El controvertido Castro
levanta pasiones y odios. El último barbudo -si excluyo los de la corriente hipster que pululan por los locales de
moda actuales- es el ascendente de los barbudos de una época que ostentaban
aquella pancarta facial peluda y salvaje como un manifiesto de rebeldía y de
simpatía con quien ha sido un símbolo, Fidel, el Che y Cuba. Un personaje que
logró situar la isla en el epicentro de la cartografía mundial. No siempre por
causas nobles. Recordemos la crisis de los misiles. Tiene mérito, sin embargo,
la resistencia al gigante americano. El orgullo, el carisma y el poder de
seducción locuaz definen a este personaje ya mítico.
Sus proyectos, a menudo
leídos como una ocurrencia impetuosa por los detractores, no todos llegaban a
buen puerto. Trascendió la voluntad de abastecer de leche la isla con vacas de
producción formidable. Los ganaderos informados recordarán Ubre Blanca, un ejemplar inscrito en el libro Guinness con una producción de 109.5 litros de leche en tres
ordeños. Ubre Blanca batió el récord llegando
a producir 24,268.9 litros en 305 días. Murió a los 13 años rodeada de elogios,
fotos con el Comandante y disfrutó de
un obituario oficial en el diario Granma. Fue embalsamada y se exhibió
en el Centro de Salud Animal a las afueras de La Habana. Se le erigió también
una estatua de mármol.
La evolución de la cabaña bovina en la isla no
volvió a figurar en los récords mundiales ni en el Guinness tras la añorada Ubre
Blanca. En la década de los noventa el régimen -o Fidel- promovió un nuevo
concepto ganadero alimentando las sucesoras de aquel prodigio lechero con caña
enriquecida. Fue un fracaso agropecuario como el ensayo de importar dromedarios
para la guerra, con la voluntad de utilizarlos como vehículos en la defensa de
las montañas. Estos dromedarios del desierto rebozados de arena tampoco se
adaptaron a la cosa tropical, a la salsa ni al mojito .
Anécdotas con un punto de
revancha que los enemigos reprochan a este seductor de masas que ha sido Fidel,
el Comandante. Entre la pasión y el
odio con admiración o rechazo no existe el punto de consenso intermedio. Cuba
fue uno de los centros políticos mundiales. Cuba fue un grano en el culo desde
el tentáculo más largo del telón de acero hasta que se derrumbó la URSS. Caía
el muro, flaqueaba el apoyo a la isla y Fidel flirteaba con Manuel Fraga. Los
polos opuestos compartían empatías y orígenes mientras otro gallego significado
pretendía cambiar los dromedarios tan poco caribeños por los Barreiros, los nostálgicos camiones y
tractores de la España franquista de la década de los sesenta. Tampoco tuvo
éxito este proyecto en una Cuba amordazada económicamente por el bloqueo. En la
isla del color las casas permanecían sin pintar porque no llegaban los
pigmentos, falta de productos diversos, colas en la escasez que sólo el ingenio
podía suplir haciendo, por ejemplo, que aquellas repintadas momias de los
sesenta con ruedas todavía funcionen. Más allá de la libertad de prensa, de los
balseros o de los presos políticos empieza
el capítulo de la crónica negra.
Contrariamente se le
reconoce la campaña de alfabetización, la reorganización de la sanidad, el
sistema educativo, la puesta en marcha del sector turístico, conseguir el apoyo
económico de la Rusia comunista y de la Venezuela bolivariana o el desarrollo
del sector biotecnológico entre los hitos que se le deberán admitir -o recriminar-
el día que la historia lo juzgue, como él mismo argumentó. Hoy la directora
general de la UNESCO le reconocía como un ejemplo de solidaridad y de
cooperación en el mundo.
Ya no podré visitar Cuba
con Fidel vivo. Algo pendiente -e imposible-. Me tendré que contentar con los
cigarros que las amistades y los familiares me traían para que cultivara el
vicio como un Felipe González rampante. Me pregunto si Mariano Rajoy disfruta
de los cigarros habanos o también practica el boicot y el bloqueo a la nicotina
cubana. Cuba, Filipinas y Puerto Rico las últimas colonias. Corría el año 1898
cuando la sacudida emocional, política y bélica sufrida por la madre patria fue
monumental. Y con los años todos terminamos teniendo "tierra en La
Habana" y nostalgia, también de un abuelo que fue a Cuba abordo del Catalán, el mejor buque de guerra de la
flota de ultramar. Entre Franco y Fidel las relaciones galaico-cubanas no se
enfriaron, España comerciaba con Cuba y el Comadante
decretó tres días de luto cuando murió el general dictador. El ministro Fraga durante
la transición le invitó a queimada y a pulpo a la gallega en la tierra natal
del padre de Fidel. Felipe y los barbudos de su gobierno insistieron en el
comercio de los preciados Cohiba que
perfumaban la Bodeguilla en la
Moncloa, un espacio con evidentes ecos cubanos.
Aznar se alineó
rápidamente con las directrices de EEUU hasta tal punto que Bush hijo le
permitía compartir la política dispensando el gesto de poner los pies encima de
la mesa, aquello tan típico de los vaqueros americanos luciendo botas y
espuelas de montar. Porque Aznar era contrario a las tesis de la mayoría de
socios europeos que defendían el desbloqueo. Las relaciones se enfriaron tanto
que durante un año y medio España no tuvo embajador en La Habana. Aznar
consiguió que la UE adoptara una posición común respecto de Cuba
condicionándola a avances democráticos y derechos humanos. Hace unos meses
Bruselas instó a la UE a derogar la posición impulsada por Aznar. De aquellos
años se pueden rastrear la relación de Max Canosa y los grandes poderes anticastristas
de Miami con el gobierno de Aznar y el PP.
La Barcelona del 92 lo proyectó
desde el palco olímpico del Estadio Lluís Companys compartiendo protagonismo
con Nelson Mandela y con el resto de las numerosas personalidades políticas que
asistieron. Fidel estaba acostumbrado a llenar los escenarios que pisaba con su
presencia. El último gesto inspirado por el líder cubano desde la ausencia con
eco en la piel del toro ha sido la polémica de quién debe asistir a los
homenajes funerarios de estos días en Cuba. Fidel ha tenido el mérito de
resucitar protocolariamente al monarca emérito como máxima autoridad española
presente.
El hiperbólico seductor
Fidel Castro ha muerto. Marcha el hombre con quien se acaba una era y se
entierra un "símbolo" -todos coinciden- del viejo régimen de alcance
global desde un minúsculo ombligo isleño. Los viejos revolucionarios de Sierra
Maestra que todavía lo pueden explicar tienen el chasis tan destartalado como
las carrozas repintadas de los años sesenta con Compay Segundo sonando en la
radio de los carros convertidos en carrozas precarias para un museo. Serán,
seguro, un atrezo muy preciado para
la postcastrista Cuba del siglo XXI, un pastel inmobiliario y de destino
turístico donde la metrópoli no sabe aún qué papel y qué porción tiene
reservada. Yo brindo por una Cuba Libre y para los cubanos, por los resignados
ciudadanos que han sufrido el bloqueo del imperialismo. Para los que lo han
soportado -en ambos sentidos- y han sobrevivido con el régimen.
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