Casa de tolerancia
Panamá, título para una novela coral de intriga. Un embrollo argumental con
millones de documentos -y de dinero- como protagonistas. Se trata del último
sonsonete demasiado reiterativo de los tiempos que corren. Música para ascensor
con la melodía de Julio Iglesias, la vida
sigue igual. ¿Has calculado nunca el porcentaje de probabilidad de que esta
canción te acompañe mientras levitas en un ascensor? Un año y otro, y todavía
un año más así que se abre la puerta cuando se precipita la avalancha melódico
azucarada que nos empapa queriendo remediar la claustrofobia y el
vértigo.
La vida sigue igual ... al final
las obras quedan las gentes se van, Otros que vienen las continuarán ... La
vida sigue igual. ¡Todo un profeta, este gallego
universal! Nada cambia. La condición humana se confirma y nos sorprende -si no
nos hemos acostumbrado echando callo- en una carrera de despropósitos en
materia de fiscalidad corrupta. Cuando ya pensábamos que se trataba de una epidemia
únicamente de entorno nacional -una gripe española como la de 1918- nos cae un
cubo más de agua fría y de ámbito global. Los papeles de Panamá son la última
partitura actualizada de cómo defraudar. Karl Friedrich Kretschmann -el
ministro-presidente de Baden-Wurtemberg- lo clava en formato fábula: "El
que defrauda como un zorro, abusa como un lobo". En el ambiente, los
aullidos de las alimañas carnívoras con colmillos de tiburón.
Se confirman
los argumentos para defender a la Infanta. Hacienda
(no) somos todos, era puro eslogan y marketing disuasivo para atrapar
ingenuos de buena voluntad. En Panamá hemos visto el alcance. Hacienda somos
muchos, pero no todos. La verdad es que tras la delación panameña hay mucha
envidia por no pertenecer al club selecto de los defraudadores. O no. Porque
justo apareció la vergonzante lista negra -oscurísima- todos han declarado -sólo
de palabra- estar al día con esta señora de esquina distinguida, Doña Hacienda.
En mal momento se ha descubierto el asunto, cuando comienza el periodo para
ponerse al día con ella. Algunos -yo mismo- no nos reconocemos por las mañanas
cuando nos afeitamos frente al espejo empañado. Me pregunto quién será el bobo
reflejado en el espejo que paga -sin remedio- todos los tributos.
Yo aprovecho y le
pregunto -¿Espejo, espejito, dime, soy un buen ciudadano?- Entre la niebla y el
vaho mañanero la respuesta se hace de rogar Sí, pero los hay más avispados-.
Tengo toda la certeza. Estos papeles de Panamá, huérfanos de una paternidad
dudosa, han bautizado a la criatura sospechosa y le han puesto rostro. ¡Once
millones y pico de documentos! ¿Cuántos vivales se han refugiado tras las
empresas pantalla y cuántas almas sin pena económica pululan disfrazadas de
fantasma por el universo del fraude? Es aleccionador -presuntamente- comprobar
como de pringados tienen los dedos de unto algunos predicadores, moralistas y
patriotas significados a quienes han pillado trampeando.
Chanchullos.
Entramados. Telarañas sin arañas. Laberintos. Montajes. Ningún hilo de Ariadna.
La opacidad y la oscuridad en un agujero negro buscando también la luz
redentora del blanqueo.
Me imagino
algunas grandes fortunas con estibas de dinero -alguno de dudosa procedencia-
resguardadas de las haciendas. Fajos de billetes de vacaciones en Panamá
protegidos a ambos lados del canal mientras algunos banqueros locales ponen a
prueba la ética fiscal de estos distinguidos clientes.
-¿Con IVA o sin IVA?
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