domingo, 3 de abril de 2016

Barça - Madrid.



Es el día del Barça - Madrid. Coincide con el homenaje de la afición a Johan Cruyff. Coincide con la huelga de metro que hace detonar una espontánea de calle ante los medios, este es un país tercermundista -ha soltado-. Sospecho que en la declaración hay cierto deje enigmático. ¿Lo decía por el fútbol o por el metro? Convoyes cargados al modo nipón. Retrasos y mucha paciencia. No, no es que hayan vuelto los emprendedores tiburones del World Mobile Congress. Es el día D, la fecha del partido del siglo -una edición más-, y los trabajadores del metro de Barcelona han decidido levantar el dedo y el pie del acelerador. Reivindican mejoras laborales en medio de la indignación de los sufridos pasajeros mientras Barcelona es un espejismo de paz y calma urbana con las calles vacías y los semáforos ociosos. El mundo pendiente del rodar de una pelota, el único elemento neutral en el campo de batalla. 

Las radios y las televisiones calientan la previa -como dicen los entendidos- de un enfrentamiento que ocasionalmente es histórico. Un duelo en el césped entre Leo Messi y Cristiano Ronaldo, los pistoleros más rápidos y la mejor recompensa que se pueda soñar desde que en el lejano oeste las diferencias se dirimen a tiros. Velocidad y puntería con un punto de chulería. El combate está servido. 

No reincidiré en lo que ya he afirmado en alguna ocasión para que los que saben no me acogoten, pero sigo pensando -sin publicarlo- que se trata de un deporte que se juega con los pies. Cierto que en un día como este, marcado por el adiós a Cruyff, una fecha estratégica que debería motivar aún más a los del Barça, cambiaré de idea y confirmaré lo que flota en la atmósfera redonda del mundo de las pelotas, desde Cruyff al fútbol también se juega con la cabeza. Lo suscribiré. Sobre todo porque la beatificación de este holandés ya tiene el procedimiento muy avanzado. Si el Barça gana, se iniciará la santificación avalada por el preceptivo y definitivo milagro. 

Escucho, de trasfondo, la sintonía de la retransmisión en la radio. "Juega Cross. ¡Falta clara de Cross! El Madrid cambia Karim Benzema, el autor del gol". La radio es imaginación. Empatan a un gol. "Así quedará liberado Cristiano. Sale Jesé. Combina con Piqué. Contragolpe del Madrid, Mascherano le arrebata el balón a Cristiano. Disparo de Suárez, desviada ... El Madrid ataca. Gol de Bale anulado por falta a Alba en el salto. Tarjeta por protestar. ¡Un larguero del Madrid! El Barça lo pasa mal. La segunda amarilla a Ramos. ¡Expulsado! Minuto treinta y nueve de la segunda parte. Remató Suárez fuera. ¡Gol de Cristiano! Ha marcado el Madrid. ¡Uno a dos!". Hoy el Barça no ha tenido un buen día. El Real Madrid ha vencido.

El domingo se ha levantado desapacible en todos los sentidos. Todavía resuena el hachazo del Madrid - Ronaldo contra el Barça - Cruyff - Messi. Se puede hallar el catálogo de críticas, alabanzas y pretextos bien difundido y a voluntad, según soplen los vientos y las preferencias de los socios, seguidores o simpatizantes. ¡Agua pasada! El Barça ha perdido también la racha de imbatibilidad y el Madrid ha aplicado una tirita al orgullo herido. La selfie del partido es el saludo final entre las dos estrellas rutilantes con Cruyff contemplándolo socarrón. ¿Filósofo del fútbol o de la vida? Fútbol es fútbol. El símbolo y el pretexto donde extrapolar la realidad y las miserias de la vida. De campo de batalla a salón de esgrima donde las estocadas acometen las frustraciones. Opio del pueblo y césped que no se fuma pero que nos alucina y nos encandila. ¿Bajará la bolsa de Barcelona el lunes cuando abra? Hala Madrid cuando todo el camp ya no era un clam

La vida continúa en Madrid e la nave va para los del Barça. ¡Mañana, más!

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