininteligible en una analítica fatal. Nuestra es la amargura como la hiel del
rechazo cuando la persona que nos ha robado el corazón y -lo peor- el
entendimiento desde la indiferencia nos vuelve compasivos con los locos de amor
no correspondido que habitan desiertos poéticos sin rimas ni oasis.
Incertidumbre compartida
e insertada en el contexto en el que la vida nos ha arrinconado. Aquella que
nos rodea y nos hace sentir grupo por contraste. Rebaño, pelotón o congregación
de afinidades arropados en la comunión de los intereses sin rédito. La
incertidumbre solidaria convirtiéndose en motor para la cohesión cuando nos
acosa en las noches frías de soledad indigente y propicia monstruos, unos
demonios que nos dejan caer en la tentación.
También dicen que se ha
visto la incertidumbre anidando en el árbol débil de la esperanza y que las
crías escalofriantemente intolerantes vuelven a volar bajo. Se ciernen sobre
las cabezas sin sombrero de los hombres, encima de la desesperación y de la
incierta indiferencia que puede incubar más monstruos todavía.
Y como dirían los
expertos en selfies una mega superluna
nos ha de visitar este fin de semana. Una con la órbita más cercana a la Tierra
de los últimos 70 años. Una luna como un mega queso manchego un 14% más grande
y un 30% más luminosa. No me atreveré a alinearla con este momento que los
analistas juzgan de histórico. En todo caso, la conjuro como imán de mareas
para que se lleve la incertidumbre y nos devuelva los colores.
God bless you! Esto, que ¡Dios nos bendiga y la luna nos purifique!
'You Want It Darker' (Lo quieres más oscuro)
Leonard Cohen
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