viernes, 8 de abril de 2016

Casa de tolerancia Panamá.



Casa de tolerancia Panamá, título para una novela coral de intriga. Un embrollo argumental con millones de documentos -y de dinero- como protagonistas. Se trata del último sonsonete demasiado reiterativo de los tiempos que corren. Música para ascensor con la melodía de Julio Iglesias, la vida sigue igual. ¿Has calculado nunca el porcentaje de probabilidad de que esta canción te acompañe mientras levitas en un ascensor? Un año y otro, y todavía un año más así que se abre la puerta cuando se precipita la avalancha melódico azucarada que nos empapa queriendo remediar la claustrofobia y el vértigo. 

La vida sigue igual ... al final las obras quedan las gentes se van, Otros que vienen las continuarán ... La vida sigue igual. ¡Todo un profeta, este gallego universal! Nada cambia. La condición humana se confirma y nos sorprende -si no nos hemos acostumbrado echando callo- en una carrera de despropósitos en materia de fiscalidad corrupta. Cuando ya pensábamos que se trataba de una epidemia únicamente de entorno nacional -una gripe española como la de 1918- nos cae un cubo más de agua fría y de ámbito global. Los papeles de Panamá son la última partitura actualizada de cómo defraudar. Karl Friedrich Kretschmann -el ministro-presidente de Baden-Wurtemberg- lo clava en formato fábula: "El que defrauda como un zorro, abusa como un lobo". En el ambiente, los aullidos de las alimañas carnívoras con colmillos de tiburón. 

Se confirman los argumentos para defender a la Infanta. Hacienda (no) somos todos, era puro eslogan y marketing disuasivo para atrapar ingenuos de buena voluntad. En Panamá hemos visto el alcance. Hacienda somos muchos, pero no todos. La verdad es que tras la delación panameña hay mucha envidia por no pertenecer al club selecto de los defraudadores. O no. Porque justo apareció la vergonzante lista negra -oscurísima- todos han declarado -sólo de palabra- estar al día con esta señora de esquina distinguida, Doña Hacienda. En mal momento se ha descubierto el asunto, cuando comienza el periodo para ponerse al día con ella. Algunos -yo mismo- no nos reconocemos por las mañanas cuando nos afeitamos frente al espejo empañado. Me pregunto quién será el bobo reflejado en el espejo que paga -sin remedio- todos los tributos.

Yo aprovecho y le pregunto -¿Espejo, espejito, dime, soy un buen ciudadano?- Entre la niebla y el vaho mañanero la respuesta se hace de rogar Sí, pero los hay más avispados-. Tengo toda la certeza. Estos papeles de Panamá, huérfanos de una paternidad dudosa, han bautizado a la criatura sospechosa y le han puesto rostro. ¡Once millones y pico de documentos! ¿Cuántos vivales se han refugiado tras las empresas pantalla y cuántas almas sin pena económica pululan disfrazadas de fantasma por el universo del fraude? Es aleccionador -presuntamente- comprobar como de pringados tienen los dedos de unto algunos predicadores, moralistas y patriotas significados a quienes han pillado trampeando.

Chanchullos. Entramados. Telarañas sin arañas. Laberintos. Montajes. Ningún hilo de Ariadna. La opacidad y la oscuridad en un agujero negro buscando también la luz redentora del blanqueo. 

Me imagino algunas grandes fortunas con estibas de dinero -alguno de dudosa procedencia- resguardadas de las haciendas. Fajos de billetes de vacaciones en Panamá protegidos a ambos lados del canal mientras algunos banqueros locales ponen a prueba la ética fiscal de estos distinguidos clientes.

 -¿Con IVA o sin IVA?

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