martes, 29 de noviembre de 2016

Fidel.



El controvertido Castro levanta pasiones y odios. El último barbudo -si excluyo los de la corriente hipster que pululan por los locales de moda actuales- es el ascendente de los barbudos de una época que ostentaban aquella pancarta facial peluda y salvaje como un manifiesto de rebeldía y de simpatía con quien ha sido un símbolo, Fidel, el Che y Cuba. Un personaje que logró situar la isla en el epicentro de la cartografía mundial. No siempre por causas nobles. Recordemos la crisis de los misiles. Tiene mérito, sin embargo, la resistencia al gigante americano. El orgullo, el carisma y el poder de seducción locuaz definen a este personaje ya mítico. 

Sus proyectos, a menudo leídos como una ocurrencia impetuosa por los detractores, no todos llegaban a buen puerto. Trascendió la voluntad de abastecer de leche la isla con vacas de producción formidable. Los ganaderos informados recordarán Ubre Blanca, un ejemplar inscrito en el libro Guinness con una producción de 109.5 litros de leche en tres ordeños. Ubre Blanca batió el récord llegando a producir 24,268.9 litros en 305 días. Murió a los 13 años rodeada de elogios, fotos con el Comandante y disfrutó de un obituario oficial en el diario Granma. Fue embalsamada y se exhibió en el Centro de Salud Animal a las afueras de La Habana. Se le erigió también una estatua de mármol.

 La evolución de la cabaña bovina en la isla no volvió a figurar en los récords mundiales ni en el Guinness tras la añorada Ubre Blanca. En la década de los noventa el régimen -o Fidel- promovió un nuevo concepto ganadero alimentando las sucesoras de aquel prodigio lechero con caña enriquecida. Fue un fracaso agropecuario como el ensayo de importar dromedarios para la guerra, con la voluntad de utilizarlos como vehículos en la defensa de las montañas. Estos dromedarios del desierto rebozados de arena tampoco se adaptaron a la cosa tropical, a la salsa ni al mojito

Anécdotas con un punto de revancha que los enemigos reprochan a este seductor de masas que ha sido Fidel, el Comandante. Entre la pasión y el odio con admiración o rechazo no existe el punto de consenso intermedio. Cuba fue uno de los centros políticos mundiales. Cuba fue un grano en el culo desde el tentáculo más largo del telón de acero hasta que se derrumbó la URSS. Caía el muro, flaqueaba el apoyo a la isla y Fidel flirteaba con Manuel Fraga. Los polos opuestos compartían empatías y orígenes mientras otro gallego significado pretendía cambiar los dromedarios tan poco caribeños por los Barreiros, los nostálgicos camiones y tractores de la España franquista de la década de los sesenta. Tampoco tuvo éxito este proyecto en una Cuba amordazada económicamente por el bloqueo. En la isla del color las casas permanecían sin pintar porque no llegaban los pigmentos, falta de productos diversos, colas en la escasez que sólo el ingenio podía suplir haciendo, por ejemplo, que aquellas repintadas momias de los sesenta con ruedas todavía funcionen. Más allá de la libertad de prensa, de los balseros o de los presos políticos empieza el capítulo de la crónica negra.

Contrariamente se le reconoce la campaña de alfabetización, la reorganización de la sanidad, el sistema educativo, la puesta en marcha del sector turístico, conseguir el apoyo económico de la Rusia comunista y de la Venezuela bolivariana o el desarrollo del sector biotecnológico entre los hitos que se le deberán admitir -o recriminar- el día que la historia lo juzgue, como él mismo argumentó. Hoy la directora general de la UNESCO le reconocía como un ejemplo de solidaridad y de cooperación en el mundo. 

Ya no podré visitar Cuba con Fidel vivo. Algo pendiente -e imposible-. Me tendré que contentar con los cigarros que las amistades y los familiares me traían para que cultivara el vicio como un Felipe González rampante. Me pregunto si Mariano Rajoy disfruta de los cigarros habanos o también practica el boicot y el bloqueo a la nicotina cubana. Cuba, Filipinas y Puerto Rico las últimas colonias. Corría el año 1898 cuando la sacudida emocional, política y bélica sufrida por la madre patria fue monumental. Y con los años todos terminamos teniendo "tierra en La Habana" y nostalgia, también de un abuelo que fue a Cuba abordo del Catalán, el mejor buque de guerra de la flota de ultramar. Entre Franco y Fidel las relaciones galaico-cubanas no se enfriaron, España comerciaba con Cuba y el Comadante decretó tres días de luto cuando murió el general dictador. El ministro Fraga durante la transición le invitó a queimada y a pulpo a la gallega en la tierra natal del padre de Fidel. Felipe y los barbudos de su gobierno insistieron en el comercio de los preciados Cohiba que perfumaban la Bodeguilla en la Moncloa, un espacio con evidentes ecos cubanos. 

Aznar se alineó rápidamente con las directrices de EEUU hasta tal punto que Bush hijo le permitía compartir la política dispensando el gesto de poner los pies encima de la mesa, aquello tan típico de los vaqueros americanos luciendo botas y espuelas de montar. Porque Aznar era contrario a las tesis de la mayoría de socios europeos que defendían el desbloqueo. Las relaciones se enfriaron tanto que durante un año y medio España no tuvo embajador en La Habana. Aznar consiguió que la UE adoptara una posición común respecto de Cuba condicionándola a avances democráticos y derechos humanos. Hace unos meses Bruselas instó a la UE a derogar la posición impulsada por Aznar. De aquellos años se pueden rastrear la relación de Max Canosa y los grandes poderes anticastristas de Miami con el gobierno de Aznar y el PP. 

La Barcelona del 92 lo proyectó desde el palco olímpico del Estadio Lluís Companys compartiendo protagonismo con Nelson Mandela y con el resto de las numerosas personalidades políticas que asistieron. Fidel estaba acostumbrado a llenar los escenarios que pisaba con su presencia. El último gesto inspirado por el líder cubano desde la ausencia con eco en la piel del toro ha sido la polémica de quién debe asistir a los homenajes funerarios de estos días en Cuba. Fidel ha tenido el mérito de resucitar protocolariamente al monarca emérito como máxima autoridad española presente. 

El hiperbólico seductor Fidel Castro ha muerto. Marcha el hombre con quien se acaba una era y se entierra un "símbolo" -todos coinciden- del viejo régimen de alcance global desde un minúsculo ombligo isleño. Los viejos revolucionarios de Sierra Maestra que todavía lo pueden explicar tienen el chasis tan destartalado como las carrozas repintadas de los años sesenta con Compay Segundo sonando en la radio de los carros convertidos en carrozas precarias para un museo. Serán, seguro, un atrezo muy preciado para la postcastrista Cuba del siglo XXI, un pastel inmobiliario y de destino turístico donde la metrópoli no sabe aún qué papel y qué porción tiene reservada. Yo brindo por una Cuba Libre y para los cubanos, por los resignados ciudadanos que han sufrido el bloqueo del imperialismo. Para los que lo han soportado -en ambos sentidos- y han sobrevivido con el régimen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario